Crónica: Eduardo Mendoza presenta ‘El rey recibe’ en Barcelona

Crónica: Eduardo Mendoza presenta 'El rey recibe' en Barcelona

Al llegar a la Biblioteca Jaume Fuster, en Barcelona, la cosa ya se intuía. Eran las seis de la tarde, y aunque el invitado de honor no tenía que hacer su aparición hasta una hora después, la gente se acumulaba en el piso de arriba. Una planta donde la aglomeración formaba una cola en forma de serpiente, seseando por el espacio para aprovechar los rincones. Aunque el reto estaba en encontrar el final, ya que el reptil se retorcía de forma caótica. Ya se había avisado, la entrada era gratuita pero de aforo limitado, así que era mejor tomárselo con tiempo. Cuando Eduardo Mendoza apareció, faltaban apenas quince minutos para que se empezara la presentación de su nuevo libro, El rey recibe.

Miqui Otero, escritor, periodista y presentador del acto, llegó con él. Aunque se acercó rezagado a la puerta, y el responsable del acceso le pregunto qué hacía allí, y por qué se saltaba la cola. Tras el ligero preámbulo, pasó sin más problemas. Una vez en el piso de abajo, donde se encontraba el Auditorio, repasó los apuntes para la presentación. A su lado, Mendoza también parecía nervioso. El autor veterano se recostó contra la puerta y picaba con los nudillos contra la madera. Aunque su cara siempre se arrugó con una sonrisa cuando se cruzaba con otra mirada. Entre el público se oían temas de aforo: el “cuánta gente” esperable, y algún “he oído que más de doscientas personas se han quedado fuera, en el piso de arriba”. De forma decepcionante, nadie pedía noticias sobre extraterrestres.

Y la presentación, propiamente, empezó. Obviamente estallaron los aplausos, y los dos comensales (Otero y Mendoza) se sentaron en dos sillones. Quizás por casualidad cruzaron las piernas en la misma dirección, y ya no las movieron. Se divisaba la química, con un deje físico. Aunque fuera un síntoma que en un principio podría preocupar, por aquello de endulzar en exceso las virtudes del libro, Otero se declaraba un admirador exclamado de Mendoza. Desde siempre. Sin embargo, su conocimiento del autor aportó más virtudes que defectos a la conversación. De inicio, sacó los temas que debían tocarse, más tarde ya se fue a los suyos.

Según Mendoza, “la memoria (personal) es una cosa que debería estar prohibida”

El rey recibe, según el propio Mendoza, es una novela difícil de clasificar. Vaya, que no se encuentra ni en su elenco ‘serio’ ni en el de ‘humor’. Esa capacidad bifásica del autor. Sin enredos de bolsa o vida. Otero la definía como “una ficción eufórica”. Con un añadido: “aquello era una promesa de una trilogía”. La primera parte de “Las tres Leyes del Movimiento”.

Tampoco está claro si es una autobiografía o no. El autor aseguraba que se lo han preguntado tanto que ya no sabe ni qué contesta. Pero vaya, que autobiográfico del todo no es. Que él no quiere indagar en sus recuerdos, porque “la memoria (personal) es una cosa que debería estar prohibida”, porque sólo se recuerda lo doloroso. Aunque confesaba que había vivido muchas cosas, y que tenía una cierta responsabilidad de contar que habían pasado. Que lo importante era cómo se habían vivido en ese momento. Según él, siempre existe una disyuntiva entre lo que ves y la opinión que te formas sobre ello, de forma que se  plantean dilemas de exposición. Al fin y al cabo, ¿quién tiene una verdad absoluta?

Crónica: Eduardo Mendoza presenta 'El rey recibe' en Barcelona - cubiertaLa conversación fluyó, y el público no paraba de reír. Mendoza es ocurrente, agudo y listo; y no necesariamente en ese orden. Aunque no era una comedia ligera. Las bromas se cargaban de existencialismo a patadas o de cambios sociales de aguda observación. El leitmotiv de las siguientes preguntas fue Rufo Batalla, el protagonista de la novela. Un personaje que tiene ciertos parecidos con Mendoza.

Obviamente no es su álter ego, acuñaba Otero, “¡esto no es una autobiografía!”. Aunque tuvo que repetirlo en diferentes ocasiones. El autor de El rey recibe se había pronunciado sobre los nombres de sus héroes, basados en nombres de tebeos. Como un pequeño homenaje, del que no se quería olvidar. Aseguraba que “cuido los nombres para que puedan estar vivos dentro del libro y no fuera”. Rufo tiene un poco ese toque. Aunque tiene ciertos aires de estar perdido en el desierto, como cualquiera, cual Pomponio.

El acto se cerraba con la promesa del autor de “hacer lo que se pueda” para acabar la trilogía. Luego, nuevamente, aplausos. A sus 75 años, y después de una hora y media de charla, se puso a firmar libros. Y la cola volvió a ser grande. Mendoza ha escrito un libro que vuelve a entusiasmar. De hecho, cuesta encontrar una lacra en su historial. Una novela que no es autobiográfica pero un poco sí, que no es seria pero que tampoco parte del humor.

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