Salvador Gutiérrez Solís gana el XIX premio Andalucía de la Crítica con “El escalador congelado”

“El escalador congelado”, un retrato generacional para todos aquellos que se niegan a crecer. Enterrando a Peter Pan.

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 A Ana le obsesiona la soledad.

Jesús pretende transformar sus anhelos en realidad.

Amadeo sigue esperando el amor arrebatado.

Luna sueña con un hogar y una familia que certifiquen su identidad.

La juventud es el reto imposible de Mario.

Susana espera, acompañada de un Orfidal, un cambio en su vida…

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El Jurado ha decidido conceder el premio a “El escalador congelado” por su capacidad de entramar situaciones y personajes cotidianos que, desde planteamientos disímiles, convergen en una realidad totalizadora, reflejo de los caminos interruptos y las fronteras infranqueables que nos depara la realidad. Avezado en el arte narrativo, se nos muestra en esta novela como un poderoso creador de ficciones literarias, con una trepidante mezcla de tragedia y humor, a imagen de la vida. En esta metáfora de la existencia nos ayuda a comprender el profundo vacío interior al que nos enfrentamos cuando la frustración y los deseos no resueltos son tan atosigantes como la desesperación que cunde en el escalador atrapado bajo la lava del hielo. Poseedor de un lenguaje culto pero traspuesto por el tono inequívoco de lo cotidiano, acierta de nuevo en la traslación literaria de asuntos intrascendentes al plano de lo metafórico. Una estructura envolvente va integrando y ordenando las diferentes realidades…

Entrevista con Salvador Gutiérrez Solís.

Con motivo de su último galardón, el premio Andalucía de la Crítica en la categoría de narrativa, recuperamos una entrevista a Salvador Gutiérrez Solís.

“El escalador congelado” es una instantánea de historias cruzadas. Una novela coral. Un puzzle generacional.

Los primeros lectores de “El escalador congelado” están confirmándome, con sus comentarios, el gran objetivo que me planteé con esta novela: la identificación. Ayer mismo recibí un correo que me emocionó. Una amiga me decía: me he identificado mucho con la novela. Era lo que pretendía, que cada lector pudiera sentir que su propia vida, o la de un ser querido o muy cercano, aparecen en la novela. El escalador congelado pone la lupa sobre lo cotidiano, sobre vidas que supuestamente están dentro de esa categoría, amplia y mayoritaria, que denominamos “normales”.

Háblemos de Susana, de Luna, de Ana López…

Seguramente, Ana, Susana y Luna son las grandes protagonistas de la novela, las que cuentan con personalidades más llamativas y perfiladas. Emocional y sensorialmente, el universo femenino es mucho más atractivo, más complejo y rico, al menos desde un punto de vista literario. Las tres son grandes escaladoras, luchan por alcanzar la cima de sus sueños que, por otra parte, son completamente diferentes. Reforzar su identidad, combatir la soledad, asumir el paso del tiempo o vivir el amor verdadero son algunos de los retos que se plantean. Y cada una de ellas, con diferentes esfuerzos y trazados, trata de escalar y coronar la montaña de sus sueños.

La felicidad en un instante. ¿Buscan los protagonistas, buscamos todos, la felicidad en imposibles y nos olvidamos de nuestro día a día?

Todos, de un modo u otro, somos escaladores, y nos planteamos una cima o meta que alcanzar. No hablamos en El escalador congelado de esas metas materiales, esa vinculación del éxito con el dinero, con la posesión abusiva y descontrolada que hemos permitido que nos contaminara en los últimos años, especialmente. Los protagonistas de El escalador congelado no se plantean cimas materiales, buscan ser felices, que sin duda es el mayor y mejor reto que nos podemos plantear. Ser felices consiguiendo esa otra vida que anhelan; ser felices sintiendo esa caricia no antes sentida; ser felices liberando a la persona que realmente llevan dentro; ser felices intentando, al menos, lograr nuestros sueños. Esa felicidad que es un mapa de pequeños instantes.

Soñar aún es gratis…

No todos los sueños están a nuestro alcance, indiscutiblemente. Por eso tenemos que realizar un ejercicio de íntima sinceridad, y ser conscientes de nuestra “capacidad”, de nuestras posibilidades reales, ya que podemos convertir una cima demasiado elevada en una vida frustrada.

¿Nos asusta “escalar”? ¿Nos asusta perseguir nuestros sueños, nuestras metas?

Me encantaría que todos los lectores de El escalador congelado se quedasen con una gran idea tras concluir la lectura de la novela: el miedo a la congelación, a no alcanzar la cima de tus sueños, no te pueden impedir que, al menos, intentes escalar. Obviamente, tal y como indicaba anteriormente, siendo conscientes de nuestras posibilidades. Pero, ese miedo, que lo podemos llamar incertidumbre, desidia o incapacidad, nos bloquea en demasiadas ocasiones, nos paraliza. No saber lo que hay un metro más allá, tras la puerta, el miedo a lo desconocido, al mañana, a lo que no somos capaces de controlar.

