“Somos una especie itinerante y la tierra ha sido nuestro primer campamento”

Javier Tejada y Eugene Chudnovsky presentan El viaje de Cloe, un relato didáctico, que sirve para hacer llegar al gran público contenidos de alto nivel científico y tecnológico.

Éste es el sueño de Cloe, una diminuta exploradora que emprende un viaje a través del universo. Tras ver destruida la estrella Cassiopeia A, su hogar, Cloe comienza un viaje de mil años por distintas galaxias, los cometas que forman el universo, enanas blancas y gigantes rojas.

En su recorrido por toda la Via Láctea, en el que descubre tanto el orden perfecto y la máxima simetría como la fluidez escurridiza, la pequeña llega a la Tierra. Se introduce en su atmósfera y entra en contacto con los átomos, sus componentes más elementales, a los que ella denominará “matería fría. Explora el mar y el cielo y se adentra, incluso, en el interior del cuerpo humano, donde observa, abrumada, la actividad cerebral relacionada con los pensamientos y los procesos eléctricos y magnéticos asociados a los latidos del corazón de los enamorados.

Javier Tejada (Castejón, Navarra, 1948, es catedrático de física en la Universidad de Barcelona y doctor honoris causa por la Universidad de Nueva York.Junto con sus colaboradores, ha realizado descubrimientos fundamentales en magnestismo cuántico, por lo que fue escogido fellow de la American Physical Society.Es el inventor de una docena de patentes de ámbito internacional, es autor de monografías científicas especializadas e imparte conferencias en numerosos países. Entre otras distinciones, ha recibido diferentes premios nacionales e internacionales, como el Príncipe de Viana de la cultura (2006), el ICREA Academia (2009) y el Premio Nacional de Física (2010).

Eugene Chudnovsky (San Petersburgo, 1948) es catedrático de la Universidad de Nueva York y miembro del Instituto de Física Teórica de Santa Bárbara, en California. Está considerado uno de los más relevantes científicos contemporáneos por sus trabajos en defensa de científicos perseguidos por razones políticas. Sus teorías sobre el magnetismo y la superconductividad le han valido distinciones y premios, como la de la fellow American Physicial Society.

ENTREVISTA A JAVIER TEJADA

Cloe es una partícula nuclear que, después de ver destruido su hogar, el planeta Cassiopeia A, se enfrenta a un universo desconocido. Así, comienza un viaje por galaxias, donde descubrirá un planeta inusual, la Tierra. ¿Por qué escogieron el nombre de “Cloe” para su protagonista?

El nombre de Cloe lo eligió mi hija Laia. Cuando Eugene y yo ya teníamos planeado escribir el libro y  comentamos en nuestros círculos más íntimos de qué iba, surgió la voz de Laia que nos dijo que un ser tan aventurero, inteligente, bondadoso y tan curioso por el amor debería estar representada por una fémina y además nos dijo que su nombre debía ser Cloe. Una vez escrito el libro creemos, Laia también lo piensa, que posiblemente fue la mismísima Cloe la que le susurró su nombre en aquel preciso momento.

¿Cómo surgió El viaje de Cloe? ¿En qué se inspiró?

El libro surgió del sueño que tuvimos Eugene y yo una noche de verano. Un sueño tan claro, tan lleno de imágenes de estrellas, de átomos y de nítidas representaciones de todo lo que el hombre ha hecho en la tierra y que, además,  planteaba preguntas de futuro de la humanidad debía ser escrito de inmediato. Para ello pusimos en su escritura lo mejor de nosotros mismos, para estar a la altura de lo que Cloe nos había dejado impreso en nuestros cerebros. Así pues, nuestra única fuente de inspiración fue ese sueño que tanto nos turbó al principio, que nos supuso tener una experiencia totalmente nueva y  disfrutar como niños durante todo un verano.

En el libro explica cómo dos individuos pueden pensar o soñar lo mismo si se conectan sus mentes. ¿Cómo se producen estas conexiones?

Si se diera el caso que las conexiones sinápticas del cerebro de dos personas se manipularan para que representaran las mismas imágenes y pensamientos, sería posible que dos personas soñasen exactamente lo mismo. Nosotros creemos que eso es lo que nos ocurrió y que además fue Cloe, poseedora de una inteligencia nuclear muy superior a la nuestra, quién lo hizo. Las conexiones sinápticas entre neuronas son pequeñísimas corrientes eléctricas que se establecen entre miles de millones de células del cerebro.  Dependiendo de la intensidad de dichas  conexiones hay recuerdos, pensamientos, emociones y amores que perduran para siempre o desaparecen al poco de producirse.

En El viaje de Cloe trata el tema del enamoramiento. ¿Una conexión mental entre individuos puede suponer el inicio del amor?

A primera vista, en el amor parecen estar implicados el corazón y el cerebro. De hecho, el amor lo representamos con un corazón y,  a veces, nos decimos te amo con todo mi corazón. Pero es el cerebro el órgano que ordena al corazón acelerarse ante la mirada y  las caricias del ser amado. Lo que Cloe no ha llegado a entender hasta ahora es el camino que seguimos  a la hora de elegir pareja. Cosa que nosotros tampoco sabemos. Nuestro cerebro no es una máquina con funcionamiento determinista como lo es un ordenador.

