Daniel López Rosetti: «Cerca del 10% de la población es analfabeta emocional»

Daniel López Rosetti: «Cerca del 10% de la población es analfabeta emocional»
«Yo no recomiendo leer, yo hago recetas médicas que dicen: ‘lea un libro’»
El experto en enfermedades relacionadas con el estrés nos habla del efecto de los sentimientos y emociones en nuestra vida diaria y del papel de la lectura a la hora de aprender a gestionarlos.

«Es notable cómo en Star Trek el Sr. Spock se plantea constantemente la dicotomía razón y emoción y su problemática, así como la importancia de los sentimientos a la hora de tomar decisiones, anticipando en la ficción lo que un día la ciencia daría por cierto».

Daniel López Rosetti reconoce y reivindica el papel que juegan los sentimientos en el ser humano. No es que reniegue de la razón, subraya, pero por algo su último libro lleva por título Emoción y sentimientos. En él, el experto en cardiología y enfermedades relacionadas con el estrés y la ansiedad nos ofrece herramientas para reconocer emociones y sentimientos y, de esta forma, aprender a diferenciarlos.

Una de esas herramientas la encontramos en la ficción. Rosetti nos muestra cómo obras como Hamlet, Cumbres Borrascosas, El Juego del Ángel, Star Wars y Harry Potter han sabido recrear estas emociones y sentimientos a lo largo de los años; de allí que algunas historias nos hayan marcado y llegado tanto.

Es por esa misma razón que el médico y cardiólogo considera que la lectura puede ser de gran ayuda a la hora de gestionar nuestros sentimientos, a la vez que tiene un papel clave en nuestra educación emocional y la lucha contra el estrés. En PlanetadeLibros hemos hablado con él con motivo de la reciente publicación del libro, de Editorial Ariel.

En el libro hablas mucho de analfabetismo emocional. ¿Qué quiere decir exactamente?

El nombre difícil es alexitimia, que significa “no tengo léxico”, y es enormemente frecuente. Analfabetismo emocional es no leer las emociones ni los sentimientos del otro, y peor aún, las propias.

Y no es una condición poco frecuente…

Cuando medimos la proporción de analfabetos emocionales en una población encontramos que es un número asombrosamente alto, cercano al 10%. Es una dificultad real y concreta aunque, por supuesto, hay grados.

Si nos fijamos en los más bajos, vemos que afectan a gran parte de la población. Entre ellos están muchos de los que creemos que son tímidos o vergonzosos, y que en realidad no lo son. Son analfabetos emocionales. Algunas veces les viene innato, de nacimiento, genética. Pero muchas otras son así desde el punto de vista de la educación emocional.

«Somos un licuado de mezclas de emociones y sentimientos. Y esa paleta de colores determina la verdadera diferencia entre uno y otro»

¿Y cómo aprendemos?

No se puede aprender si no reconoces que existe el problema. Primer paso, toma de conciencia. Luego, comunicación, comunicación emocional, es decir, poderse expresar. Nosotros identificamos una emoción y un sentimiento cuando, al sentirlos, les ponemos rótulos, los tipificamos y ponemos etiquetas. Si no, no lo entendemos.

¿Tiene remedio? Sí, porqué todo es un aprendizaje, y a todo se aprende, porque el cerebro es plástico y se modifica en la medida que haces cosas e interactúa. Hay un dicho que dice: “el hombre no nace, se hace”. Es el producto de la interacción de lo que somos en el nacimiento y la relación con el medio ambiente. Y así somos todos distintos.

Mencionabas ahora las emociones y los sentimientos, precisamente el título del libro ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

Si le pregunto a cualquier persona la diferencia entre emoción y sentimientos, no lo sabe. Y es muy importante saberlo. Lo tendríamos que aprender de pequeños.

