Los récords más curiosos del Guinness World Records 2020

Con motivo del Día Mundial de los Guinness World Records, repasamos algunas de las hazañas más extravagantes e increíbles de este año.

Todos tenemos una cualidad, un algo que nos diferencia del resto o que nos permite destacar. Sin embargo, llegar a ser el primero, el que más de más de más de todos, no es una posibilidad que esté al alcance de muchos.

Más aún si hablamos de hazañas como la de ser la persona que lleva más tatuajes en el cuerpo (después de invertir más de 1.000 horas tatuándose); igualar al humano más longevo, que falleció a sus 122 años; o tener la barba más larga de todos los tiempos, de unos 5,33 metros.

Sin embargo, si conseguimos algún hito o somos mejores en algo que todos los demás, entonces somos humanos de récord y tenemos derecho a aparecer en la nueva edición del libro más famoso del mundo, el Guinness World Records 2020.

Este gran recopilatorio actualizado nos trae los récords más inauditos y jocosos por secciones que incluyen ciencia, naturaleza, tecnología, deportes o entretenimientos entre otras y que, además, viene con una especial mención a los mejores récords españoles que han conseguido hacerse un hueco en estas páginas.

Aprovechamos el Día Mundial de los Guinness World Records para contaros algunas de las más bizarras, divertidas o escandalosas proezas de este nuestro mundo que podréis encontrar en él:

1 Vuelta al código morse

En lo que a humanos se refiere, un hito un tanto extraño y muy innovador es el que han logrado Neil Harbisson y Moon Ribas. Llevan los primeros implantes dentales con bluetooth del mundo, que les permite comunicarse entre sí usando el código morse. Es tan sencillo como tener una app y presionar sobre uno de los dientes. Lo de aprender el código morse ya es otro mundo…


2 La Big Sorpresa

El árbol más alto del mundo es una secuoya roja llamada ‘Hyperion’, que medía 115.85 metros en el año 2017. Este árbol le saca 20 metros a la Elizabeth Tower, otramente conocida como Big Ben. ¡Se ve que lo de regarlo se les fue un poco de las manos! Sin embargo, el árbol más alto de todos los tiempos medía nada más y nada menos que 146,3 metros, ¡más alto que el London Eye!


3 Pasito a pasito

¿Os imagináis vivir la peli de Jaws durante casi 400 años? Pues con el tiburón que se descubrió en 2016 y sus más de 392 años, hubiésemos tenido película para rato.

Se trata de un tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), el pez e incluso el vertebrado más longevo jamás conocido. También es cierto que hasta los 150 años esta especie no alcanza la madurez sexual, así que, bueno, la vida a otro ritmo, sin prisas.


4 Una pesadilla a domicilio

Os apetece comer pizza y decís, bueno, ya que estamos, vamos a pedir la pizza más grande del mundo y que nos la traigan a casa. Pues va a ser que no, porque el récord se lo lleva una margarita con una superficie total de 1.261,65 m2. Para que os hagáis una idea, podría cubrir (y de sobras) la cúpula de la catedral de San Pablo.

Total, que no os entra en casa. Eso sí, la mayoría de las porciones se destinaron a comedores sociales, así que fue una gran pizza solidaria.


5 No hay partido para tanto gol

En uno de los hitos en lo que a deportes se refiere, tenemos a nuestro querido delantero del FC Barcelona, Lionel Messi, que batió el récord de más goles marcados en la Liga con 417 goles en 451 partidos. Si hacéis las cuentas, supone una media de casi un gol por partido.

Otra proeza futbolística es la de Ada Hegerberg, que con 41 goles está muy cerca de ser la jugadora que más goles ha marcado en la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Y atención, porque también ha sido la primera en recibir el Balón de Oro Femenino. ¡Eso ya no se lo quita nadie!


