Crónica de una ilusión compartida: María Dueñas nos cuenta cómo nació la serie de televisión que adapta «El tiempo entre costuras»

Texto de María Dueñas, autora de El tiempo entre costuras y Misión Olvido.

María Dueñas (izq.) y Adriana Ugarte, protagonista de la serie "El tiempo entre costuras".

María Dueñas (izq.) y Adriana Ugarte, protagonista de la serie «El tiempo entre costuras».

Arrancaba septiembre de 2009 y yo estaba en Luxemburgo –ese país diminuto al que viajo a menudo razones familiares—, deambulando aquella mañana por los pasillos de un hipermercado Auchan. En las profundidades del bolso sonó mi móvil; al sacarlo, en la pantalla vi el nombre de Raquel Gisbert. Respondí de inmediato y, mientras avanzaba por la sección de electrónica entre largos lineales llenos de televisiones apagadas –juro por mis niños que así fue—, me llegó a los oídos la noticia envuelta en las palabras entusiastas de mi editora: acabábamos de recibir la primera tentativa de propuesta para llevar a la pantalla nuestra novela.

9788484607915Dos meses y tres semanas antes, el 9 de junio, había visto la luz El tiempo entre costuras. Días de ilusiones, de presentaciones, de primeros contactos con la prensa. Después vino el verano y con él, la calma. O eso pensé yo, porque en realidad las cosas siguieron otro rumbo. Soterradamente, en silencio, en playas, terrazas, siestas y piscinas, el libro había ido pasando de mano en mano, de boca en boca. Sira Quiroga y su universo habían comenzado a seducir a los lectores y empezaba a tejerse una gigantesca tela de araña que aún no ha parado de crecer.

A partir de ahí fueron numerosas las ofertas de proyectos que recibimos por distintas vías y desde los frentes más dispares. Para películas, para miniseries, para largos seriales de sobremesa; muchas del todo profesionales, otras con la ilusión contagiosa de algún amateur. Todas fueron valoradas y sólo una se pudo quedar. Entrada ya la primavera de 2010, nos reunimos a comer en el restaurante del hotel W de Barcelona con el equipo de Antena 3 y la productora  Boomerang TV. Después tomamos un gintonic en la terraza. Y a partir de ahí, bendecidos por la luz del Mediterráneo, la bola empezó a rodar.

el-tiempo-entre-costuras_9788499983509Me preguntan a menudo en qué medida me he implicado en el proceso de convertir las seiscientas y pico páginas del libro que un día escribí en ese magnífico producto audiovisual cuyo primer episodio cautivó el pasado lunes a más de cinco millones de espectadores. En poco, respondo siempre. Nada tuve que ver en la elección de los actores o directores, y mucho menos en cuestiones especializadas que escapan por completo a mis conocimientos y competencias. Tampoco me negué a la inclusión de algunas subtramas al margen de mi argumento, ni a la aparición de nuevos personajes secundarios o a que se abrieran puertas dramáticas donde antes no las había. Pero sí hubo algo en lo que desde el principio puse todo mi empeño: en velar para que el alma de mi novela impregnara las escenas de la serie en la mayor medida posible. Para ello, planteé mi implicación en la supervisión de los guiones. Y cadena y productora asintieron con una generosa disposición que nunca me cansaré de agradecerles.

En junio de 2011 volé a Tánger por enésima vez en los últimos años: acababa de empezar el rodaje y, aunque fuera sólo un par de días, yo no quería faltar. Antena 3 había organizado un viaje para prensa y, entre periodistas, equipo técnico, actores, extras, huéspedes y curiosos, el legendario hotel Minzah hervía en agitación. Fue entonces cuando vi a Adriana Ugarte por primera vez, lista para rodar en el Caid’s Bar. Saliendo del ascensor, vestida de blanco, con un sombrerito rojo ladeado hacia la izquierda y esa luz que ella irradia ante la cámara y ante la vida. En aquel momento, como un fogonazo, tuve la seguridad de aquella grandiosa Sira acabaría enamorando a todo aquel que la mirara y supe que todos los esfuerzos compartidos en este viaje habían valido la pena.

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