Federico Moccia o la fórmula del éxito

La fórmula Moccia nació entre los lectores, en la calle. Federico Moccia (Roma, 1963) tuvo un éxito tardío. Ya había perdido toda esperanza de triunfar en la literatura después de años de quemar asfalto romano con su motorino de editorial en editorial cuando su A tres metros sobre el cielo se convirtió en un hype adolescente totalmente ajeno a la industria del libro. Este  salto a la fama desde el anonimato demostró el poder popular de esta saga literaria y el vacío editorial que existía respecto a novelas para adolescentes que realmente conectaran con ellos, que les emocionaran hasta el punto de gastarse la paga semanal en fotocopias oscuras mal impresas.

Desembarcado en nuestro país en 2008 con A tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti, a la que seguiría al año siguiente Perdona si te llamo amor, el italiano de gorra calada ha publicado el pasado 2010, Perdona pero quiero casarme contigo y El paseo –obra dedicada a su padre fallecido- y arranca este 2011 con Carolina se enamora. Hoy [25 de enero] sale a la venta.

Carolina tiene 14 años. Es inquieta e inteligente, responsable y buena amiga de sus amigas. Ama a su familia y se vuelve loca escuchando a Mika, The Fray o Tiziano Ferro a toda pastilla en su iPod. Vive pegada a su Nokia, por el que casi daría la vida, y pierde sueño cada noche hablando con sus amigos por Messenger, desde su Mac reluciente, de los chicos de su clase, de las últimas rebajas de Zara o de los guapos protagonistas de Perdidos. En definitiva, Caro es una adolescente como cualquiera, que sueña con crecer mientras se maquilla en el ascensor para que su madre no la vea. Y tiene un sueño: enamorarse hasta el infinito, vivir un gran amor. ¿Lo logrará?

Romeo y Julieta se aman a través de la Blackberry

Federico Moccia reinventa Romeo y Julieta, el clásico de William Shakespeare. Iniciando la segunda década del siglo XXI, los amantes de Verona ahora prefieren el chat que el balcón para declarar su amor. Al fin y al cabo, Babi y Step, Niki y Alessandro o ahora Caro y Massi, no distan tanto de los enamorados con polainas, pero tampoco de Lloyd y Diane, de Un gran amor, o Danny y Sandy de Grease. Las historias sobre el primer amor, sobre la exploración sexual, sobre el descubrimiento de la edad adulta, pero también los relatos de la ilusión, la fe, los sueños y el romanticismo nunca pasan de moda. Son historias de búsqueda y de aprendizaje para adolescentes que desean crecer y para adultos que querrían volver a ser niños.

Moccia es de los pocos autores-marca que existen actualmente en el mundo de la literatura universal: un escritor que vende sólo con susurrar su nombre; un autor que mueve masas como si fuera un Jonas Brother a una firma de libros; un hombre capaz de construir un universo propio alrededor de unos personajes que trascienden la propia novela. Y es que Roma tiene ya su “ruta Moccia”, las carpetas de las adolescentes están llenas de frases esperanzadoras y románticas de sus libros y en el puente Milvio en la capital italiana ya no caben más candados que sellan primeros amores y prometen pasiones imposibles. La fórmula del éxito de Moccia es, sin duda, crear unos personajes que conectan visceral y emotivamente con los adolescentes de hoy en día y lograr hablar su idioma, lleno de “pk”, “mñna” y “OMG”. Un lenguaje y un tono que muy pocos escritos logran imprimir en sus novelas, que llevan vendidos centenares de miles de ejemplares en nuestro país; y millones en Italia. Al fin y al cabo, Moccia logra que todas sean Babi, Niki y ahora Carolina. Moccia es un maestro, la historia primera por encima de cualquier otro aspecto y no hay relato más emotivo y perfecto como el del primer amor, el primer beso, el primer desengaño, el primer paso hacia la edad adulta.

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