Amaya Ascunce y Cómo no ser una drama mamá

¿Os habéis imaginado alguna vez qué supondría publicar un libro? Pues a Amaya Ascunce le entran unas incontrolables ganas de reír cuando se da cuenta de que su Cómo no ser una drama mamá está desde hace semanas en las librerías de todo el país. Para la autora es importante no tomarse a uno mismo demasiado en serio, aunque se sabe afortunada al haber podido cumplir uno de sus sueños de la infancia: escribir un libro. Por ese motivo ha querido compartir con todos los lectores estas, y otras, reflexiones que, como en el libro, están salpicadas de humor y simpatía.

Amaya Ascunce

«Me da la risa floja de pensarlo. Eso me pasa desde el 3 de mayo. Miro la estantería donde está mi libro (repito: mi libro) y me entra un tontería horrible. Para la mayoría de la gente, publicar un libro es algo muy serio. Por ejemplo, para mi abuela, yo creo que le parezco más adulta gracias a esas 384 páginas, como si me hubiera entrado el fundamento al escribirlo.

También las entrevistas de la promoción parecían un tratado sobre algo serio. Me hacían unas preguntas densísimas sobre la maternidad, el acto de escribir incluso sobre la capacidad de oxidarse de la vitamina C. Y a mí me daba la risa floja porque, en realidad, de lo que estamos hablando es de mi madre corriendo por un pasillo con un zumo de naranja gritando: «Nena, tómatelo rápido que se le van las vitaminas»El libro va de eso y ya está. No es un tratado de educación ni un análisis de la maternidad ni una teoría sobre la pedagogía. Es mi madre intentándome convencer de que «lo negro del plátano está buenísimo». Y creo que, por eso, a la gente le hace gracia. Porque también va de su madre limpiándole una mancha con saliva de la cara y diciéndole: «Te dije que te ibas a caer».

Cuando publicas un libro así, y de repente se vende, oyes de todo. Un simpático señor me dijo: «Hasta la portera escribe libros en este país». ¿Qué cosas no? He tenido la sensación de usurparle su sitio a mucha gente. A los sabios, los pedagogos, los escritores, los monologuistas y a las madres. Es curioso porque me gano la vida escribiendo, soy una lectora voraz y también he estudiado materias aburridísimas sobre ¿qué hace que un texto sea literario?  Que, por supuesto, no me han servido absolutamente de nada para contar cómo mi madre me disfrazaba de basura. Otra señora, también muy simpática, me dijo: «No puedes hablar de maternidad sin ser madre». ¿Qué cosas no? Porque yo hablo de ser hija, y lo que está claro es que ella no había leído nada del libro. También me han hecho preguntas durísimas, en las que he estado a punto de agarrarle del cuello al periodista y decirle: «Oiga, señor, que estamos hablando de mi madre. A ver si le voy a tener que dar dos sopapos».

Yo creo que la gente se toma la vida muy en serio. Y los libros también.  Si escribes: me gustan las naranjas, a las dos horas te llama la asociación de limoneros de España y te dice:

–          ¿Qué tiene usted contra los limones? ¿No será usted «limófoba»?

–          Mire señor, es que me provocan un poquillo de acidez.

–          Eso es que usted no sabe comprar buenos limones.

Probablemente no, todo hay que decirlo, pero soy más del dulzor incondicional de la naranja.  Escribir es contar, igual que le cuentas a tu madre qué te ha pasado en el día. También puedes contar cómo funcionan los neutrinos o cómo Napoleón conquistó lo que sea que conquistara.

Otra cosa es eso que la gente anda diciendo todo el rato de: para hablar hay que saber. Pues no, y menos en los libros. Uno puede imaginar, ficcionar, incluso deformar aposta cualquier tema. Es divertido, prueben.  Por ejemplo, no soy capaz de entender qué narices es eso de la prima de riesgo, ni siquiera soy capaz de imaginar qué supone un punto en el déficit de España porque mi cuenta bancaria tiene tan pocos ceros, que no tengo suficiente capacidad de abstracción para entenderlo. Es algo así como cuando era pequeña y los huevos Kinder eran mi medida de dinero. Eran la chuchería más cara, así que cuando me daban la paga en agarrado, es decir un billete, yo lo que pensaba es: ¿para cuántos huevos Kinder me llega? Con el déficit me pasa que no hay nada tan caro que yo desee como para poder compararlo con esa indecente cantidad de pasta.  Y a pesar de no tener ni idea, pues me cago en ella. Hablo sin saber, me imagino un apocalipsis económico cada día e incluso lo comento con mi vecino en el ascensor. Y los dos tenemos claro que, si fuéramos presidentes del FMI, lo haríamos veinte veces mejor. Así somos mi vecino y yo, unos atrevidos.

Luego están los puristas del lenguaje. A esta gente le mandas una frase con una sola admiración al final y entra en colapso.  No sé, igual es porque soy un desastre con la puntuación pero cuando escribo, sólo pretendo que al otro lado me entiendan o que se rían.

Soy una afortunada, al menos eso me parece, porque escribir un libro era uno de mis sueños infantiles. Pero lo mejor ha sido que la gente lo lea y me diga que se ha reído. Gente que me escribe diciendo que le han regañado en el curro por explotar en una carcajada, gente que dice que le da vergüenza leerlo en el metro porque parecen locos riéndose solos, incluso gente que me ha dicho que lo estaba pasando mal y que les he sacado una sonrisa al acordarse de su infancia, de su madre y de que lo mejor del jamón es lo blanco.

Yo, sin ser sabia, ni muy lista, ni madre, ni famosa, he escrito un libro de casualidad y eso es la leche.  Se lo he dedicado a mucha gente, y he escrito una página larguísima de agradecimientos, al más puro estilo Almodóvar en los Oscars, por si acaso no tengo la suerte de publicar otro, porque ha sido toda una suerte.  Ni siquiera he puesto mi foto en la solapa en plan: mira qué pinta de lista tengo (que la tengo, ¿eh?), sino que en la imagen debo de tener tres años y voy vestida de San Fermín. Es muy poco serio, lo sé.  Pero es que yo no soy nada seria ni ganas que tengo con lo seria que está la cosa»

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2 Responses to “Amaya Ascunce y Cómo no ser una drama mamá”

  1. Helena dice:

    Qué grande Amaya!! Cuánto me alegro de que tu libro vaya tan tan bien! (Yo tampoco pongo la primera admiración, y de verdad que no pasa nada).
    Yo no creo que hayas escrito este libro por casualidad. Me parece que es el fruto de mucho esfuerzo y mucho talento! Te lo mereces guapa.
    Un besote excompi

  2. Cristina dice:

    Acabo de descubrirte, gracias a los encuentro digitales de RTVE y mañana mismo voy a comprar y a leer tu libro, porque estoy de acuerdo contigo y la vida ya está llena de bastantes cosas serias y en la variedad está el gusto. No sólo hay que leer literatura «seria», también de vez en cuando hay que leer cosas que simplemente te hagan pasar un buen rato.
    Yo soy hija y madre (todavía no ha pasado esa barrera en la que te conviertes sólo en madre ¡y ya paso de los 40!) y me produce un conflicto interno cada vez que le digo a mi hija «ponte las zapatillas que te vas a constipar»… ¿por que lo digo si además de que se que es mentira yo odio que mi madre todavia me lo diga a mí???
    Enhorabuena