5 libros indispensables para traductores y traductoras

Traducir parece que produce movimientos en la serotonina: es un nunca parar de arreglar la obra, en enfrentamientos compulsivos con la perfección. Sin llegar a la patología, es un gran síntoma de vocación y del futuro prometedor que puede tener el oficio. Sumergirse en quinientas páginas de otro idioma es un vicio para pocos. Muchos menos son los que las trasladan a nuestra lengua. Aunque de otra forma serían cuatro gatos los conocedores de Tólstoi, Murakami o Baudelaire. En pocas palabras, adiós en muchos aspectos al trabajo de la literatura universal.

En nuestra labor de reconocimiento, proponemos 5 libros para traductores y traductoras. Un cojín de reposo en el conocimiento. Porque enfrentarse solo o sola a un texto es subir al Everest y bajarlo a la pata coja. A continuación nuestra selección:

1

Un pez en la higueraEn primer lugar, Un pez en la higuera. Un libro de David Bellos que repasa, de forma amena y pedagógica, la historia de la traducción. Porque las sociedades no siempre han podido entender las palabras de sus vecinos y vecinas, y la comunicación, lo sabemos, es un elemento clave. De cómo hemos logrado salir de esta y otras preguntas nos habla David. La interacción entre lenguajes es, al fin y al cabo, nuestra propia interacción.


2

El fantasma en el libroEn segundo lugar nos encontramos con Javier Calvo, y su El fantasma en el libro. Este reconocido traductor de nuestro país nos habla sobre el oficio, su presencia y su invisibilidad. Un ensayo para dar voz al eco que representa la traducción de cualquier obra. Ya sea literaria, cinematográfica o de cualquier otro tipo. La globalización ha hecho presente este oficio en nuestro día a día. Aunque hay una profunda trastienda.


3

Libro de estilo de la lengua españolaPara cuestiones más técnicas, recomendamos el Libro de estilo de la lengua española. Una obra que presenta una panorámica de la evolución gramática, ortográfica y léxica del español. Una forma de acercarse a la normativa de la lengua viva, la que forman los hablantes y se consolida –caducifoliamente– en las instituciones. Un libro que llegará próximamente a nuestras librerías, que pone especial atención a la normativa del formato digital.


4

Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua españolaEn la misma línea, recomendamos el Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco. Una obra de referencia que acumula once ediciones. En sus páginas encontraréis la manera de resolver esas pequeñas dudas que nos surgen cuando nos ponemos a escribir, porque no todo lo sabe internet. Una clara invitación a la reflexión del lenguaje.


5

Perdón imposiblePor último, el Perdón imposible de José Antonio Millán González. Una obra que indaga uno de los aspectos más interesantes de la escritura: la puntuación. Porque una coma cambia por completo el significado de una frase, eso ya lo sabemos. Millán González propone una guía amena para encontrar la puntuación de cada uno y una, a nuestra manera, pero basándose en una normativa que existe desde hace muchos años.

 

 

 

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Entrevistamos a Fernando Cordobés y Yoko Ogihara, traductores de Haruki Murakami, con motivo del Día Internacional de la Traducción

“Sin traducción, la cultura y el saber global de la humanidad se empobrecerían hasta extremos insoportables”

La muerte del comendadorFernando Cordobés y Yoko Ogihara, traductores de Haruki Murakami El trabajo de los traductores parece invisible. Aun así, tienen un papel clave en la difusión de la literatura universal. ¿Cuál es la visibilidad ahora mismo de los traductores? ¿Y cuál deberían tener?

¿Y qué sería de la cultura occidental, oriental y, en suma, de todas las civilizaciones que conocemos sin el hecho de la traducción? La traducción literaria es, sencillamente, apasionante. Es un trabajo minucioso, solitario, exigente, duro. También es uno de los oficios más antiguos del mundo: ¿desde cuándo se traducen textos literarios? En España, por ejemplo, existió (y existe) la Escuela de Traductores de Toledo.

Sin traducción, la cultura y el saber global de la humanidad se empobrecerían hasta extremos insoportables, porque en última instancia es contacto, relación, conocimiento del Otro, aprendizaje de realidades distintas a las nuestras. Lo decía Octavio Paz y, en nuestra humilde opinión, es muy cierto: el lenguaje es ante todo traducción. Uno se enfrenta a la realidad del mundo y la traduce para sí mismo en sus propios términos.

