Ghost in the Shell: un manga de película

Tras el reciente estreno de la película dirigida por Rupert Sanders y el relanzamiento de la obra de Masamune Shirow por parte de Planeta, cabe establecer la típicas comparaciones entre ambos formatos. ¡Vamos a ello!

Kokaku Kidotai es el título original de “Ghost in the Shell”, y fue lanzado por la compañía Kodansha en mayo de 1989. Tuve el privilegio de ser de los afortunados que tomó contacto con esta obra que lanzó Planeta DeAgostini bajo el título de “Patrulla especial Ghost” ese mismo año, así que tengo una relación muy especial con este seinen creado por Masanori Ota (el nombre real tras el seudónimo de Masamune Shirow).

En su momento, e incluso ahora, su trama supuso un soplo de aire fresco: ofrecía un desafío en cuanto a su lectura se refiere, ya que nos plantea una trama a la vez confusa y apasionante, que consigue la inmersión completa del lector en un ambiente cyberpunk con un toque diferente al que encontramos en lecturas del mismo género como pueden ser “Neuromante” (William Gibson, 1984) o “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (Philip K. Dick, 1968). También juega con la ruptura del estereotipo de solemnidad oscura de este tipo de ambientación, ya que aunque mantiene las reflexiones filosóficas características sobre la decadencia de la civilización tecnológica post-contemporánea, mantiene un curso de acción muy dinámico que ayuda a que su lectura sea agradable y, además, incluye ciertos guiños cómicos y eróticos que ayudan a aligerar la digestión de su contenido.

Además, juega con un concepto novedoso en la época en la que fue publicado: plantea un futuro muy visionario en el que se observa la progresiva fusión entre la tecnología y la humanidad. Vemos como los ciborgs cada vez son más comunes, y cómo los humanos van mejorándose progresivamente hasta el punto en el que la frontera entre el humano, digamos, orgánico y el mejorado tecnológicamente va siendo cada vez más difusa hasta el punto en el que cabe plantearse qué es lo que define a la persona. ¿La respuesta? Su Ghost, su espíritu, su alma. Alma que puede ser proyectada en un espacio virtual, un concepto planteado mucho antes de que existiera internet a nivel global, como ahora. 

Hablando del Ghost, su importancia radica en que está reconocido y localizado hasta el punto de que puede ser aislado y reinstalado en una “nube” o en una máquina con el suficiente espacio de almacenamiento de tal manera que el individuo es reconocido como tal siempre y cuando su alma permanezca intocada. De hecho, en el manga se habla de “introducir un nuevo programa de personalidad en un robot sin Ghost”, premisa que da vía libre a plantear conflictos filosóficos y morales acerca de la humanidad de aquellos personajes que, como Motoko Kusanagi, son más máquinas que seres humanos.

¿Algo más? Sí. Cojamos ahora todos estos elementos y enmarquémoslos en una compleja y completa trama empresarial y política con la complejidad derivada de las reflexiones y relaciones existenciales típicas de la supervivencia del alma del ser humano. No descuidemos la acción y el humor y tendremos la resultante de “Ghost in the Shell”.

En definitiva: tenemos entre manos una obra de ciencia-ficción innovadora que supo alejarse de las típicas tramas futuristas tan típicas japonesas ambientadas en robots gigantes, ambientes postapocalípticos o invasiones alienígenas.

Pero… ¿este tipo de trama nace o se hace? ¿De dónde viene? Veámoslo.

¿Cuáles son los antecedentes de Ghost in the Shell y a dónde nos han llevado?

Matsamune Shirow siempre se ha sentido cómodo con el género cyberpunk, y siempre se ha caracterizado por incluir ciertos elementos de humor en sus obras. Así tenemos “Black Magic” (Seishinsha, 1983), “Dominion” (Hakusensha, 1986), “Orión” (Seishinsa, 1991), o su otra obra de referencia, “Appleseed” (Kodansha, 1985). Y todas ellas surgen tras el éxito a nivel mundial de “Akira” (Katsuhiro Otomo. Kodansha, 1982), que supuso una revolución en cuanto al, digamos, redireccionamiento de la ciencia-ficción en el mundo del manga. Shirow lo que hace es plantearlo de una manera mucho más humana, más cercana a las vivencias del público logrando, así, un nivel de empatía mucho mayor que con las obras precedentes del mismo género cyberpunk. Recordemos, también, que todo el universo de “Ghost in the Shell” sale a la luz sólo un año después del lanzamiento cinematográfico de la ya mencionada “Akira” (1988, dirigida en persona por el propio Otomo).

Y no nos dejemos aparte la influencia ya mencionada de grandes clásicos de la literatura de ciencia-ficción, a cuyas referencias añadiremos las restantes obras de la llamada “Trilogía del Sprawl”, de William Gibson: “Conde cero” (1986) y “Mona Lisa acelerada” (1988), que se suman a la ya citada “Neuromante” (1984). Mencionaremos también las innegables referencias al bienestar controlado de la gente que vienen, sin duda, de obras como “1984”, de Orwell, o “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.

Todo el mundo de “Ghost in the Shell” ha influenciado en obras conocidísimas del panorama televisivo y cinematográfico, siendo el más conocido “Matrix” (hermanas Wachowski, 1999), sin olvidarnos de series como “Sense8” (2015) o la más reciente “Westworld” (2016).

