El taller de los libros prohibidos, el primer sleeper del 2011

La novela debut de Eduardo Roca avanza con paso seguro hacia el éxito gracias al boca-oreja y la prescripción en la red. En un homenaje a la era Gutenberg, el escritor se sumerge en la historia apócrifa del nacimiento de la imprenta.

Eduardo Roca (1963) no tiene foto en su blog ni aparece su rostro en Facebook. Nada más lejos del síndrome Salinger o Pynchon, este escritor novel ama la literatura y los libros por encima de cualquier ego literario. Aunque lleva años escribiendo,  ingeniero y profesor afincado en Alemania, debuta en la novela con El taller de los libros prohibidos, una ópera prima que el boca-oreja y el ruido en internet han convertido en uno de primeros sleepers del año. Ambientada en la Colonia del siglo XV, esta es la historia apócrifa –repleta de Historia con mayúsculas, intriga, misterio, amor y  pasión por los libros- del nacimiento de la imprenta y de la era Gutenberg. Cuando en boca de todos está la discusión sobre el futuro del libro tradicional, hablamos con el autor sobre bibliofilias y promoción 2.0.

Su obra es un homenaje a la literatura y al libro como fuente de saber. ¿Arrancó a escribir queriendo hacer un homenaje a la era Gutenberg?

Debo decir que esta obra no es lo primero que escribo, pero sí admito que siento especial satisfacción al poder arrancar de cara al público con esta especie de “metahistoria” del nacimiento de los libros tal como hoy (aún) los conocemos. Siendo un relato que no puede evitar la reminiscencia a Gutenberg y a coetáneos suyos ―como en cualquier descubrimiento, uno se da cuenta de que no hubo un solo cerebro pensante― es cierto que pretende ser, a la vez, un tributo a todos aquellos que innovaron en esa importante faceta que era el reto físico de divulgar lo que fuere con mayor alcance y rapidez. La difusión de la cultura es trascendentalmente más eficaz desde entonces.

De las páginas de libro se desprende que es un bibliófilo. ¿Qué han significado y significan los libros y la lectura para usted, como escritor y lector? ¿Recuerda, por ejemplo, el primer libro que leyó?

Me habéis pillado. Es un amor secreto, casi un fetiche. Y no solo los libros como objeto sino las buenas narraciones: son mi debilidad. Recuerdo con especial afecto las aventuras que leía en mis tiempos adolescentes. Algunas de ellas pertenecían a esa famosa colección que nos acercaba a los jóvenes obras clásicas ilustradas y simplificadas. Creo que Las aventuras de Tom Sawyer y Robinson Crusoe fueron de las novelas que mejor se fijaron en mi cabeza. Cuando llegué al instituto, el mundo se abrió: recuerdo que el alumno más aventajado en temas de lectura (sus padres regentaban un quiosco-librería) nos introdujo, por ejemplo, a H. P. Lovecraft, ¡menudo cambio!

¿Cómo siente el llegar de la posible nueva era digital, como escritor y autor? ¿Le diremos adiós al papel?

Creo que al papel le queda todavía larga vida. Por supuesto coexistirá con la capacidad de las nuevas tecnologías y las ventajas que ofrecen.  Dependerá de cuales sean las necesidades que cada usuario pretenda satisfacer en cada momento. No existen ni una respuesta ni una solución universal para este “enfrentamiento”. Como autor me inquietan el momento presente y el futuro: en el presente, me preocupa la lentitud a la hora de adaptarse a los cambios que se avecinan; y respecto al futuro, el acierto con el que los colectivos toman decisiones trascendentales. A menudo, lo traumático de los cambios son los transitorios, y éstos pueden afectar de modo notable el nuevo estado que se alcanza. En el nacimiento del libro moderno muchas mentes brillantes se quedaron por el camino; no deberíamos repetir el error…

El taller de los libros prohibidos es una adictiva novela histórica repleta de misterio e intriga. Es una novela épica y ambiciosa y está arrasando en librerías gracias al boca-oreja. ¿Cómo se vive un éxito así siendo un escritor novel que ni siquiera muestra su foto en la página web del libro?

Se vive con una tremenda ilusión y una no menos terrible incertidumbre, pues el mercado es al final el que sentencia las nuevas novelas. Sí que considero esencial que las obras triunfen por sí mismas; ahora mismo Eduardo Roca no es importante, lo que de verdad debe interesarnos es descubrir si El taller de los libros prohibidos es el longseller intemporal que aspira a ser. En síntesis, se trata de una novela con un trasfondo histórico bien cuidado que recoge un relato apócrifo seductor para el lector, que le proporciona satisfacción a la vez que respuestas respecto a las circunstancias propias de un momento de cambio trascendental.

Ha trabajado mucho la promoción en redes sociales. ¿Cree que es una de las formas de acercarse realmente a los lectores y hablar de la novela?

Rotundamente sí. Y no solo por la facilidad y alcance de las redes (cada día me sorprendo ante lo que está ocurriendo con El taller), sino también por la influencia ―cuya razón principal es la inmediatez, que aún no el contraste― de los mensajes que se pueden localizar tras una búsqueda. No existe hoy en día parangón posible respecto a lo rápido que uno puede encontrar valoraciones autorizadas (pienso en los bloggers de prestigio, por ejemplo) sobre una novela.

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