Por otro lado, creemos que la traducción merece más atención de la que se le presta. En cualquier caso, en la actualidad y gracias a campañas muy notables, como la de ACE Traductores, somos un poco más visibles quienes trabajamos en esto. Por último, añadiríamos que lo verdaderamente importante es la obra de los autores, pero es crucial valorar el trabajo de los traductores.

Aunque precisamente no se vean, son los que más se exponen al juicio del lector o lectora. ¿Cómo se acogen las críticas?

Las críticas son necesarias e imprescindibles. Un texto se enriquece con aportaciones, no con exclusiones. Incluso cuando las críticas son severas, deberían tenerse en cuenta siempre y cuando estén argumentadas, justificadas y resulten pertinentes. Cualquiera que se dedique a algo expuesto a un determinado público, debe asumir la posibilidad de la crítica y aceptarla con naturalidad como una herramienta para reflexionar sobre su trabajo y mejorarlo.

Habéis traducido, en tándem, a Haruki Murakami, entre otros. El japonés es una lengua completamente distinta al castellano. ¿Cómo se trabajan las estructuras sintácticas o las expresiones al traducir?

El español y el japonés no son lenguas compatibles. Así de sencillo y así de difícil. La belleza de la lengua japonesa reside en conceptos, tradiciones y modos que nada tienen que ver con el español. Dos ejemplos: la repetición se admite en japonés por las características específicas de su sintaxis y no presupone un escaso dominio de la lengua; ni siquiera la afea.

La ambigüedad en el habla o en la escritura, por otra parte, puede ser y es, de hecho, una forma de belleza. Nada de esto se puede ‘trasplantar’ al español. No queda más remedio que adaptarlo a un contexto cultural (y a una cosmovisión) distinto. Eso no significa que se traicione el texto o que se invente algo nuevo.

En el caso de la literatura contemporánea, traducir es más sencillo porque partimos todos de presupuestos comunes y eso ayuda decisivamente a que la obra en sí se entienda sin mayores dificultades. Pero en ocasiones no queda más remedio que adaptar, respetando siempre el espíritu de la obra, porque, a fin de cuentas, el lector va a leer en español, no en japonés.

A nuestro juicio, lo importante es la globalidad del texto, el alma que ha querido darle su autor. Captado eso, las dificultades e incompatibilidades entre las dos lenguas terminan por encontrar siempre una salida.

“La belleza de la lengua japonesa reside en conceptos, tradiciones y modos que nada tienen que ver con el español.”

A la hora de traducir habéis trabajado varias veces en equipo. Esto, indudablemente, debe de tener sus ventajas y sus puntos flacos. Sobre todo teniendo en cuenta que los dos poseéis un trasfondo cultural distinto. ¿Cómo funciona el proceso a cuatro manos?

Lo primero es leer y disfrutar el libro. Después empieza el trabajo duro. Una segunda lectura por capítulos para ir acotando y para interiorizarlo. Entonces empezamos la traducción, paso a paso, y en cuanto llegamos al final, revisamos la primera versión en español.

Cotejamos con el original, haciendo hincapié en los pasajes más complicados, y una vez aclarado todo llega la primera corrección, cuya consecuencia es la segunda versión en español. Volvemos a leerla y señalamos las partes mejorables, por así decirlo. Después una nueva revisión, la leemos en voz alta para escucharla. Y volvemos a corregir. Así hasta que el texto llega a los lectores, se independiza y cobra vida propia con cada uno de ellos.

Murakami es un autor que ha cosechado un gran éxito a nivel mundial. Traerlo hacia el castellano debe de haber sido un reto. ¿Hay presión para traducir a grandes autores?

Por supuesto que sí, porque hay muchas expectativas e impaciencia por leer sus obras. Supone un gran desafío traducir a un autor como Murakami, es muy estimulante y, lo mejor de todo, muy divertido y agradecido. Lo que sí cambia con respecto a otros, por así decirlo, es el pánico escénico ante sus numerosos lectores. Por otra parte, la responsabilidad y el rigor en el trabajo son los mismos con todos los autores.

¿Tiene algunas peculiaridades Murakami, a la hora de traducirlo? ¿Habéis tenido oportunidad de conocerlo en persona alguna vez y hablar de la traducción?

