Relato de Verano de María Oruña, autora de ‘Los libros del Puerto Escondido’

Relato de Verano de María Oruña

Relato de Verano de María Oruña

Los escritores viven acompañados de sus personajes más allá de las páginas de sus libros. Para ellos, son seres de carne y hueso, con sus vidas, familias, sentimientos…

Le hemos pedido a María Oruña, autora de ‘Puerto escondido’, ‘Un lugar a donde ir’ y ‘Donde fuimos invencibles‘, que nos relate cómo podría ser un encuentro entre ella y Valentina Redondo, un día de julio tal como hoy.

 

«Llegué tarde. Habíamos quedado para tomar un café cerca de su casa, en la terraza del Hotel El Castillo. Las vistas sobre el mar azul y el acantilado de Los Locos eran inigualables. Si le molestó el retraso, no lo dijo. Me miró fijamente y me invitó a sentarme, pero tuve la sensación de que sólo me había sonreído con los labios, porque su mirada era sólida como una piedra.

—Gracias por atenderme, de verdad que sólo nos llevará un rato.

—Tranquila.

—Verá, quería preguntarle un par de puntos sobre…

—Tutéame —me cortó, invitándome a continuar con un gesto de su mano.

—Ah. Pues verás Valentina, estoy trabajando en una nueva novela de misterio, y para preparar un personaje de la guardia civil querría ahondar sobre vuestra perspectiva personal.

—¿La personal?

—Sí, quiero decir…—intenté explicarme, nerviosa, porque Valentina era un poco más joven que yo, pero estar ante aquella teniente de la Guardia Civil impresionaba. No sé por qué, si en realidad era delgaducha, poca cosa. No especialmente deslumbrante, pero guapa. Una belleza rara. ¿Qué tendría? Creo que no eran los ojos, aunque fuesen de colores diferentes. Negro siniestro uno y verde mágico e imposible el otro. Quizás su principal magnetismo estuviese en su forma de mirar: tranquila pero inquisitiva, evaluadora. Ahora, tenía un punto divertido en la mirada.

—Dispara, no te preocupes.

—Ay, vale, gracias. Es que me he puesto nerviosa…usted, digo tú, eres una investigadora de gran prestigio tras todo lo que ha sucedido en Suances en los últimos meses y encima he llegado tarde, y…

Valentina comenzó a reírse. No con amargura, sino con un gesto de sincera sorpresa y curiosidad.

—De gran prestigio quién, ¿yo? Pero si mi nombre no sale en la prensa…

—Bueno, pero los guardias civiles que he entrevistado en Peñacastillo me han contado todo lo que has estado investigando los últimos meses, me parece impresionante.

Ella se encogió de hombros, para acto seguido corregir la posición del servilletero, que al parecer no estaba en perfecto sentido paralelo con el bordillo la mesa.

—Es mi trabajo. Y no lo hago yo sola, sino que somos un equipo de seis personas, contando conmigo.

Humildad. Me apunté el detalle mentalmente, para trabajarlo después.

—Pero tú diriges la Sección de Investigación, quiero decir… eres la jefa, ¿no?

Volvió a reírse.

—Algo así.

—Y además eres doctorada en Psicología Jurídica y Forense y has estudiado técnicas de investigación criminal en el SAC… ¿te encuentras con frecuencia con psicópatas, desequilibrados peligrosos…?

—Los psicópatas no son como salen en las películas —suspiró— y las personas con enfermedades mentales, posiblemente, son las menos peligrosas del mundo.

—¿Cómo?

Valentina volvió a sonreír ante mi indisimulado asombro. Ahora que lo pienso, a pesar de lo que me imponía su presencia, ella sonreía casi todo el tiempo.

—Quien sufre un trastorno psíquico grave suele quedárselo.

—¿Quedárselo?

—Quiero decir que lo sufre en soledad, no suele contarlo. Y cuando lo hace y accede a ayuda médica el problema suele controlarse. En realidad, sólo hay un 3% de agresiones a nivel nacional que sean cometidas por personas con trastornos psíquicos, y casi siempre es porque no han sido tratadas o porque no han seguido los tratamientos prescritos.

—No me digas… —me asombré, anotándolo mentalmente para incluir el dato en mi siguiente novela.

—Los individuos más peligrosos son los normales —añadió, mirándome fijamente.

—Ah —acerté a replicar. Comprendí que Valentina sería, sin duda alguna, una de las personas más interesantes que entrevistaría nunca. Descifrarla sería un reto. —Y tu familia, ¿cómo lleva que tengas un trabajo tan peligroso?

—Están acostumbrados. Y no es tan peligroso… al menos, no siempre. Hay días en que me entrevistan escritoras de misterio —añadió, guiñándome un ojo.

Charlamos durante casi una hora e insistió en invitarme al café. Descubrí que tenía un humor muy gallego, muy tranquilo y afable. Al despedirnos ya no me sentía intimidada por ella, el halo de misterio y distancia se había difuminado, pero sólo porque ella lo había permitido, fui consciente de ello. Me fui de Suances con una admiración inmensa por Valentina Redondo, y con una curiosidad creciente por aquella teniente que, dentro de sí misma, guardaba muchos más colores de los que mostraba.»

 

Si te ha gustado el relato, no te pierdas la serie Los Libros del Puerto Escondido y descubre todo sobre los casos de este fantástico personaje creado por María Oruña, la teniente Valentina Redondo.

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