 El libro habla, a través de la ciencia, del progreso del mundo ligado a las emociones humanas. ¿Para que la humanidad avance, deberían la ciencia y las emociones, como el amor, caminar juntos?

Yo no creo que la humanidad en su estado de evolución actual esté capacitada para hacer caminar en fase a la ciencia y al amor.  Incluso creo que no sería bueno que lo hiciera. Si hemos llegado hasta aquí, ha sido gracias a un proceso evolutivo que primero desarrolló las capacidades emocionales y amorosas y miles de años más tarde el cerebro fue capaz de hacer ciencia y desarrollar las máquinas tecnológicas. Sin ciencia la humanidad hizo mucho y sigue haciendo también mucho pero con la ciencia es más consciente de lo que hace.

En sus exploraciones, Cloe descubre tanto el ecosistema natural como el humano, pero no acaba de entender hacia dónde se encamina el Hombre como civilización. ¿Hacia donde se dirige la humanidad: hacia un mundo regido por las máquinas y la ciencia o las emociones?

Los fenómenos naturales y los debidos a la acción del hombre poseen la misma categoría, pero la naturaleza todavía sabe mucho más que nosotros. Lo que sí sabemos es que lo que tenemos por delante, lo que llamamos futuro, está lleno de incertidumbres y zonas oscuras que no sabemos cómo iluminar. Hasta ahora nos hemos limitado a consumir toda la energía disponible y al mayor ritmo posible, pero este proceso evolutivo que siguen todas las especies animales puede llegar a su final si hay escasez de energía. Además debemos tomar buena nota de que somos una especie itinerante y que la tierra ha sido, posiblemente, nuestro primer campamento.

Los humanos aún desconocemos muchas cosas sobre nosotros mismos. ¿Deberíamos tomar más conciencia del funcionamiento de nuestro cuerpo?

El cuerpo humano es fruto de un proceso evolutivo que dura ya miles de años por lo que ha adquirido una complejidad tremenda que nos llevará muchísimos años desvelar en su totalidad, si es que se consiguiera algún día. Sí que hemos avanzado y mucho pero nos falta todavía mucho más por descubrir.  Lo que sí está claro es que hay funciones básicas de nuestro cuerpo de la que todos deberíamos estar al día de su buen o mal funcionamiento con chequeos periódicos a partir de ciertas edades. La medicina aliada con la robótica y las telecomunicaciones nos llevarán, sin duda ninguna, a un mundo diferente y también a un hombre que deberá revisar la condición humana.

Durante su viaje, Cloe se adentra en el cuerpo de los humanos y explora el funcionamiento del cerebro. La ciencia avanza cada vez más deprisa, con las nuevas tecnologías. ¿Conocemos cómo funcionan nuestra mente y emociones?

 El cerebro es tan complejo que no sabemos cómo opera para sumar dos más dos, así que no nos debe extrañar que las emociones, los pensamientos y el amor se hayan convertido en los grandes interrogantes de nuestros días. La única solución que tenemos es intentar dominar todo este embrollo a base de saber el comportamiento medio de millones de personas ante las mismas disyuntivas. De hecho, este es el criterio que se aplica un médico a la hora de elegir un fármaco para curar una enfermedad o que utilizan los astrónomos y astrofísicos  para saber la edad de una estrella.

A través del viaje por el universo y la Tierra, Cloe descubre los fenómenos naturales del planeta. ¿Le damos al medioambiente la importancia que se merece?

Creo que la humanidad ha mirado, hasta hace bien poco, a otra parte cuando se hablaba del deterioro del medio ambiente o se discutía sobre el cambio climático. Este hecho no tendría mucha importancia si tuviéramos energía suficiente para arreglar los desastres que causamos. El consumo masivo de tanta energía y la imposibilidad de cubrir todas nuestras necesidades con fuentes de energía no contaminantes nos puede llevar a pasar de un estado regido por leyes deterministas a otro regido por leyes del caos

Sabemos que el Big Bang, hace 14 millones de años, originó el universo. Sin embargo, aún hay muchas cosas que desconocemos, como la existencia de otros planetas u otras formas de vida. ¿Cree en la posibilidad de que nos pase como a Cloe en su viaje?

En la actualidad, los científicos que estudian el universo  dicen que existe mucha más materia de la que hasta ahora se había pensado que había, la llamada materia oscura, y que incluso pueden existir otros miles de universos. Todas estas ideas no están demostradas experimentalmente,  pero han abierto de par en par todo un nuevo campo de investigación y de nuestra cosmovisión.

Respecto a que nos pueda pasar como a Cloe, creo que sí podría ser, pero para ello debemos transformarnos en una civilización mucho más tecnificada y hacernos viajeros espaciales. Lo crucial es reconocer que si hay energía puede haber vida y además saber reconocerla, e incluso, interaccionar con ella como Cloe ha hecho con los humanos.

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