En general, Murakami escribe en un estilo limpio, claro y directo. Cada una de sus obras es distinta, pero La muerte del comendador no nos ha planteado especiales dificultades, a excepción de algunos términos relacionados con antiguas creencias o prácticas budistas que son difíciles de entender (y de leer) incluso para los japoneses.
No conocemos personalmente al autor, aunque, como es obvio, nos encantaría tener esa oportunidad. Cuando nos han surgido dudas de traducción, sí hemos contactado con él a través de la editorial, y siempre nos ha respondido de inmediato y con mucha precisión.

“Supone un gran desafío traducir a un autor como Murakami, es muy estimulante y, lo mejor de todo, muy divertido y agradecido.” 

Las expectativas por leer su último trabajo, este primer volumen de ‘La muerte del comendador’, son muy altas. ¿Cómo se siente al ser de las primeras personas en haberlo leído? ¿Os han preguntado mucho por su trama y contenido?

El libro ha tenido mucho éxito en Japón y ya lo ha leído muchísima gente. En ese sentido, no tenemos la impresión de ser de los primeros en leerlo. No obstante, si pensamos en los lectores en español sí tenemos un poco esa sensación de primerizos. Es una situación curiosa, como si nos confiasen un secreto o nos permitiesen abrir una caja fuerte para curiosear en su interior. Muchas veces nos hemos preguntado qué impresión causará tal o cual pasaje. Al final, son todo suposiciones porque es imposible entrar en la mente de los demás.

Nosotros hemos vivido dentro de la novela durante mucho tiempo, como espectadores que se cuelan en la tramoya, como si Murakami en persona nos hubiese invitado a otear en su mente una temporada. Ése es el privilegio de los traductores: deshacer y rehacer el texto. Destejer y volver a tejer.

Sea como sea, no hemos hablado absolutamente de nada relacionado con el libro con nadie. Ni una sola palabra. Ha sido una experiencia entre los dos totalmente egoísta y privativa en el sentido más gozoso que uno se pueda imaginar. Lo que hay en La muerte del comendador corresponde descubrirlo a cada lector, no a nosotros. En eso somos inflexibles.

Un consejo para nuevos traductores y traductoras.

¡Qué responsabilidad! Como advierte Rafael Carpintero, traductor del turco, en el encabezamiento de su estupendo blog: no me pidan traducciones juradas ni técnicas (incluidas legales), háganme el favor, que no las hago y me ponen en un compromiso la mar de violento.

Ya más en serio, nuestro consejo sería: si se centran en la traducción literaria, deben tener en cuenta que, por su complejidad, exige dedicación exclusiva, y es un trabajo de hormiguita: poco a poco, todos los días, sin dejar nunca nada por recoger aquí y allá.

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Entrevistamos a Silvia Furió, traductora de Mary Beard, con motivo del Día Internacional de la Traducción

“Muy lentamente, el traductor ha ido adquiriendo una cierta visibilidad. Antes no aparecía su nombre, o aparecía en la página de créditos.”

El trabajo de los traductores parece invisible. Aun así, tienen un papel clave en la difusión de la literatura universal. ¿Cuál es la visibilidad ahora mismo de los traductores? ¿Y cuál deberían tener?

Por experiencia, puedo decir que muy, pero que muy lentamente, se ha ido adquiriendo una cierta visibilidad. Antes, en los libros, no aparecía el nombre del traductor o aparecía en la página de créditos. Ahora la visibilidad es mayor: apareces en portada o en primera página. A pesar de esto, cuando se citan obras, muy pocas veces aparece la referencia al traductor.

En los medios es incluso más complicado. Cuando se nombran libros, jamás, o casi nunca, aparece el nombre del traductor. Creo que esto es una de las cosas que deberíamos cambiar. Y quizás, también, la visibilidad pública. Sé que hace unos años hubo traductores que, en la fiesta de Sant Jordi, quisieron dar cierta visibilidad a nuestra labor. Se han hecho pequeñas cosas, pero creo que hay que seguir avanzando. También debería estar más reconocido desde el punto de vista económico.

Aunque precisamente no se vean, son los que más se exponen al juicio del lector o lectora. ¿Cómo se acogen las críticas?

