Lina Ben Mhenni, la bloguera que inició la revolución de la dignidad

“Como muchos jóvenes, tengo un sueño: quiero que el mundo cambie”

“Tenemos que volver a nuestras pantallas: el papel de un bloguero no se acaba nunca”

La aspiración de Lina Ben Mhenni sin duda la compartían muchos otros tunecinos, jóvenes y no tan jóvenes, a finales de 2010, cuando un hombre, Mohamed Bouazizi, se quemó a lo bonzo para protestar por las condiciones de vida y la represión del régimen del dictador Ben Alí. En la revuelta popular que siguió a ese grito de protesta, Lina Ben Mhenni, desde su blog, A Tunisian Girl, se convirtió, gracias a su compromiso, su lucha infatigable y su voluntad de no dejarse vencer por la censura, en una de las voces más escuchadas y en un referente para todos los tunecinos.

La revolución de la dignidad es el relato en primera persona de lo sucedido en esos meses, la red informativa y de ayuda mutua que se tejió en aquellos momentos gracias a las redes sociales. Estas páginas dan cuenta del papel de Lina Ben Mhenni en el estallido de la marea árabe, la primera revolución de la historia que tuvo como principales armas los bytes y no las pistolas, y que todavía no ha dicho su última palabra. Porque, como asegura Ben Mhenni, “tenemos que volver a nuestras pantallas: el papel de un bloguero no se acaba nunca”.

Lina Ben Mhenni nació en 1983 en una familia de militantes opuestos a la dictadura. Su padre sufrió la represión del régimen tiránico de Bourguiba y su madre fue miembro destacado de la Unión General de Estudiantes de Túnez, una de las organizaciones opositoras. A pesar de que en su casa no sobraban los recursos, Ben Mhenni pudo completar una buena educación, que la llevó a trabajar a Estados Unidos como profesora. Fue allí cuando inició su ciberactivismo, denunciando la situación en la cuenca minera de Gafsa en 2008, aunque su pasión por la blogosfera venía de largo y le sirvió de mucho durante su convalecencia del transplante de riñón a la que fue sometida en 2007. Actualmente es profesora de inglés en la Universidad de Túnez. Lina ha recibido en Bonn el galardón al Mejor Blog 2011 por su A Tunisian Girl y el Premio Internacional de Periodismo de El Mundo.

“Soy una bloguera y siempre lo seré”

Lina Ben Mhenni se autodefine como un “electrón libre”, una ciberactivista que quiere seguir disociada del poder.

Tras este 2011, las academias de la lengua deberán aceptar una nueva palabra, asentada ya en nuestro vocabulario y de un poder real, como hacía tiempo que no se conocía en nuestra historia reciente. Esta palabra es “ciberactivismo” y más importante aun son los brazos ejecutores de este vocablo, los “ciberactivistas”. Ellos fueron los grandes protagonistas de la revolución tunecina, como bien explica Ben Mhenni en esta crónica de la reciente revuelta, primer disparo del resto de recientes explosiones democráticas en el mundo árabe.

“Los usuarios de Internet tunecinos conocen muy bien el mensaje de Error 404 Not Found, hasta el punto de inventarse un personaje virtual al que han llamado Ammar 404, armado con las tijeras de la censura”.

Los ciberactivistas a los que esta joven bloguera tunecina da voz en estas páginas, sufren constantemente la presión –arrestos, torturas, interrogatorios, ejecuciones…- de sus gobiernos, que a pesar de aplicar férreamente la censura, son incapaces de tapar todas las grietas que se abren progresivamente en el muro de la libertad gracias a la World Wide World.

Ben Mhenni relata en estas páginas su experiencia personal, la de esa Tunisian Girl que a través su blog  intervino decisivamente en los acontecimientos que a primeros de 2011 proyectaron al mundo la lucha de unos ciudadanos cansados de la corrupción, el nepotismo, la represión de una tiranía feroz. A través de estas breves páginas, junto a Lina, asistiremos a su toma de posesión del ciberactivismo. Poco a poco, conoceremos a una mujer comprometida con su pueblo, que arriesga su propia vida para ayudar a cambiar el destino de Túnez.