6 Es queso, ¡nosotros lo pagábamos!

En casa tampoco nos quedamos cortos en cuanto a récords. Y aquí va uno de los más gourmet, porque el queso más caro vendido en una subasta se compró en Oviedo. El restaurante El Llagar de Colloto pagó 14.300 euros por poco más de dos kilos y medio de queso Cabrales. Pero es queso… Es comprensible, ¿no? Si no, que se lo pregunten a Geronimo Stilton. 😉


7 Vestidos no aptos para un día de lluvia

Otro récord mundial que se queda en casa se lo lleva la ciudad de Mollerussa (Lleida) en donde el Museu de Vestits de Paper de Mollerussa atesora nada más y nada menos que 325 vestidos de papel a tamaño natural. ¡Casi un modelo para cada día del año!


8 La taquilla vertiginosa

El cine sigue siendo un arte de récords y las películas de animación son muestra de ello: Los Increíbles 2 es la película de animación original con mayores ingresos brutos. La cinta de Pixar recaudó 1.242.532.436 $, cifra sólo superada por Frozen que, con una recaudación de 1.272.469.910 $ brutos, corona el podio de ingresos como película de animación de todos los tiempos.

Es más, el tráiler de su secuela, Frozen 2, obtuvo 116,4 millones de visionados en un día, ¡otra cifra récord!

¿Y vosotros? ¿Sois de récord? De momento os recomendamos que ojeéis el libro y a ver si se os ocurre alguna habilidad o característica o lo que sea en la que seáis imbatibles. Quien sabe, a lo mejor os leemos en la próxima edición.

Hasta entonces, os podemos asegurar que con esta nueva edición del libro Guinness World Records aprenderéis un montón de curiosidades y hechos increíbles.

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Eduardo Infante: «Sócrates me enamoró de la Filosofía, fue y sigue siendo mi maestro»

Es profesor de filosofía en un instituto de Gijón y acaba de publicar el libro Filosofía en la calle. Gracias a su peculiar forma de acercar la Filosofía a los jóvenes, Eduardo Infante ha conseguido algo mucho más valioso que el mero aprendizaje de teorías y autores: que sus alumnos desarrollen pasión por la Filosofía. 

En esta entrevista le preguntamos por su nuevo libro y su método de enseñanza filosófica a través de redes sociales.

¿Qué tiene que ver la filosofía con los problemas cotidianos que nos encontramos en la calle?

La filosofía siempre ha tenido que ver con los problemas del día a día. Cuando nació era una práctica popular. Las primeras escuelas helenísticas se ocupaban de problemas urgentes y cotidianos de la vida humana, y los primeros filósofos griegos debatían sobre el sexo, la personalidad, la cólera, la agresividad… Intentaban, como decía Epicuro, ser «médicos compasivos». Es decir, que la filosofía sirviera para curar las dolencias del alma al igual que un médico cura el cuerpo.

La filosofía no era en absoluto teórica entonces. Pero Platón creó una academia y puso un cartel que rezaba: «Que no pase de aquí el que no sepa matemáticas”. Hizo de la filosofía algo elitista, algo que nos recuerda mucho a la expresión: «Reservado el derecho de admisión». En ese entonces cuando se creó la filosofía académica. La idea de mi libro es recuperar el ejercicio popular de la filosofía.

En Filosofía en la calle nos planteas preguntas que nos hacemos cada día y explicas cómo darle respuestas a partir de pensamientos y autores. ¿Nos puedes dar ejemplos de algunas de ellas?

Estas cuestiones nacen de mis propios alumnos, principalmente a partir de una anécdota que cambió radicalmente mi manera de dar clase. Una alumna me hizo recordar que, cuando era joven, mi profesor explicaba cosas que nada tenían que ver con la vida. En ese momento, paré la clase y hablé con mis alumnos de tú a tú. Y ahí me relataron cuáles eran los problemas que a ellos realmente les inquietaban: la muerte de un ser querido, el amor, el fracaso, el éxito, la verdad…

Una de las cuestiones a la que dedicamos más tiempo fue la de la verdad y la mentira. El primer capítulo versa justamente sobre eso: ¿deberíamos contarle todo a nuestra pareja? También se habla del arte: ¿las galas de Operación Triunfo lo son? Y una multitud más de problemas que se plantean los adolescentes.

Cuando eras estudiante, ¿te gustaba la Filosofía? ¿Era una de tus asignaturas favoritas?