Vista esta influencia en el imaginario futurista general, no podemos considerar extraño que se preste a una adaptación audiovisual en forma de películas y series de televisión, pero… ¿Son fidedignas? ¿Se mantienen fieles al espíritu de la obra original? Procedamos a analizarlo.

GiTS en el cine: ¿Qué hay de la obra original?

Mucho me temo que estamos ante uno de esos ejemplos en los que la obra audiovisual difiere de la original hasta el punto de crear obras diferentes, con el atenuante de que han sido dirigidas para públicos diferentes. La primera adaptación vino de mano de Mamoru Oshii en 1995, y se convirtió en una de las mejores y más rompedoras películas de animación japonesa, así como de la gran culpable de la popularización a nivel mundial de la obra.

Oshii, básicamente, toma la trama central del manga, y sus elementos más significativos en lo tocante al trasfondo y los personajes, y nos plantea algo diferente al original, pero que mantiene el espíritu con el que fue creado. Su visión de “Ghost in the Shell” prima la filosofía, la belleza poética y visual y el conflicto moral frente a las aventuras de la mayor Kusanagi. Presenta una obra más coral que parece buscar la condensación de todas las implicaciones del manga en un formato que llegase al público occidental, acostumbrado a un ritmo narrativo más rápido que el oriental. Así y todo, consigue un éxito notable en la adaptación.

El punto de choque con el lector original del manga viene, precisamente, en la adaptación del personaje de Kusanagi: es un personaje introspectivo, serio, estratégico, reflexivo y oscuro. La original, la del manga, es un personaje sarcástico, valiente, femenino, sexy y con un punto temerario. No obstante, se da una circunstancia que puede disculpar parcialmente este cambio: pasaron cinco años desde la publicación de la obra original, y se logró que muchos lectores la descubriesen parcialmente adaptados. ¿A qué me refiero con eso de ‘parcialmente adaptado’? A que la adaptación a esa representación más redondeada, humorística, activa y menos solemne que en el anime resulta ligera y sencilla. El lector se encuentra con un personaje más accesible que al que ha conocido previamente y la transición al cambio de soporte resulta agradable y simple. Y no puedes evitar el sumergirte en ese mundo futurista de resonancias tecnológicas y virtuales que no tenemos tan lejos a la vista de la gente que va por la vida con la nariz pegada a sus dispositivos portátiles.

No nos extenderemos demasiado hablando de las series de animación que surgieron después como “Stand Alone Complex”, “2nd GIG” o “Arise”, ni tampoco de la saga cinematográfica (a mi entender “GiTS: Innocence” podría suprimirse perfectamente). Y vamos a centrarnos en la reciente adaptación cinematográfica protagonizada por Scarlett Johansson.

Cabía esperar que Rupert Sanders tirase de las referencias que le resultaran más cercanas, así que no sorprende que los diseños de esta producción fuesen clavados a los de Mamoru Oshii. Además, retuerce el tronco argumental de la obra de Shirow que Oshii supo respetar, haciendo algo muy diferente a lo que el veterano conocedor de este mundo ficticio puede esperar. Algo alejado del manga, algo alejado del anime –en lo argumental, que no en lo visual-, y con una Kusanagi a la que cambian hasta el nombre .Así que cabe preguntarse si esta adaptación tiene algo del manga de Shirow. Y sí, lo tiene. Un detalle meramente anecdótico: la falta de tabúes de la mayor a la hora de disfrutar su sexualidad, aunque con motivaciones diferentes.

En definitiva: ¿Por qué debería leer “The Ghost in the Shell”?

Algún lector avispado se habrá dado cuenta de que, hasta ahora, he empleado el título sin emplear el artículo delante, ya que he estado hablando de la obra original, que no lo llevaba. Ahora, que hablaremos de la película y de la nueva edición que ha lanzado Planeta, en los que sí se ha puesto, consideraremos el nuevo título.

En primer lugar porque esta nueva edición que ha sacado Planeta, encuadernada en cartoné con sus 352 páginas en su sentido de lectura original, viste muy bien la estantería de cualquier aficionado. En segundo lugar, porque se trata de una obra que marcó época tanto en el mundo del manga, como en el de la ciencia-ficción. En tercer lugar porque se ha ganado por derecho propio un hueco entre las obras más significativas del mundo del cómic a nivel mundial.

Además, se trata de una obra agradable de leer, con una trama que es capaz de enganchar a los más acérrimos detractores del manga. De acuerdo que se ha hablado mucho de cierta ‘censura’ con respecto a una de las más recordadas y eróticas escenas de la edición original, pero sabemos que se ha tratado de una readaptación hecha por el propio Shirow con el objetivo de que en el mercado anglosajón fuese aceptada como publicación para todos los públicos, y que no afecta al transcurso de la historia.

Además, Masamune Shirow no es un autor prolífico pero, cada vez que saca una obra, destaca por su calidad y profundidad argumental pese a su trato ligero. ¿Por qué? Porque disfruta con los recursos humorísticos y ligeros, con las mujeres bellas, con los diseños de maquinaria y con ese raro toque que mezcla la genética y la robótica representados de manera certera a través de su trazo característico y su magistral manera de crear y contar las cosas.

Un manga que, pese a sus nada despreciables 27 años, ha logrado trascender su momento y mantenerse vigente hasta el punto de seguir generando ideas, películas, inspiraciones y secuelas. ¡Déjate inspirar y disfruta de este volumen!

Por Francisco Javier Illescas Díaz

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