Recordando a Antoine de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry
En el 119 aniversario del nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry, recordamos por qué El Principito y otras obras de la literatura han enamorado a niños y adultos por igual, apelando a la imaginación de unos y a la reflexión de los otros

Extrañamente, no hacemos el caso suficiente a la sabiduría de niños y niñas. Dejamos sus palabras en manos del «ya crecerá», y nos tomamos con cierto humor y mofa sus comentarios. «Mira que se les ocurren una cosas…», una frase a la que nunca le sigue un «y, por qué no se me ocurren a mí?».

La infancia nos recuerda que nunca hay que dejar de descubrir y preguntarse. Siempre ponemos la misma excusa: la realidad nos golpea y destruye la burbuja mágica de la niñez. Y la vida acelera como un transiberiano. Por suerte, ha habido autores que se han puesto la máscara del niño que fueron, o han sido capaces de construir un mundo de fantasía donde volverse a preguntar cosas desde la ingenuidad y la sencillez. Una fantasía que es, al fin y al cabo, la realidad. Los libros tienen una extraña naturaleza: encierran tantas cosas que pueden ser amenos y permitir aprender a pequeños y mayores.

Antoine de Saint-Exupéry se encontró en medio del desierto a El principito, de allí sacó una lección de vida que entretuvo a los más pequeños y nos desencantó de la cordura a los mayores. A base de corderos, zorros y rosas. El habitante del asteroide B-612 es un niño rubio que reflexiona sobre temas como el amor o el tiempo de forma lúcida pero inocente. Vaya, como un niño. Su viaje por el espacio le ha hecho coincidir con personajes que le reformulan su forma de ver el mundo. Desde el rey sin súbditos hasta el geógrafo que no ha recorrido el universo.

El libro El principito nos ha dejado frases tan recordadas como que «lo esencial es invisible a los ojos». Aun así, no debemos olvidar otros pasajes en donde este extraterrestre descubre, a través de un zorro, que «fue el tiempo que pasó con su rosa lo que la hizo tan importante». Como nuestra realidad, que, al fin y al cabo, la componemos nosotros. Las cosas importantes lo son porque, de alguna manera, nos atamos a ellas. Hoy, en la efeméride del nacimiento del autor, es un momento perfecto para reencontrarnos con más libros que han ayudado a crecer a nuestro pequeño ‘yo’ interior.

Recordando a Antoine de Saint-Exupéry: Esos niños y sus lecciones_Peter PanEmpezamos con Peter Pan, el niño creado por James Matthew Barrie que decidió no crecer nunca. Desde su País de Nunca Jamás nos traía el mundo de la imaginación a unos adultos que habíamos olvidado su dirección, “¡La segunda estrella a la derecha, y directo hacia el amanecer!”. El imaginario alrededor de este mundo se desplegó con potencia para dejarnos grandes lecciones. Desde la astuta Campanilla hasta los entrañables Niños perdidos. El mayor de los no adultos, Peter Pan, nos recordaba frases tan importantes como que “A las estrellas más viejas se les han puesto los ojos vidriosos y rara vez hablan. Pero las pequeñas todavía sienten curiosidad.” Y supongo que más de uno y una se siente interpelado en ello. El tiempo pasa, nosotros tenemos que encontrar nuestro ritmo y nuestro lugar en el mundo. ¿No es bonito pensar qué puede haber más allá de cielo y estrellas?

Recordando a Antoine de Saint-Exupéry: Esos niños y sus lecciones_AliciaPero si nos referimos al tiempo y al mundo de la cordura desatada, el gran clásico es Alicia en el país de las Maravillas. La niña que se pierde en el país dominado por la Reina de Picas (¡siguiendo a un conejo!), tiene la valentía de plantearnos por qué la razón nos da pautas de conducta a cada segundo. Hay que ir de prisa para no perder tiempo, y hay que comportarse en la mesa para no dar una mala imagen social. Las reglas, en cierta forma, nos crean dependencia. La mejor manera de ilustrar esto, según Lewis Carroll, es a través de la mirada de una niña que aterriza en un mundo de ‘locos’. Si no, podemos recordar las palabras con las que el Gato de Cheshire recibe a la niña, «aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.» O cómo se hace amiga del entrañable Sombrerero: «Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo.»

Recordando a Antoine de Saint-Exupéry: Esos niños y sus lecciones_niñas rebeldesOtra propuesta interesante es Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2. Para niños, niñas, adultos y adultas que quieran conocer la personalidad y vida de grandes personajes femeninos de la historia. Esa cara que muchas veces se han olvidado los libros de historia. Sí, hay mujeres que los textos oficiales han dejado un poco de lado sin mucha piedad. Es momento de recordar a Rigoberta Menchú, Madonna o Nefertiti. Ilustraciones de ilustradoras y cuentos amenos para dar una lección a los mayores, y permitir que enseñen mejor a los pequeños y pequeñas.


Recordando a Antoine de Saint-Exupéry: Esos niños y sus lecciones_AlquimistaPor último, una propuesta dirigida más al público joven y adulto. El Alquimista, de Paulo Coelho. Aunque la visión en este caso desobedece a la norma infantil, el mundo de Coelho también transmite la sensación de superación y desuso de la razón pura, siguiendo un poco nuestros instintos, y viendo que no todo es lo que parece. Santiago, un pastor andaluz, tendrá que ir hasta las pirámides de Egipto para investigar un gran secreto. Pero, ¿y si el gran secreto es él?

Lecturas que intentan descubrirnos la parte más fantástica de la realidad. Y que intentan, al fin y al cabo, cambiarnos la mirada.

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