Es cierto que el traductor tiene una responsabilidad a la hora de transmitir las palabras de un autor, y que, evidentemente, puede hacer fracasar una novela o un libro de ensayo. O al revés, darle una mejor acogida. Dicho esto, sobre las críticas: la verdad es que de forma escrita se reciben pocas, así que tampoco es un problema. A no ser que sea una cosa infumable, que entonces sí. A nivel prensa creo que se le da también poca importancia. Parece que es un aspecto que pasa bastante desapercibido.

“La sensación de un libro nuevo es un reto. Te preguntas, “¿seré capaz?”. Aunque lleves miles de años, como yo.”

Las lenguas son muy versátiles, y en algunos casos únicas, por eso se hace difícil la traducción enteramente literal. ¿Qué licencias tiene un traductor o traductora?

En primer lugar, has de conseguir meterte en el texto de salida. En la lengua de partida. A partir de ahí, hay que llegar a la meta pasando por una transformación. Siempre fiel al texto original, pero evidentemente transformando el estilo, estructuras, formas de decir o puntuación a tu lengua, para que suene español, pero no raro, que no chirríe. Aunque hay licencias. Por ejemplo, en el tipo de lenguaje. El lenguaje coloquial, cuando se dicen dichos o frases hechas, hace imposible la literalidad. Tienes que buscar equivalentes, o dar a veces un rodeo. Cuando una palabra o una forma de expresar no la tenemos, la frase se tiene que reconstruir.

Finalmente, lo que sale es, obviamente, una versión del original. No se puede evitar. Eso del traduttore traditore, pero entre comillas. Más que una traición es ponerlo en una lengua y que esta lengua no sufra. Esta es mi técnica. Leo, medito, y lo saco en mi lengua. Es una forma de que no quede una cosa demasiado literal.

Seguramente seguir un método es básico para un traductor. Marca unos límites. Aunque cada uno debe ser diferente. ¿Cuáles son las técnicas y complejos de Silvia Furió?

En el momento en que recibo el libro hago una lectura rápida. La sensación de un libro nuevo es un reto. Te preguntas, “¿seré capaz?”. Aunque lleves miles de años como yo. Luego me pongo propiamente a traducir: lo primero que hago es leer un párrafo y hacer una primera versión, que es la que me sale. Luego acabo el párrafo y me lo leo. Entonces empiezo a cambiar palabras, comas, a rehacer frases…hasta que veo que el párrafo no suena a la lengua de partida, sino a un castellano correcto. Y así sigo.

Cuando termino el capítulo, vuelvo a leerlo otra vez, y todavía se corrige. Cuando se termina el libro hago la lectura global. Porque cuando traduces es como si cogieras una lupa. Miras las cosas en tal detalle que pierdes la perspectiva general. Una lectura al final te da una visión global. Y aun así, vuelves a corregir. De hecho, si te dejan el libro mucho tiempo lo vas cambiando siempre. Lo que tiene este trabajo es que es como una adicción. Si te gusta, disfrutas con él, y no terminas nunca de perfeccionar.

“Cuando traduces es como si cogieras una lupa. Miras las cosas en tal detalle que pierdes la perspectiva general. Una lectura al final te da una visión global.”

En tu caso, has conocido a Mary Beard en persona. Normalmente, ¿hay comunicación entre el escritor y el traductor? ¿Cómo influye en la forma de traducir?

He tenido pocos contactos con escritores que haya traducido. Con Mary los he tenido a través de la editorial. Pero no afectan al trabajo, porque los encuentros han sido a posterior.

Por otro lado, traduje Esa maldita guerra de España, y en ese caso fue diferente. Lo iba traduciendo a medida que el autor lo escribía, de forma que aquí sí que había comunicación. El autor tenía mucha obsesión en que yo captara la ironía del texto. No en el sí de la traducción, sino en el estilo y la forma. En este sentido fue un poco agobiante.

Con otros, recibí agradecimientos de forma posterior. Lo cual es realmente muy satisfactorio. Te motiva. Pero en mi trabajo de traducción no ha influido nunca, porque simplemente he tenido contacto por sugerencias o agradecimientos. Aunque a veces lo echo en falta. Para poderles hacer preguntas concretas. Pero sé que es difícil.

¿Qué libros te habría gustado traducir?

Me hubiera gustado traducir alguna cosa de novela. Alguna clásica, de algún autor consolidado. Aunque lo que traduzco ahora me gusta. Cuando tienes que traducir cosas que no te interesan, es muy duro. Puedo decir que no me ha pasado nunca, por lo que estoy muy agradecida.

