Vicente Gramaje, de médico rural a escritor superventas

Más de 50.000 lectores ya se han dejado seducir por Cuando leas esta carta, una historia de amor eterno ambientada en el desastre de Annual de 1921

La obra debut de un médico rural de Valencia aficionado a la escritura, premiado por los lectores con el Premio Círculo de Lectores 2011 y ahora, por fin,  en librerías de la mano de Destino.

Un relato de amor interrumpido por la guerra durante el protectorado español en Marruecos, homenaje a todos los soldados españoles, “un pequeño gesto para no olvidar”.

Aquí puedes leer el primer capítulo

Vicente Gramaje (Valencia, 1961) es médico rural en un pueblo valenciano de tres mil habitantes, Godelleta. Le gusta viajar y leer, sobre todo novela histórica y relatos de viajes. Precisamente fue una de estas lecturas, la de los hechos acontecidos durante el verano de 1921 en lo que entonces era el Protectorado de Marruecos, la que le estimuló a la escritura de esta novela, la primera de su autor, que ha ganado el Premio Círculo de Lectores 2011.

“Un pequeño gesto para no olvidar”

Víctor ha colgado el estetoscopio y la bata y, al menos por un año, ha dicho adiós a su consulta. Necesita asumir la reciente muerte de su esposa, pero también recuperar su fe en la medicina y la confianza en sí mismo. En busca de soledad, parte de viaje por el norte de Marruecos, donde asiste al curioso hallazgo de una antigua fosa común llena de restos de soldados españoles masacrados en el Desastre de Annual en 1921. Pero Víctor encuentra algo más, algo que se lleva consigo como inofensivo recuerdo: una botella lacrada en cuyo interior hay una carta, acaso las últimas palabras que un tal capitán Gimeno, ante la certeza de su muerte, escribió a su amada. Y sin siquiera haberla leído, Víctor siente que debe hacer todo lo que está en sus manos para entregar esa carta.

Nota de autor

‹‹Los hechos narrados en la posición de Chemorra son ficticios. Según El Expediente Picasso, esta posición estaba abandonada cuando ocurrieron los hechos desarrollados en la novela.

El capitán Pedro Gimeno Trester nunca existió, ni ninguno de los soldados que la ocuparon. El final del capitán Gimeno está inspirado en el de otro oficial cuyo nombre oculto por respeto a su familia y que fue hecho prisionero en una posición que resistió heroicamente. Fue fusilado en los primeros días de la rebelión militar de 1936 por permanecer fiel ala República.[…]

Me gustaría que este libro fuese un pequeño gesto para no olvidar. No olvidar a tantos y tantos Merencianos, Santos, Ramones, sargentos Nogués, tenientes Martín, cabos Caparrós, Zagales… que protagonizaron uno de los sucesos más dramáticos de nuestra historia reciente y que yacen en un Panteón al otro lado del Estrecho.

Una última anotación. Cuando la novela ya estaba largamente empezada tuve acceso a una relación de los objetos encontrados en la fosa de Monte Arruit y que fueron guardados en un cofre metálico que se depositó junto a los restos en el Panteón de los Héroes. Entre los botones, monedas, insignias… había una botella.››

Los últimos muertos de Monte Arruit

 ‹‹Restos mortales de los heroicos defensores e la posición de Igueriben que, al mando del comandante de infantería D. Julio Benítez Benítez, prefirieron morir a rendirse el 21 de julio de 1921.››

Vicente Gramaje estaba un día curioseando en una librería de viejo cercana a la Plaza Mayormadrileña cuando encontró un libro que llevaba por título Igueriben. Se trataba de las memorias del único oficial superviviente de aquel episodio bélico. Su lectura despertó en este médico rural aficionado a los viajes y a la lectura un interés por la Historia de España, especialmente por el periodo que abarca los primeros años del siglo XX, la Guerra del Rif.