Una emoción es un vivencia básica que está con nosotros desde el principio de la evolución del ser humano y es parte de un programa neurobiológico prestablecido. No puedes evitar emocionarte. ¿Y cuál es la característica mundana para reconocer una emoción? Que tiene rostro. Alegría, Ira, Tristeza… Todas tienen rostro, aquí, en Madrid, en Etiopía, en Groenlandia…

Cuando un conjunto de emociones pasan por el procesamiento mental, es decir, se mentalizan, aparece una nueva vivencia que se llama sentimiento, que es más compleja. Las emociones son intensas, de corta duración y fuerte carga física. Cuando te emocionas tienes taquicardia, respiras más rápido, transpiras, las tripas se mueven de otro modo. Los sentimientos no. Tiene poca repercusión física, pero al contrario que las emociones, pueden durar mucho tiempo, incluso toda la vida. Amor, odio, culpa, vergüenza, orgullo, envidia…

¿Y quién somos tú y yo? Un licuado de mezclas de emociones y sentimientos. Y esa paleta de colores determina la verdadera diferencia en torno a los demás. ¿Por qué? Porque todo lo demás es simple conocimiento, razonamiento. No estoy en contra de la razón, pero hay una falta de educación emocional muy grande.

«Los mitos, las tragedias, las comedias, Star Wars… No nos llegaron porque
energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado.
Nos llegaron porque están llenas de emoción y sentimientos» 

En el libro mencionas cómo la literatura y el cine acuden frecuentemente al recurso del sentimiento, como Shakespeare, Cumbre Borrascosas, Star Trek y Star Wars.

Los mitos, las tragedias, los dramas, las comedias, Star Wars… Las nombramos ahora porque nos llegaron y porque son conocidas. No llegaron por ser racionales o porque energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado. Nos llegaron emocionalmente, porque tienen un contenido que no es matemático, sino que está lleno de emoción y sentimientos.

¿Es la lectura de estos mitos, el visionado de estas películas, una de las herramientas para poder reconocer y gestionar estas emociones y sentimientos?

Me gusta la palabra “gestionarlas”. En muchas entrevistas escucho la palabra “controlarlas”. Controlar es represión, y estamos hablando de lo contrario. Gestionar es conducirlas, y no tengo duda de que la lectura es una herramienta para reconocer y gestionar las emociones, porque un libro es como una persona. Cuando vamos a una biblioteca, no hay libros, hay personas. Y al leer, conocemos a personas que saben más que nosotros u opinan distinto, y eso es bueno. Así que, sí, sirve, pero también hay que poner de nuestra parte. Yo leía El Principito a los 15 y era un libro, y a los 40 era otro, pero el principito era el mimo. Nosotros somos la otra mitad del libro.

Citabas en un escrito esta frase: “la lectura es un gimnasio barato y asequible para la mente”.

Sí. Si corres y vas a un gimnasio, el ejercicio es físico. Va bien para el corazón, el sistema cardiovascular y la circulación encefálica, disminuye la posibilidad de infarto… Si piensas y sientes, lees y compartes con un grupo de personas, haces jogging mental. El cerebro es un músculo que piensa y que siente, y se ejercita como cualquier otro.

«Cuando vamos a una biblioteca, no hay libros, hay personas»

¿Es la lectura una manera de reducir el estrés?

No tengo duda, aunque depende también del libro que elijas. Pero es una de las recomendaciones que damos en nuestro hospital. En una crisis nerviosa y de ansiedad, uno de los mecanismos más ricos que hay es ponerse a leer, porque te vas a otro lado, entras en otra dimensión. Y mientras, el tiempo va pasando y se nos van yendo los malos sentimientos, pensamientos y emociones. Yo no es que recomiende leer, es que hago recetas médicas con sello que dicen: lea un libro. Eso sí, te tienes que enganchar.

¿Es por eso también que escribes libros?
Escribir un libro que puede leer mi madre, me obliga a hacerlo simple, y lo bueno y lo sano es simple. Cuantas menos palabras complejas uno diga, mejor, porque la complejidad de la palabra aleja de la simpleza de la emoción y el sentimiento.

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