No tuve una buena primera experiencia con la Filosofía. Mi primer profesor de esta asignatura hacía lo que podía, daba una Filosofía muy académica. Recuerdo que nos escribía el esquema de cada lección en griego sobre la pizarra. Nosotros le decíamos que no sabíamos griego y él respondía que le daba igual y seguía dando clase.

Así, mi primera experiencia no fue nada positiva: la veía como una asignatura que versaba sobre problemas que yo no entendía, indescifrables y ajenos a mí, que simplemente teníamos que comentar porque formaban parte del temario. La filosofía se reducía a eso, a un comentario de texto. Pero en COU tuve un profesor de Historia y Filosofía magnífico, de estos que te tocan el corazón y te salvan la vida. Y me enamoré de la Filosofía no solo a través de ese profesor, sino también a través de un libro, el libro en el que se relata el juicio de Sócrates. Fue sin duda la figura que me enamoró de la Filosofía: fue y sigue siendo mi maestro. 

Hablemos de los retos de filosofía que pones en Twitter. ¿De dónde sale la idea?

La idea surgió hace años. Estaba con un compañero, profesor de Física, en el recreo, mirando a los alumnos. Ellos pasaban el tiempo con los móviles y comentamos que no se comunicaban entre ellos, que qué pena que estuvieran siempre pegados a la pantalla. Y yo le dije que, en realidad, se estaban comunicando a través de sus pantallas. Cambiaba el medio a través del cual debatían y discutían, pero seguían comunicándose.

En ese momento se me ocurrió sacarlos de su mundo y de su vida para meterlos en otro distinto. Pensé: ¿por qué en vez de sacarlos de la calle y meterlos en el aula de Filosofía, les meto el aula de Filosofía en su mundo, en su pantalla? Ese día, hablando con ellos, planteé utilizar Twitter para conectarlo con otros problemas, para retarlos, para hacer una ventana a través de la cual poder seguir al mundo y a la vida. Y, como se dice en el libro, que el pensamiento se transforme en vida.

¿Cómo ha sido la respuesta por parte de los alumnos?

Magnífica. El año pasado, por ejemplo, disfruté muchísimo con los retos: les propuse que se pusieran en contacto con físicos para que les explicasen las últimas teorías del universo, y consiguieron nada más y nada menos que los físicos del CERN se pusieran en contacto con nosotros. Los invitamos a través de Skype y nos enseñaron el sitio donde trabajan. Fue una auténtica maravilla. En educación creo que tenemos que incorporar las nuevas tecnologías, porque el mundo virtual se ha convertido en el mundo en el que vivimos y nos da unas posibilidades tremendas en el aula.

¿Cómo es tu relación con los alumnos, ahora que has escrito el libro y con toda esta dinámica de las redes sociales?

La verdad es que no ha cambiado demasiado. Yo amo mucho mi profesión. De hecho, comienzo el primer día de clase escribiendo una carta a mis alumnos en la que les explico que me gustaría transmitirles ese amor a la Filosofía a lo largo de los años que vamos a pasar juntos.

Lo más bonito es que consigo ver que esa pasión se les transmite durante esos dos años, y se mantiene cuando son ex alumnos. A veces voy al centro médico y algún doctor o enfermero es un antiguo alumno y recuerdan mis clases. ¡Me encanta que sigan con esa misma pasión! Y saber que he dejado esa huella por la búsqueda de la verdad, el bien, la justicia y el diálogo es lo más gratificante que me puede pasar en esta vida.

En el libro, al referirte a la filosofía, hablas mucho de la diferencia entre lo que es útil y lo que es valioso.

Útil puede ser un sacacorchos, un instrumento que cumple una función. En el campo de los saberes, los útiles son los aquellos que nos hacen unos productores eficaces para producir una mercancía final. Frente a eso está lo valioso. Si seguimos el ejemplo del sacacorchos, valioso sería pararse a descorchar una botella de vino con la persona que amas. Eso es valioso. Y en el campo del saber pasa lo mismo: hay saberes valiosos porque nos hacen entender la vida en la que vivimos, nos hacen encontrar sentido a cada uno de los días y, sobre todo, son valiosos porque nos acercan al bien, a la belleza y a la verdad. 

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Déjate de pelis de miedo, ¡lee a Lovecraft!