Apasionado por la Historia en mayúsculas de nuestro país, el escritor se empapó de ella: devoró las impresiones de Eduardo Ortega y Gasset en Annual, escrito tras su llegada a Melilla en Julio de 1921, varias tesis doctorales sobre el tema, el Expediente Picasso –la investigación posterior al Desastre-; así como visitó el Archivo Histórico Militar de Segovia y el Archivo de Ávila, siguiendo el rastro de aquellos soldados que sufrieron en el Norte de África y cuyos restos fueron trasladados del Cementerio del Monte Arruit y, finalmente, se carteó con el teniente coronel de la Legión, Miguel Ballenilla para obtener más información del Panteón del Cementerio de la Purísima Concepción de Melilla. Es decir, se metió de lleno en la historia que quería narrar. Se empapó de realidad para dibujar una maravillosa ficción.

La derrota más amarga del Ejército español

 El escritor valenciano homenajea en esta novela a los soldados españoles –olvidados, a su parecer- que combatieron en el llamado Desastre de Annual de julio de 1921 a través del relato en primera persona del capitán Pedro Gimeno Trester de la 3ª Compañía del 2º batallón del Regimiento de Infantería de Melilla nº 59. Gracias a su voz, somos testigos del último estertor del Ejército español en las colonias africanas, una muerte que influiría directamente en el golpe de Estado militar de Primo de Rivera, fin de la monarquía liberal de Alfonso XIII y la Restauración en 1923.

En el reparto colonial de África, a España le tocó en 1912 una franja alargada en el norte de Marruecos de algo menos de 25.000 kilómetros cuadrados. En el extremo occidental estaba Ceuta y al este Melilla, separadas por una agreste zona montañosa, el macizo del Rif. Sin embargo, a principios de 1920, el Protectorado Español en Marruecos estaba fuera de control.

El Desastre de Annual fue un trauma para la sociedad española del momento. Sin embargo, en un segundo plano de nuestra Historia reciente, el cerco al que se vieron sometidos los soldados españoles por las tribus bereberes ha pasado durante muchos años desapercibido para la opinión pública.

Gramaje recupera este relato en el personaje del capitán Gimeno, un hombre duro que lidera con inteligencia y elegancia a sus hombres hasta el trágico final que les depara. A través de vívidos flashbacks, el autor viaje con el lector hasta el árido campamento de Chemorra, donde el oficial y sus hombres resisten al intenso calor y a la terrible sequedad de sus gargantas, a los piojos y a las ratas, al miedo y a la soledad. Una espera en alpargatas a una muerte que los merodea durante semanas, mientras el resto de destacamentos españoles caen irremediablemente al paso de las tropas de Abd el-Krim dejando más de 10.000 soldados españoles muertos en una de las escenas más dantescas de nuestra Historia.

‹‹Queda extinguirnos o sostenernos hasta la extinción de la unidad.››

 Correos del pasado

“Víctor Monteoscuro es Vicente Gramaje. Sus miedos, inseguridades, dudas existenciales, éxitos y fracasos son los míos…”. La primera novela de Vicente Gramaje, sin duda, es una obra nacida de la pasión por la lectura y la escritura. Fue precisamente este amor literario lo debió enganchar a los miembros del jurado del Premio Círculo de Lectores 2011, que el año pasado eligieron Cuando leas esta carta como obra ganadora. Más de 50.000 socios-lectores han certificado hasta el momento esta novela a descubrir ahora por el gran público.

Víctor Monteoscuro deja su consulta médica en un pueblo rural salmantino tras el fallecimiento de su esposa debido a un cáncer que él no supo detectar. Hundido, decide tomarse unos meses de vacaciones por Marruecos. Durante su estancia en un pueblo cercano al Monte Arruit en Melilla es testigo del hallazgo de los restos humanos de lo que parece ser una fosa común. Curioseando, conoce  la capitán Claudia Navarro del Ejército Español, que se encarga del traslado de los huesos.  Ésta le contará que los esqueletos corresponden a los de los soldados españoles fusilados por los rifeños durante el Desastre de Annual de julio de 1921.