Crónica de una revolución 2.0

“Después empecé a sentirme cada vez más segura y a entender la verdadera función de una bloguera: estaba allí para hacer fotos, grabar secuencias de vídeo, dar testimonio, para rebatir la sarta de demencias que, sin duda alguna, los leales a Ben Alí iban a descargar sobre nosotros”.

A veces llena de odio y rabia, otras esperanzada y luchadora, página a página, sentimos los pasos de Ben Mhenni hacia la libertad. Junto a ella conoceremos la que algunos denominaron como «la revuelta del jazmín» ―expresión desafortunada, según nuestra autora, si se tiene en cuenta el rastro de sangre y tragedia dejado por la reacción violenta de la dictadura―, la más importante en el país en los últimos 30 años.

La voz de las revoluciones árabes está en Internet. Y por dar a conocer sólo algunas cifras elocuentes: en octubre de 2009, había 860.000 tunecinos en Facebook; en enero de 2011, después de los acontecimientos relatados por Ben Mhenni, eran ya 2.400.000 facebookeros. Internet, entre muchas otras cosas, se ha convertido en una red de solidaridad insospechable hace meses, tremendamente poderosa, incomparable. De Túnez a Egipto, de Argelia a Yemen, de Jordania y Siria, así como de la Puerta del Sol madrileña y la plaza de Catalunya de Barcelona a la plaza Syntagma griega, los internautas se han organizado para plantar cara a los abusos de los poderes políticos y económicos.

Para Mhenni, incluso se puede ir más allá, y plantear que la red es “un instrumento de ensueño para la democracia directa ciudadana”. Por el momento, Internet y las redes sociales se han revelado como una de las herramientas útiles para quienes aspirar a cambiar el mundo o, al menos, a dar un vuelco a ciertas realidades que parecían intocables.

Cronología de la revolución de la dignidad

«Lina no le habló al cruel Ben Alí, al menos no direc¬tamente, pero sus palabras llegaron al oído del tirano, perforaron sus tímpanos y derrumbaron la estatua. Y todo ello porque, al contrario que Sherezade, Lina decidió contar lo que ocurría a quienes estaban al otro lado de su ordenador; a cuantos desconocidos poblaban la vibran¬te oscuridad de las redes; a todos aquellos que también conservaban entre sus manos el calor de la chispa que, algún día, contribuiría a desatar el incendio.» MARUJA TORRES en el prólogo.

El catalizador de esta revuelta popular democrática –la más importante en Túnez desde los años ochenta cuando tuvieron lugar en el país magrebí las “revueltas del pan” durante una fuerte crisis económica- fue la inmolación del universitario Mohammed Bouazizi en la ciudad de Sidi Bouzid, en diciembre de 2010. Este joven se quemó a lo bonzo para protestar por la represión policial que le condujo a cerrar su puesto callejero de venta de frutas, que le permitía mantenerse y pagar sus estudios. Este hecho detonante, junto al cada vez más alto precio de los alimentos básicos, la corrupción endémica y la cada vez más complicada supervivencia de los tunecinos, especialmente de los jóvenes, desde la crisis económica que sufría el país desde 2008, desbordó las calles de quienes pedían la destitución del autocrático presidente Ben Alí.

En enero de 2011, la represión del Gobierno contra los manifestantes aumentó y tuvo lugar una de las primeras y mayores ciberacciones: el movimiento de internautas Anonymous arrancó la Operación Túnez y logró colapsar las páginas web del régimen. Se suceden las detenciones de blogueros y ciberactivistas tunecinos que llaman a la movilización popular.

Las protestas fueron cada vez mayores y forzaron al Gobierno a anunciar la legalización de todos los partidos y la liberación de todos los presos políticos. Se formó un gobierno de unidad con carácter provisional, integrado por cuatro ministros de Ben Alí y políticos de la oposición. Pero, apenas duró unos días y el nuevo régimen de Mohamed Ghannouchi se tambaleó ante las concentraciones ciudadanas. Finalmente, y concatenando gobiernos de transición, se esperan elecciones a la Asamblea Constituyente para el próximo 23 de octubre. Sea cual sea el resultado final, Lina y sus amigos de las redes sociales ya han triunfado: su pacífica insurrección en línea desencadenó esa «primavera árabe» que ha abierto la esperanza en un futuro democrático para millones de personas.

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