Déjate de pelis de miedo, ¡lee a Lovecraft!

Principios de octubre en las calles de la ciudad. Las dentaduras de plástico con colmillos ensangrentados pueden verse ya tras los escaparates de las jugueterías. Las pastelerías más osadas exhiben mazapanes con forma de extremidades humanas junto a las cañas de crema. Telarañas artificiales en las puertas de los comercios y en las paredes, carteles anunciando fiestas de disfraces. Halloween, como muchas celebraciones a lo largo del año, llega cada vez antes, y lo hace cargado de promociones especiales e infaustas adaptaciones de míticos filmes de terror.

Para no acabar saturados por la precocidad y la profusión de pastiches, siempre viene bien sumergirse en una buena lectura, y qué mejor que recuperar el contacto con las raíces del género de terror de la mano de uno de sus creadores.

De infancia atormentada –al parecer su madre era sobreprotectora y bastante neurótica–, el pequeño Howard se refugió en los libros para evadir el contacto con una sociedad en la que no creía encajar. Discípulo indirecto de Manchen, de Lord Dunsany y de Poe, con quien decía tener un parentesco espiritual, no tuvo bastante con sus enseñanzas y acabó creando un género propio que se dio en llamar «horror cósmico». El máximo exponente de esa nueva categoría literaria fueron los Mitos de Cthulhu, que escribió junto con otros autores pertenecientes al llamado Círculo de Lovecraft.

Con su estilo barroco, intencionadamente arcaico y recargado, H.P. Lovecraft dio vida a una singular mitología que bebe de la fantasía y la ciencia ficción, y que coloca al lector bajo la mirada impasible de dioses alienígenas que aguardan en las profundidades el momento para dominar la Tierra.

Su obra ha estremecido a los lectores durante varias generaciones. Proponemos aquí un ensayo y una novela para introducirnos en ella.

Déjate de pelis de miedo, ¡lee a Lovecraft! Las montañas de la locuraEn las montañas de la locura cuenta la historia de la expedición fallida del geólogo William Dyer y un grupo de científicos a la Antártida, donde descubren una ciudad perdida de la que no existe registro y que esconde los restos de una antigua civilización aparentemente extraterrestre. Narrada en primera persona por el propio Dyer, esta novela representa un ejemplo perfecto del género «horror cósmico», que el de Providence alumbró y alimentó hasta el final de sus días.


Déjate de pelis de miedo, ¡lee a Lovecraft! El terror en la literaturaEl terror en la literatura es un ensayo publicado por primera vez en 1927, en el que Lovecraft reflexiona sobre la evolución y otros aspectos del género a través de sus autores más emblemáticos. En él corona a Algernon Blackwood, M.R. James, Lord Dunsany y Arthur Machen, a los que denomina «maestros contemporáneos». Lovecraft se remonta en este ensayo a la novela gótica para encontrar las raíces del terror literario y analiza el miedo, para él, «la emoción más antigua y poderosa de la humanidad».

Reseñado y admirado por escritores de la talla de Cirlot y Houllebeq, desde cineastas a filósofos, intelectuales y creadores de toda índole han bebido de su fuente. Fue poco valorado en su época y, como tantos, murió en la miseria. A pesar de ello, ha sabido trascender el tiempo al igual que sus criaturas.

¿Quién le iba a decir que algún día podrían comprarse llaveros y peluches de Cthulhu o juegos de mesa basados en su obra? En definitiva, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Lovecraft, como Halloween, está de moda.

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La historia real tras ‘El vestido’ de Jennifer Robson

Era invierno de 1947. Con la Segunda Guerra Mundial y sus dramáticas consecuencias aún bien presentes en su día a día, los ciudadanos de las islas británicas sufrían un frío gélido y seguían con el racionamiento de alimentos y otros bienes. Sin embargo, había una fecha en el calendario que todo británico esperaba con ilusión: la boda Real de la princesa Isabel II y el príncipe Felipe de Edimburgo; la primera gran celebración en la era de la posguerra.  

