Pilar Eyre destierra a #lareinadelacasa

Los secretos de toda una generación de mujeres que lucharon por cambiar su propia historia.

Una crónica sentimental y desenfadada con mucha hemeroteca y recuerdos propios: “Me parecía que si desnudaba la intimidad de otras mujeres, debía desnudar la mía”.

En este viaje hacia la historia de la mujer española desde los años cuarenta hasta la década de los setenta, Pilar Eyre describe una visión panorámica y trasversal del mundo femenino desde la posguerra hasta la Transición, que picotea aquí y allá titulares de revista, manuales de comportamiento, catecismos, el No-Do, recuerdos personales, memorias publicitarias…, para dar cuenta de un tiempo en el que las mujeres tuvieron que vivir experiencias de todo pelaje.

La reina de la casa habla de unas mujeres que sobrevivieron a todo: sección femenina y ecos de sociedad, aislacionismo y desarrollismo, Ritz y Cottolengo, Hollywood y Raza

Con buen humor, grandes dosis de ingenio y una fortaleza a prueba de bombas, consiguieron convertirse en amas de casa (las más), profesionales (las raras que no servían para otra cosa), desertoras del arado (sirvientas y emigrantes) o pertenecientes a un magma inclasificable en el que cabía de todo, desde prostitutas a monjas.

Hablamos con la autora sobre esta autobiografía de una generación, de un tiempo y de un país.

¿De dónde surge este libro? ¿Cree que en nuestro país falta poner el ojo en la historia de las mujeres?

Quería hablar de la evolución de las mujeres en nuestro país, de la generación de nuestras madres y en cómo sus vidas han influido en las generaciones siguientes. Y he querido hacerlo desde un punto de vista desenfadado. Creo que las mujeres tenemos mucho sentido del humor. Hemos sobrevivido a muchas cosas, justamente gracias a esta forma de ver la vida. Por eso, quería hacer una crónica divertida. Aunque, claro está, también nos hará pensar.

Después de leer su libro, nos queda claro a las mujeres más jóvenes, que ser mujer (¡y menos antes!) nunca fue un chollo…

Un amigo mío –creo que este libro también lo deben leer los hombres- me dijo tras leerlo: “Hubo momentos en que se me escapaba una carcajada y en otros, una lágrima”. Creo que la vida es agridulce para todos. Yo he intentado hacer un libro optimista. Y creo que este es el mensaje del libro: a pesar de las zancadillas que se les ha puesto a las mujeres, aquí estamos. Para las mujeres de mi generación, este es un libro para sentirse orgullosas, y para las más jóvenes y para los hombres, creo que es una obra para aprender mucho.

El libro está plagado de anécdotas, propias y comunes de toda la sociedad. Ha hecho un gran trabajo de hemeroteca y memoria. ¿Qué descubrimiento le sorprendió más? ¿Qué les sorprenderá más a los lectores?

Creo que coincide: el que más le va a gustar al lector es el que más me ha gustado a mí. Son declaraciones de personajes que todavía viven, muy políticamente incorrectas. Pienso que cuando lo lean los interfectos, dirán: “¡¡Malditas hemerotecas!!”. Por ejemplo, desde la Duquesa de Alba que hoy en día va de progre, diciendo que Franco era un gran hombre, hasta, José Sacristán, símbolo de la Transición, afirmando que a él le gustan las mujeres crudas, vuelta y vuelta. La verdad es que como periodista me ha fascinado.

Se ha desnudado mucho en este libro. No sólo explicando intimidades de su vida, sino también comparte con los lectores fotos de su familia, de su infancia y juventud. ¿Por qué?

No ha sido una elección. En mis libro, siempre hablo mucho con el lector. Tengo mucha complicidad con él. Me gusta conversar y darle mis opiniones. En este libro, mi personaje se fue introduciendo. Yo formo parte de esta generación. Bueno, en los años cuarenta aún no había nacido, pero la conozco de primera mano por mi madre. Y luego, cuando hablaba de la lucha política, de las drogas, de la libertad sexual, me sentía implicada porque lo he vivido. He tenido una vida larga y he tenido tiempo de tener novios que estaban opositando, en la mili, he sido moderna, he trabajado en revistas de corte erótico como podía ser Interviú… Creo que mi experiencia es como la de muchas mujeres de mi generación y puede servir como emblema. Además, me parecía honesto que si hablo de otras personas, también hablara de mi misma. En el libro, hay fotografías de mi misma, de mis padres. La autora haciendo topless… Me parecía que si desnudaba la intimidad de otras mujeres, debía desnudar la mía.

El libro termina con varios testimonios, perfiles de hombres y mujeres que vivieron y se transformaron durante estos años de cambio y evolución constante. Fueron tiempos muy convulsos. ¿Cree que esta generación, su generación, fue especial, única y decisiva para la historia de este país?

En nuestra época hubo una ruptura generacional única. Nosotros pasamos de llegar a casa a las nueve a irnos a vivir con a Ibiza con un novio que acabábamos de conocer, de llegar virgen al matrimonio a tener una vida sexual bastante promiscua. Hemos roto con muchos tabúes, pero luego en las cuatro historias que relato al final, también vemos que alguna de las mujeres reflexiona y asegura que la revolución no fue para tanto, ya que la mujer ha cambiado, pero el hombre apenas. No hemos dado el paso de educar a nuestras hijas como seres independientes con tanto potencial y hasta que este cambio no se dé…

A nivel periodístico, ¿cree que se está perdiendo la crónica social y sustituyendo por un periodismo más de celebrity?

La crónica social como se hacia antes ya no es posible. Ya no existen personajes para hacerla. Con todos los respetos, pero el hijo de Isabel Pantoja no forma parte de la crónica social, aunque sí es que emblemático de la España en la que vivimos. Yo recurro mucho a las artistas, escritoras, políticas… Tiro mucho de hemeroteca para hablar de aquellos tiempos y realmente, me he encontrado con perlas maravillosas y citas muy enjundiosas, que desde luego, te hacen reflexionar.

¿Cree que realmente, después de tanta lucha, la mujer está “liberada”, como pedía su generación?

 El otro día me preguntaba un periodista si creía que había cambiado realmente el mundo de las mujeres. Y justamente –la entrevista era por teléfono-  estaba leyendo un periódico con un curioso titular: “Un hombre mata a una mujer y no se conocen los motivos”. Que alguien piense que hay alguna razón, algún motivo para matar a una mujer, me parece un despropósito y que esto se escriba en el año 2012, es terrible. Quizá no hemos cambiado tanto. Todavía tenemos que transformarnos mucho.

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