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Consigue una experiencia literaria y gastronómica en Vitoria con “Los señores del tiempo”

Bases legales de participación

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Entrevistamos a Nuria Gago y Ana Urrutia con motivo del Día Mundial del Alzheimer

dia mundial alzheimer

Hoy es el Día Mundial del Alzheimer. Una enfermedad que, si no la vivimos de cerca, se nos hace presente a relámpagos: como un pequeño destello de lucidez, que lleva un ruido atronador. En España, según la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA), hay 800.000 casos de esta enfermedad. Una realidad que nos puede tocar así o asá, pero que necesita ser explicada a la sociedad.

Por eso, hemos reunido a dos voces que, de alguna manera, han convivido con esta enfermedad. Por un lado, Ana Urrutia es doctora y presidenta de la Fundación Cuidados Dignos. En su libro, ‘Cuidar’, reúne casos reales de tratamientos recibidos por personas mayores en centros especializados. Su mensaje surge a través de pequeños cuentos: hay que cambiar la forma de cuidar a este sector de la población. Basta de paternalismos y herramientas como, por ejemplo, las sujeciones. Una realidad muy comprometida de esta enfermedad.

Por otro lado, también queríamos dar voz a alguien que ha sufrido la enfermedad de cerca. Nuria Gago, actriz y escritora, incluía en su libro, ‘Quiéreme siempre’ (ganador del Premio Azorín de Novela 2018), el Alzheimer como uno más de los personajes. Su protagonista es Lu, una chica que vuelve a Barcelona después de pasar varios años viviendo en París. Empezará entonces a cuidar a Marina, una mujer de avanzada edad, siempre pendiente de su hermana María, enferma de Alzheimer. Gago se había encontrado con la enfermedad en su familia: su abuela la padeció. La suya es una reivindicación tierna e introspectiva.


Entrevista a Ana Urrutia 

“Si el modelo no cambia, nosotros sufriremos, en cierta medida, lo que están sufriendo estas personas”.

cuidar

ana urrutia

¿Por qué era necesario escribir el libro ‘Cuidar’?

Yo lo que he pretendido hacer con el libro es escribir casos prácticos, y demostrar que otra forma de cuidar a nuestros pacientes es posible. Una diferente a la que habíamos utilizado hasta ahora. Veo deficiencias en la manera en que cuidamos, en general, a las personas mayores. Aunque muy especialmente a las personas con demencia. En ese sentido, creo que hay que cambiar el modelo. ‘Cuidar’ lo que hace es decir a la población que este cambio es posible.

¿Cómo es la aproximación narrativa a casos reales de Alzheimer?

Lo que pretendía era hacer pequeños relatos, como pequeños cuentos, pero que en realidad cuentan la realidad. Para que resulte atractivo para el lector. De forma que no resulte un libro técnico hecho únicamente para profesionales. Todos los cuentos de ‘Cuidar’ son historias reales, aunque he cambiado los nombres de las personas. En ocasiones incluso el sexo. Lo que no he cambiado son las enfermedades que estas personas padecían, ni cómo fue el proceso. Introducir ciertos aspectos de forma amena, y atractiva. A través del relato intento exponer también algunas de las herramientas de trabajo que yo utilizo.

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Entrevista a Nuria Gago   

“Mis amigos me salvaron del dolor más absoluto ayudándome a acompañar a mi abuela.”

quiereme siempre

nuria gago¿Por qué decidiste introducir una enfermedad como el Alzheimer en tu libro?

 Creo que es muy importante visibilizar la realidad del Alzheimer, creo que la literatura y el arte en general, tiene la obligación de representar a su sociedad al completo y que es necesario oír historias de todo tipo para como lector/lectora, sentir que se habla de ti. El Alzheimer es un mal que afecta a muchas personas y hay muchos personas cuidando de ell@s que hacen una labor increíble, tanto familiares como personal especializado, la vejez se oculta en estos días en los que la belleza y la juventud nos bombardean en todos los medios, así que creo que hay que darle su lugar.

¿Cómo se trata una enfermedad desde la ficción?

Con todo el respeto posible, documentándote muy bien y tratando de reflejar con todo el amor y la exactitud posible la realidad de esa enfermedad, para hacer que la historia que escribes sea una verdadera ventana de comunicación entre las personas que lo leen y los que viven esa realidad a diario.

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