Saga: Lo Fantástico y lo Maravilloso

Coberta SAGA 2-printSaga es un cómic inspirado y basado en la familia con el que una comunidad muy cohesionada, la del mundo del cómic, recupera a Brian K. Vaughan, uno de sus más añorados hijos pródigos. Esta fue, sucintamente, la conclusión a la que llegamos la última vez que hablamos de la obra que nos ocupa. Al final de ese primer volumen, dejamos a Marko, a Alana, a la pequeña Hazel y a la ectoplásmica Izabel a punto de enfrentarse a un reto descomunal: el de conocer a los abuelos paternos de la criatura. Todos ellos, rumbo al planeta Quietus para encontrar a un novelista, y perseguidos por enemigos tan implacables como el Príncipe Robot IV o un autónomo de buen fondo; todos inmersos en un universo extraordinario y con cada vez más secundarios sumándose al rico tapiz tejido por el autor. Todos, al fin, conociendo nuevos personajes.

Personajes. Cada vez hay más en Saga. Su guionista no solo los escribe, sino que les confiere una vida propia y autónoma para que se relacionen libremente con los lectores y, a su vez, para que estos adquieran progresivamente un cariño especial hacia ellos. Las buenas historias nos entretienen; las grandes historias pasan a formar parte de nosotros. Y Vaughan, conocedor de este fenómeno, no solo busca que sigamos a sus protagonistas; pretende que entendamos su mundo, que sintamos con ellos, que los comprendamos. Que nos resulten, en definitiva, familiares. Al igual que el elenco ficcional de este cómic va creciendo poco a poco, su autor regala a esa otra familia que tanto lo echaba de menos nuevos integrantes: aquellos provenientes de su imaginación.

Sin embargo, desarrollar esta comunión con el lector no es fácil, y menos aún en un cómic abiertamente fantástico. Lo habitual en este tipo de narraciones, la vía fácil (por así decirlo), es hacer que el protagonista del relato y su lector compartan esa condición que el semiólogo Roland Barthes, entre otros, denominó extraterritorialidad; esto es, una condición ajena para con el universo que se despliega ante sus ojos. En efecto, en el viaje del héroe clásico, tal y como quedó establecido por Joseph Campbell en El poder del mito, «un héroe parte hacia la aventura desde un mundo cotidiano y se adentra en una región de maravillas sobrenaturales», de modo que personaje y lector compartan al principio de la obra el mismo –o parecido– contexto inicial y que, además, a medida que el protagonista vaya adentrándose en la mentada aventura, ambos se familiaricen con los misterios de sus maravillas inéditas. Es una estructura muy efectiva que hemos visto repetida una y cien veces, pero no es la que Vaughan adopta aquí.

Aunque, en cierto modo, Marko y Alana sí realicen un viaje hacia lo desconocido, en Saga los actores del drama se nos presentan ya adaptados a su entorno, y el lector tiene la sensación de ser un convidado de piedra; de seguir el hilo de los acontecimientos a la mitad, como curioseando. El extrañamiento ante lo imposible solo lo aqueja a él. Y este simple hecho plantea una interesante reflexión: que Saga podría no ser un cómic perteneciente al género fantástico. Tal y como lo define en Introducción a la literatura fantástica el teórico literario Tzvetan Todorov, «lo fantástico» viene dado por la vacilación a la hora de interpretar los hechos narrados como explicados por lo natural o por lo sobrenatural; vacilación –o duda– que se adueña del lector y que es representada en la obra por un personaje (generalmente, el protagonista). En este sentido, y según Todorov, Saga caería en el terreno de «lo maravilloso», un género en el que «los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito». Afinando más, la obra que nos ocupa se mueve entre «lo maravilloso exótico», en donde «se relatan acontecimientos sobrenaturales sin presentarlos como tales, al suponer que el lector implícito no conoce las regiones en las que se desarrollan los acontecimientos y que, por consiguiente, no hay motivo para ponerlos en duda». Así, «lo maravilloso» exige la percepción de lo extraordinario como cotidiano. Pero, a su vez, esta familiaridad que el lector posee progresivamente con respecto al mundo y los seres de Saga dimana por completo de los mecanismos que el propio Vaughan dispone para hacerlos creíbles; para hacer sentir a ese lector «uno más».

