Paseos por la Habana con Mario Conde y Leonardo Padura

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Si alguien quiere conocer la auténtica ciudad de La Habana(no la que aparece en los folletos turísticos, sino la real, la que viven cada día los habaneros), tiene que leer imprescindiblemente a Leonardo Padura. De la mano de su detective, el policía Mario Conde, cubano por los cuatro costados, nos adentramos por las calles de la Habana y conocemos cómo viven o sueñan los cubanos.

Padura dice que él no escribe novelas, sino  “metáforas policíacas”. Y es cierto, porque la saga creada a partir de este peculiar y sensible policía, va más allá de la novela clásica de detectives para mostrarnos la realidad de un país y de una ciudad, La Habana, que se convierte en un personaje más. El entrañable Mario Conde es un detective sui géneris, un policía que quiso haber sido escritor, fumador empedernido, amante de la buena cocina cubana y de las mujeres bellas, que vive rodeado de amigos que le acompañan desde sus años en el Instituto. Es un personaje culto, inteligente, buena persona, noble y con un gran sentido de la amistad, pero a la vez es un hombre triste, descreído y agobiado, que imagina un pasado que nunca existió, donde él es escritor y sus amigos han logrado cumplir sus sueños.

Una metáfora de la realidad cubana

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Las novelas de Padura son un cuadro de la sociedad real cubana, con sus defectos, sus miserias y también de sus virtudes. Toda su obra transmite un enorme amor por Cuba, por sus gentes, por su clima, por la forma de vida, a pesar de las desigualdades, del racionamiento, e incluso de las persecuciones. Con Mario Conde descubrimos los barrios menos turísticos y también la cocina cubana, de la mano de Josefina, la madre de un amigo que consigue hacer milagros en una Cuba donde la escasez es lo habitual.

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Las metáforas policiacas de Padura son buenas intrigas criminales pero también un retrato apasionado de los espacios urbanos más característicos de La Habana. Como protagonista, destaca el barrio de La Víbora, que describe en realidad el barrio de Mantilla en el que vive el autor; desde aquí el personaje se mueve por toda la ciudad, desde los lugares más típicos y emblemáticos (el malecón, la Habana Vieja, los cafés como El Louvre, hasta las mansiones de Miramar o el Vedado o el elegante barrio del Casino Deportivo, donde los dirigentes revolucionarios viven en cuidadas casas con jardines. También encontramos en sus páginas la descripción de otra Habana, la del pasado, la que vive en la nostalgia del detective y sus amigos: los juegos de pelota, las peleas de gallo, los barrios que estuvieron llenos de vida y que hoy agonizan,

En las novelas de Padura encontramos críticas contra la marginalidad de los homosexuales, la denuncia de robo de libros y pinturas desde bibliotecas y pinacotecas estatales, el efecto en los jóvenes de la participación cubana en la guerra de Angola, la descripción de periodos especialmente complicados en la política y economía de Cuba, y el retrato apasionado de los espacios urbanos más característicos de La Habana.

Pero entre estas líneas nos aparece también la vida diaria del cubano: la comida, la música, la prensa, el partido de béisbol, la televisión, las telenovelas, las tradiciones, la música, y sobre todo, su particular relación con una ciudad que es a su vez un ser vivo que lucha por sobrevivir.

Un paseo por La Habana

Con una novela de Padura en una mano y la guía Lonely Planet de Cuba en la otra proponemos un paseo esencial por La Habana:

La Habana Vieja

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Repleta de joyas arquitectónicas de todas las épocas, es una de las colecciones de edificios urbanos más completas de toda América: más de novecientos edificios de importancia histórica, que van desde el intrincado barroco hasta el ostentoso art déco. Una introducción relámpago a lo mejor del barrio pasa por las cuatro principales playas: la de Armas, la Plaza Vieja, la de San Francisco de Asís y la plaza de la catedral.

Centro Habana

En esta zona de la ciudad está el edificio más ambicioso y majestuoso de toda la ciudad, el Capitolio Nacional que imita al de Washington D.C, pero alto más alto y mucho más rico en detalle. Fue iniciado en 1926 y albergaba (hasta 1959) al Congreso cubano. Después ha sido Academia de Ciencias y Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología. En esta zona de la ciudad están otros lugares muy simbólicos como la Real Fábrica de Tabacos Partagás, el Parque de la Fraternidad, el Gran Teatro de la Labana, el Parque Central o el Hotel Inglaterra. Mario Conde pasea frecuentemente ante estos lugares.

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El Vedado y Miramar

El Vedado es el núcleo comercial de la Habana y el distrito residencial por antonomasia. Trazado como una cuadrícula casi perfecta podría ser parte de una ciudad norteamericana,  incluyendo su pequeño grupo de rascacielos inspirados en los gigantes art déco de Miami y Nueva York. Es el fruto del idilio de Cuba con EEUU durante los años 50. El Hotel Nacional, el Capri o el hotel Habana Libre son junto la Plaza de la Revolución y el Maleón sus puntos más icónicos.

Miramar es un barrio periférico de amplias avenidas, el preferido por los diplomáticos, lleno de viejas mansiones prerrevolucionarias convertidas hoy en centros para turistas de élite o embajadas. Aquí están ahora algunos de los mejores clubs de salsa, discotecas y restaurantes.

El Malecón

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Es el evocador paseo marítimo de La Habana, con 8 km de largo, una de las zonas más cubanas de todo el país. Tradicionalmente fue punto de reunión de amantes, filósofos, poetas, trovadores nómadas, pescadores y melancólicos que se acercan al atardecer cuando la débil luz amarilla que llega desde El Vedado se filtra como una tenue antorcha hacia los edificios de Centro Habana. Es sin duda el teatro al aire libre más auténtico de La Habana donde todo el mundo acude para encontrarse, saludarse y debatir.

 

Café El Louvre

Un ejemplo de los lugares con historia, declarado Monumento Nacional. Este café o bar al aire libre ocupa los bajos del Hotel Inglaterra, el más antiguo de la ciudad (1856). Es un edifico que mira al Parque Central, con diseño neoclásico pero con una decoración interior morisca. Está entre el Paseo del Prado y la esquina de la Calle San Rafael (donde hay muchos puestos de comida rápida). En el Louvre se sirven buenos bocadillos y excelentes mojitos, daiquiris y cubalibres durante todo el día y parte de la noche.

Barrio de La Víbora

Uno de los lugares más importantes de la ciudad para el detective Mario Conde. Este es un barrio popular, apenas unas calles en las que se encuentra el Instituto en el que estudió junto con sus amigos más queridos. Son un cuadrilátero de calles con numerosos centros de enseñanza y donde hoy se pasea la “fauna” urbana más variopinta. Son el ejemplo de esa otra Habana que ningún turista contempla jamás.

Zona del Parque Lenin

Es una muestra de esos barrios periféricos de la ciudad por los que deambulan los personajes de Padura. Este parque, a unos 20 km al sur del centro de la ciudad, es la zona de ocio más grande de la Habana. Son 670 Ha de parque con preciosos bosques con solera, que rodean un lago artificial. El lugar no pasa por su mejor momento, aunque algunos de los personajes de Padura recuerdan esos tiempos en los que “Lenin” era un idílico refugio de fin de semana.

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Para saber más de Cuba: guía Lonely Planet de Cuba

//www.planetadelibros.com/cuba-6-libro-116922.html

Para saber más de Leonardo Padura y de su obra

http://www.leonardopadura.com/

http://www.tusquetseditores.com/clasificados/serie-mario-conde

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