Curiosidades sobre la vida y obra de Charles Dickens que quizá no sabías

Recordamos al autor de ‘David Copperfield’ y ‘Oliver Twist’, el cronista del pueblo.

Mañana día 8 de febrero conmemoramos el nacimiento de uno de los más destacados literatos de la historia, el francés Julio Verne, que de seguir con nosotros celebraría su 191 cumpleaños. Quiso el azar que con un puñado de horas de diferencia, pocos años antes, naciese en Inglaterra otro de los grandes de la literatura universal, pero ¿sabíais que Charles Dickens y Julio Verne llegaron a conocerse en persona? Fue durante una serie de viajes que el inglés realizó por Italia, Suiza y Francia, donde también tuvo contacto con Alejandro Dumas y de donde extraería sus ideas para la concepción de Imágenes italianas.

Los orígenes de Charles Dickens, nacido en Portsmouth en 1812, no fueron en absoluto sencillos. Encarcelado su padre por impago de deudas, tuvo que trabajar desde muy niño en una fábrica de betún para ayudar a su familia, lo que definiría la posterior inclinación en favor de las clases más humildes que podemos observar en su obra. Dickens solía construir personajes idealizados que acababan convirtiéndose en caricaturas de sí mismos al ser colocados ante determinadas situaciones. En sus novelas, el humor se transforma en sátira y esconde una fuerte crítica social destinada a denunciar el sufrimiento al que se veían sometidos los desfavorecidos para ganarse la vida en la Inglaterra victoriana.

Gran parte de su obra se publicó por entregas y gozó de gran aceptación por parte del público

Durante su vida trabajaría además de pasante, de taquígrafo, de reportero, de editor y de periodista político entre otras cosas. También actor frustrado, la literatura fue, casi desde los inicios de su actividad, la fuente de su éxito. Como era costumbre en la época, publicó casi todas sus novelas por entregas, y gozó desde el primer momento de gran aceptación por parte del público.

“Dios salve a la reina, pero confunda su política”

En 1833 vieron la luz las primeras entregas de Los documentos póstumos del Club Pickwick, la que sería su primera novela, que terminaría de publicarse en 1837 (un año antes que el relato Oliver Twist) y que le serviría de trampolín definitivo para alcanzar la fama. En la novela se narran las aventuras de Samuel Pickwick y sus tres jóvenes colegas dentro del Club Pickwick, una sociedad creada con el propósito de investigar los fenómenos más pintorescos y extravagantes, que funciona como un excelente retrato de la época victoriana que al autor le tocó vivir.

“Dios salve a la reina, pero confunda su política”

Una década después, en 1943, con Canción de Navidad, el autor logró reconciliarse con su público norteamericano, al que había enfurecido un tanto con sus Notas de América en contra de la esclavitud. El relato, considerado el cuento navideño más conocido, nos habla de la historia del huraño Ebenezer Scrooge, paradigma de la mezquindad, a quien se le aparecen los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras para recordarle sus orígenes y devolverle la ilusión por las cosas importantes de la vida.

Lector voraz, Dickens sentía una debilidad especial por las obras de Henry Fielding. Fue padre de diez hijos, y a todos sus méritos se suma el de ser el primer escritor en utilizar la palabra «detective» en sus novelas. Con Dombey e hijo comenzaría una nueva etapa en su carrera de escritor, en la que dejó a un lado la improvisación que caracterizaba su obra anterior, y la planificación y el dominio de los recursos novelísticos se convirtieron en la base de su estilo.

“Dios salve a la reina, pero confunda su política”

En 1949, ya con algunos achaques, escribió David Copperfield, considerada su novela más autobiográfica. El libro, que narra la vida de su protagonista David desde su nacimiento hasta su muerte, se convirtió rápidamente en un bestseller y terminó de consagrarlo como cronista de la realidad.

“Dios salve a la reina, pero confunda su política”

En 1959 publicó Historia de dos ciudades, y ya en 1965, la que sería su última novela terminada, Nuestro común amigo, probablemente su obra más compleja y rica, y también la más crítica con el poder y con los vicios de la sociedad de la que formaba parte. Charles Dickens murió de una apoplejía en 1870, dejando inconclusa su obra El misterio de Edwin Drood. Sus restos descansan en la Abadía de Westminster, pero sus historias perduraron y perdurarán en la memoria de los lectores por muchas generaciones.

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