Antonio Martínez Ron: “La curiosidad es el mejor regalo que se le puede hacer a un niño”

Martínez Ron: “La curiosidad es el mejor regalo que se le puede hacer a un niño”

“Al enseñar a preguntar estamos enseñando de paso a algo que hoy en día algunos mayores parecen haber olvidado, que es a no tener razón”

“La cultura lo abarca todo, la separación entre las letras y las ciencias es artificial y mala para el conocimiento”

Antonio Martínez Ron es una persona curiosa en el mejor de los sentidos. No se generan preguntas sin tenerlas. Este madrileño nacido en mayo de 1976 es un divulgador científico con mucha presencia en los medios de comunicación y redes sociales. Ha colaborado en diferentes espacios de radio, prensa y televisión como editor de ciencia. Destacan también sus experiencias digitales en Naukas.com y Fogonazos.es.

No olvidamos, sin embargo, que el formato papel también es lo suyo. En los últimos años ha escrito El ojo desnudo y ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos? Ahora ha buscado una aliada de peso para rellenar líneas en el papel: su hija, Laura Martínez Lasso.

Con ella han escrito un libro a partir de las preguntas que la pequeña generaba. Lo planteaban como un juego a la hora de ir a dormir: Laura preguntaba y Antonio respondía, hasta que se tenía que decir basta y buenas noches. La experiencia está recogida en su nuevo libro, Papá, ¿dónde se enchufa el sol?, publicado por Editorial Crítica. En PlanetadeLibros le hemos preguntado por la experiencia:

Escribir un libro entre Laura y tú. ¿Cómo fue exactamente el proceso? ¿Cuándo se preparaban las preguntas y cuándo las respuestas?
El libro surgió de forma muy natural. Básicamente de las conversaciones que teníamos Laura y yo antes de irnos a dormir o en diferentes momentos del día. Ella era una niña muy preguntona y me pedía cada día jugar al juego de ‘hacerme preguntas’ porque nos divertíamos mucho con nuestras ocurrencias. Un día le pedí que las apuntara porque sus ideas eran tan inesperadas que algún día le encantaría verlas. Y terminaron siendo tantas y tan buenas que pensé en compartirlas con los demás en forma de libro.

¿Dónde buscas las respuestas?
Bueno, se supone que me dedico a la divulgación científica, de modo que muchas de ellas me las sé. Pero aun así algunas me pillaron descolocado y tuve que buscar información antes de responderle.

Si un niño o niña tiene que hacer preguntas a su padre o madre, ¿A quién pregunta un padre o madre, más allá de google?
La mejor información está siempre en otros libros o en webs de divulgación fiables, o se le puede preguntar a los científicos que investigan el tema directamente. O incluso a los divulgadores, que estamos todo el día de guardia en redes sociales.

Vienes del campo de la ciencia. ¿Qué pasaría si Laura te preguntara por Shakespeare?
Pues que podría contarle muchas cosas interesantes, ya que la literatura es una de mis grandes pasiones. La cultura lo abarca todo, la separación entre las letras y las ciencias es artificial y mala para el conocimiento.

¿Dónde están los límites para un niño? Es decir, ¿qué es lo que no se puede explicar?
No creo que haya que mentirles ni ocultarles nada a los niños, aunque obviamente hay que adaptar el mensaje para que ellos lo entiendan e intentar, en la medida de lo posible, que lo que les cuentes no les haga sentirse mal o les haga daño. Me refiero a temas tan delicados como la muerte, que más tarde o más temprano les va a interesar. Hay maneras de contar la verdad sin recurrir al engaño para que dejen de preguntar.

¿Cómo se sigue incentivando la curiosidad de un niño cuando, al cabo de un año, haya tenido respuesta a más de trescientas preguntas en su cabeza?
Las preguntas siempre provocan más preguntas. Por eso la curiosidad dura toda la vida y es el mejor regalo que se le puede hacer a un niño.

Sin preguntas, ¿se pierde la curiosidad?
Lo peor es que te enseñen desde pequeño que preguntar está mal o que es un signo de ignorancia, porque entonces no aprenderás nada. Se puede vivir sin preguntas, pero la vida es mucho más pobre y aburrida, y desde luego la humanidad no habría llegado hasta aquí si no hubiera sido por nuestra curiosidad innata.

¿Hay que estimular sólo las preguntas o también el debate?
La pregunta es duda y, por tanto, admisión de que puede haber otros datos o argumentos que nos hagan cambiar de opinión. Al enseñar a preguntar estamos enseñando de paso a algo que hoy en día algunos mayores parecen haber olvidado, que es a no tener razón.

¿Qué piensas sobre el sistema educativo actual? ¿Fomenta suficientemente la curiosidad, la pregunta o la duda?
Juzgar el sistema educativo a partir de una visión subjetiva sería muy atrevido. Necesitaría más datos de los que tengo para emitir un juicio contrastado, pero en general hay voces que señalan una carencia en ese sentido y quienes se preguntan si además de enseñar a los niños a usar Google les hemos enseñado a saber qué y cómo preguntarle al buscador. Y en eso es clave el fomento de la curiosidad y el conocimiento de cómo encauzarla.

Por último, ¿cómo animarías a otros padres o madres a contestar las preguntas de sus hijos o hijas?
Les diría que aprovechen la fase de los porqués, que es uno de los momentos más fascinantes de la vida de nuestra persona, y que se lo tomen como lo que es: están viendo la maduración de un cerebro humano y su pensamiento en directo. ¡Una maravilla!

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