Víctor, si ninguna otra cosa que hacer que pasearse por la excavación, encontrará en la tierra una insignia militar y una botella. En el hotel, tras limpiar sus nuevos tesoros, descubrirá que dentro de la botella hay una carta escrita por el capitán Pedro Gimeno de Trester, destacado en la posición de Chemorra, justo en la línea de defensa española en las fechas de la derrota colonial. La epístola va dirigida a Noelia Claramunt Pellicer de Villargrueso de la Ribera, en Teruel.

‹‹La botella era una cápsula del tiempo y yo tenía ahora acceso al documento que había custodiado celosamente durante noventa años: un papel parecido a una carta. […] ¿Quién la había sellado, cuándo y por qué?  ¿Cómo habría llegado hasta allí y cuánto tiempo llevaba enterrada?››

Totalmente imbuido por la curiosidad y la que cree podría ser una gran historia de amor truncada por la guerra, Víctor empieza su propia investigación con un claro objetivo: devolver la carta a su destinataria o, al menos, a sus descendientes. Para ello, pedirá ayuda a la capitán, con la que rápidamente ha congeniado durante su estancia en Melilla.

Ya en Salamanca, buscará también la ayuda de su hermano y su cuñada, así como de de Miguel, un gran amigo –desgraciadamente muy gravemente enfermo- y Max, un detective conocido. Aunque al principio todos ellos le tildarán de loco, Víctor conseguirá convencerles que esta búsqueda, catártica por otra parte, es más que necesaria. Poco a poco, sus pesquisas le distraerán de su depresión y le devolverán a la vida, permitiéndole superar el fallecimiento de su esposa. Hasta el punto de iniciar junto a Claudia un viaje para encontrar a los descendientes de Noelia, la destinataria de la mágica carta.

Juntos averiguarán que el capitán Gimeno sobrevivió al asedio de Chemorra y que tras pasar unos años en prisión en Marruecos, fue trasladado a España donde murió fusilado durante la Guerra Civil por permanecer afín al Gobierno legítimo tras el golpe de Estado de Francisco Franco. Ambos seguirán ésta y muchas otras pistas hasta dar con los descendientes de Noelia. Aunque en su mayoría, no sobrevivieron a la Guerra Civil, descubren que la joven de la carta sí logró vivir unos años más, y que además, parió al hijo del capitán Gimeno, llamado Paulino, que según cuenta la leyenda de la zona de Teruel, fue un maqui al que dieron por desaparecido.

‹‹Había dejado de ser la carta de un desconocido para transformarse en un pedazo vivo de nuestra historia, en un viaje por terminar, en un mensaje que desde hacía casi noventa años seguía latiendo a la espera de ser oído por alguien, y me reafirmé en el deseo de entregarla. Hacía décadas que había sido enterrada en unas circunstancias que ahora conocía bien y, apenas diez días después de haberla desenterrado del olvido, iba de nuevo de camino a su destino en manos de alguien que nunca hubiera podido imaginarse quién la escribió. ››

Víctor y Claudia, inmersos en su propia historia de amor, excavan y excavan en los recuerdos de varios ancianos de la zona hasta localizar a un abuelo de más de ochenta años, que vive en Salamanca como Víctor, y que podría ser el hijo del capitán Gimeno. ¿Sería posible? ¿Podrían entregarle la carta al hijo de su destinataria?

‹‹—¿Es una carta? Aquella simple pregunta me golpeó el pecho como un puñetazo. Todos los allí presentes nos quedamos inmóviles, con la respiración contenida. Miré a Claudia y vi sus ojos húmedos por la emoción. La búsqueda había tenido un sentido, el pálpito de mi cuñada, las coincidencias con Saturnino y María Iglesias, la insistencia de Miguel… Parecía que todo el universo se hubiera confabulado para hacer que aquella carta llegase a su destino, un anciano que llevaba pensando en ella toda la vida. ››

 

 

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