El principal mecanismo que el autor desarrolla a tal fin es muy inmediato: el reconocimiento explícito de ese lector, que deja así de ser implícito. Y es que, en efecto, Vaughan rompe la cuarta pared al hacer que la narradora de Saga, que no es otra que Hazel (a la postre, encarnación ficcional de la propia hija del guionista), cuente su historia en primera persona a «alguien», y que ese alguien sea, precisamente, el lector, que se ve por tanto incluido en la obra. Este cómic no lo leemos; este cómic se nos cuenta. Su narradora sabe que estamos ahí, al otro lado de la página, y eso crea una extraña comunión con ella. Además, en la edición americana de la obra, el escritor mantiene una intensa relación epistolar –es decir, paratextual– con sus lectores en una sección ad hoc ubicada al final de cada número, reforzando así ese sentimiento de comunidad que, en el prólogo al primer volumen de la colección, identificamos como directo heredero de los boletines del Marvel Bullpen gestados en su época por Stan Lee.

Otro de los mecanismos empleados consiste en acudir al bagaje cultural y emocional del lector; o lo que es lo mismo: desarrollar un fresco intertextual de carácter dialógico, bajtiniano, para que nos sintamos como en casa. Así, Vaughan emplea multitud de referencias culturales (ya dejamos claro en el primer tomo su extensión, que abarcaba desde El cantar de los Nibelugos a Romeo y Julieta) y confía en que el lector comparta su misma educación sentimental. De hecho, como para asegurarse de que las páginas poseen el resultado deseado, sus guiones para este cómic no son meramente técnicos, sino que resultan extraordinariamente literarios y prolijos. Fiona Staples, a su vez, contribuye al efecto definiendo muy bien a los seres que pueblan estas páginas mediante un entintado vigoroso que los perfila a la perfección, pero que sin embargo se encuentra ausente en unos fondos que, al crearse directamente en la fase de coloreado, nos resultan mucho más etéreos. El fruto salta a la vista: el detallismo de los bestiarios mitológicos y medievales, combinado con la irrealidad de los cuentos de hadas.

Más interesantes aún resultan ciertos guiños mucho más especializados. Por ejemplo, Gwendolyn, a quien vemos por primera vez en este volumen, recordará a muchos a la 355 de Y el último hombre, en un déjà vu que Vaughan establece con su propio pasado creativo. Y mención especial merece, sobre todo en relación al lector europeo continental, ese característico idioma «azul» que hablan Marko y los habitantes de su planeta natal, Guirnalda. Por un lado, evoca el valyrio de Juego de Tronos, el quenya y el sindarin de El Señor de los Anillos, o cualquier otro idioma inventado para las fantasías heroicas o espaciales. Por el otro, unas veces parece español, otras italiano y, en algunas ocasiones, francés… es reconocible por el lector que hable lenguas romances pero, al tiempo, resulta ajeno a todos ellos. ¿Por qué? Pues porque Vaughan no se ha inventado ese idioma. Como cualquiera que se haya molestado en copiar un par de frases en un traductor automático decente podrá constatar –un ejercicio, este, totalmente previsto por el autor y destinado a fidelizar al lector implicado, a hacerlo sentir «parte de la comunidad»– se trata de una lengua auxiliar artificial, considerablemente utópica, que data del siglo XIX. Una que conocemos con el nombre de esperanto.

Todos estos mecanismos, y otros tantos que se nos quedan en el tintero, son los que dispone el autor para ayudar a su comunidad de lectores a hermanarse, poco a poco, con sus personajes; para que estos den ese paso crucial que separa el extrañamiento que genera «lo fantástico» del reconocimiento que caracteriza «lo maravilloso». Y es que, si Saga es la obra que devolvió a Brian K. Vaughan a esa familia de adopción que es el mundo del cómic, también es el regalo que el primero le ofrece a la segunda para que, esa familia, al igual que la de Marko y Alana, siga creciendo a base de imaginación.

José Torralba

Os recordamos que la segunda entrega de esta magnífica serie (con 3 Premios Eisner a Mejor serie regular, Mejor serie nueva y Mejor guionista) se publica el 3 de septiembre.

This entry was posted in Cómic, Planeta Cómic and tagged , , , . Bookmark the permalink.

Comments are closed.