¿Todos somos un poco escaladores, entonces?

Sí, todos soñamos con cimas a alcanzar. Pero no sólo cimas públicas o materiales, no todo el mundo sueña con ser millonario, llenar estadios o ganar un Oscar. Para muchas personas, su sueño puede ser encontrar la pareja ideal, no estar sola, ser capaces de abandonar la cama cada mañana, sentir el calor de un hijo… Hay tantas cimas como escaladores, tantos sueños como personas. Y en demasiadas ocasiones esos sueños o retos no se cumplen, o no lo hacen en la medida que nosotros deseamos.

¿Nos negamos a crecer?

Siempre hemos situado en la adolescencia, en la primera juventud, una etapa crucial de nuestras vidas. Y ciertamente lo es, estamos en plena construcción, definiendo el proyecto de persona que seremos en el futuro. Pero no nos podemos olvidar de esa etapa de la vida, cada vez más extensa por diferentes motivos, que delimita la juventud de lo que podemos calificar “edad adulta”. En la mayoría de los casos, ya somos autónomos, y en infinidad de ocasiones hemos pasado de “tener” a “generar” dependencia. Aunque tratemos de negarlo, ya no somos esos jovencitos invencibles e indestructibles que lo podían todo. Empezamos a conocer el desamor, el fracaso, la enfermedad…

¿Cree que existe realmente esta generación de peterpanes?

La generación actual cuenta con una peculiaridad que la diferencia tanto de las precedentes como de las venideras. Nacimos en una España completamente diferente a la actual. Nuestra adolescencia y primera juventud transcurrió paralelamente a la redefinición de nuestro país, que pasó del blanco y negro al color, de la prohibición a la libertad en muy poco tiempo. Una generación que ha crecido y se ha formando disfrutando de todas las oportunidades que carecieron sus padres. Creímos que podríamos llegar muy lejos, que no teníamos límites o freno. Por todos estos motivos, me interesaba mucho abordar esa franja de edad tan crucial en la vida de cada persona, una etapa en la que lo intentas por última vez o decides abandonar.

Sevilla, como escenario literario. ¿Un terreno por explorar?

Sevilla, Córdoba, Málaga, San Sebastián, el Algarve, Barcelona, Río de Janeiro… Cualquier lugar o ciudad, así como cualquier personalidad, puede ser el material perfecto con el que construir una novela. Buena parte de la novela transcurre en Sevilla, y he querido detenerme y ofrecer la imagen más cotidiana y menos de postal de la ciudad. Esa Sevilla que se vive realmente, menos monumental pero más urbana, más “nuestra” de todos los que vivimos en ella. Del mismo modo sucede con Huelva, Málaga o el Algarve, necesitaba que los espacios estuvieran en conexión con los personajes. Espacios accesibles para todos nosotros, cotidianos en nuestras vidas y días. Todos los lugares, todas las personalidades, todas las vidas, si se exploran con detenimiento pueden convertirse en “hecho” literario. Hay que saber buscar los rasguños, las ventanas, los conductos, las alcantarillas…

Usted ha escrito un blog con el making of de la novela y es muy activo en redes sociales…

Las nuevas tecnologías, todo lo que conocemos como entorno 2.0, nos ofrecen inmediatez, interconexión, comunicación muy ágil y fluida y, también, transparencia. Y en mi caso concreto esta transparencia la podemos entender como sinceridad.
He querido compartir con todos los lectores de la novela las referencias, los “materiales” de los que me he servido para construir “El escalador congelado”. www.elescaladorcongelado.blogspot.com es la dirección. También cuenta la novela con su propia lista de Spotify, ya que la música, con canciones o grupos concretos, aparece con frecuencia en El escalador congelado. Se pueden contemplar sus localizaciones, así como las recetas gastronómicas y muy diferentes aspectos de la novela en su canal de YouTube.

¿La literatura tiene que explorar el 2.0?

Por supuesto que la Literatura tiene que explorar el 2.0, del mismo modo que tiene que explorar en las barras de las cafeterías, en la cola del INEM, en una sala de espera –ya sea de un tanatorio, pescadería, peluquería o dentista-, en las gradas de un estadio, en las corrientes cinematográficas o musicales, en las páginas de los periódicos o en las conversaciones de un portal. Yo entiendo la Literatura como un espacio en el que se describe y analiza el mundo que nos ha tocado vivir, con sus días y sus cosas, con sus grandezas y miserias, sin obviar nada. Por tanto, no estar atento a lo que sucede en lo que denominamos como 2.0 es renunciar a conocer, y tal vez participar, en uno de los medios de expresión y comunicación más potentes y directos de cuantos contamos en la actualidad.

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