Cuando Jennifer Robson, la autora de la novela El vestido, estaba recabando información para descubrir las personas que se hallaban detrás del traje de novia que hizo soñar a toda una época, poco se imaginaba que acabaría entrevistando a una de las costureras que trabajaron en el vestido de la princesa. Fue en el taller de Norman Hartnell: «por primera vez, sentí una conexión con todas aquellas caras y voces de manos talentosas», ha dicho la autora.

El testimonio de la casulidad

Como escritora e historiadora que es, Jennifer Robson, prefiere la autenticidad histórica a la tensión dramática en sus novelas. Así pues, sabía que para escribir un libro basado en la fabricación –que no el diseño– del famoso vestido nupcial, debía empezar a buscar las huellas o, mejor dicho, las costuras de sus protagonistas.

Durante meses, la escritora se puso a investigar un rastro que partía de toda la información relacionada con el que fue el negocio del diseñador Norman Hartnell. Pero a pesar de todos los contactos y las visitas a museos, la escritora no pudo encontrar a nadie que hubiese trabajado en Hartnell ni ningún tipo de información relevante al respecto. Así pues, se tuvo que conformar con ver con sus propios ojos el mismísimo vestido, expuesto durante unos días en Buckingham Palace.

Visto el poco éxito de su indagación, Robson estaba determinada a acercarse, de un modo u otro, a los protagonistas y así entenderlos mejor: decidió ir a una fábrica de bordados londinense para ponerse a coser ella misma y poder, así, conectar con ellos. Fue entonces que, por pura serendipia, conoció al productor de un documental sobre la Boda Real de 1947. Y en ese mismo instante, escuchó por primera vez su nombre: Betty Foster.

Betty Foster pasó su infancia en el East End (Londres). Tras la muerte de su padre, a sus ya 14 años, empezó a trabajar como aprendiz en Hartnell y a ganarse un salario de siete chelines y seis peniques a la semana, lo que parecería una fortuna para la joven.

Sin embargo, no tardó en trabajar en la confección de grandes vestidos para gente famosa. Su mayor logro fue, sin duda, su participación en el vestido de la futura reina. A pocas semanas de la boda, ¡el trabajo de Betty era coser ni más ni menos que 22 ojales en la espalda del vestido! Cualquier error hubiese desembocado en desastre. ¡Imaginad la responsabilidad!

Un regalo novelado

El día en que Jennifer Robson conoció a Betty dio con un testimonio real de un gran momento histórico. Tirando del hilo de la vida de Betty, la autora pudo adentrarse al corazón y alma de Hartnell y, de este modo, plasmar con todo detalle aquella historia que tanto deseaba encontrar.

Precisamente de aquí ha salido El vestido, la novela que nos descubre la vida de las mujeres que crearon un traje de ensueño: la preciosa indumentaria de su princesa. En esta trepidante historia, elegante como The Crown y cautivadora como Tiempo entre costuras, se puede, además, ver a Betty convertida en personaje. Un más que merecido tributo, ¿no creéis?

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Javier Cercas, Premio Planeta 2019, y Manuel Vilas, finalista

Javier Cercas, Premio Planeta 2019, y Manuel Vilas, finalista

Javier Cercas ha obtenido el Premio Planeta 2019 con la novela Terra Alta,Manuel Vilas ha resultado finalista con Alegría. La cena literaria que proclamó a los ganadores se celebró anoche en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y fue presidida por la Presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, por la Vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y por el Presidente del Grupo Planeta, José Creuheras.

En la velada se dieron cita casi un centenar de escritores de las distintas editoriales del Grupo, así como una nutrida representación de otras personalidades del ámbito cultural, empresarial, político y social, del cine y la televisión, tanto de Barcelona como del resto de España.

El Jurado de esta edición lo han integrado Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Belén López.

Esta sexagésima octava edición confirmó una vez más el gran interés que este galardón despierta en el mundo de las letras más allá de nuestras fronteras: se recibieron la cifra de 564 originales procedentes de diversos lugares del mundo.

El Premio Planeta de novela tiene una dotación de 601.000 euros para la obra ganadora y 150.250 para la finalista.

El fallo del Premio Planeta se pudo seguir en directo por Internet desde www.premioplaneta.es, y a través de Twitter, Facebook e Instagram utilizando la etiqueta #PremioPlaneta2019.

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