Lorenzo Silva, en recuerdo de Ana María Matute

«Dejó escritos libros hermosos y sabios, y para la posteridad frases sobre la vida y la escritura que merecen enmarcarse: “Sería una descortesía que Dios no existiera”. Desde la declaración del sofista Protágoras (“Sobre los dioses no puedo decir ni que existen ni que no existen, tales son la oscuridad del problema y la pequeñez de la vida humana para abarcarlo”) acaso la afirmación más inteligente que he leído sobre la divinidad. No es menos sustancial lo que dejó dicho sobre la literatura, o la creación en general, ese oficio de seres perdidos que sin embargo, cuando dominan su arte, llegan a derramar luz sobre sus semejantes: “El que no inventa, no vive”. No se puede decir con menos palabras, ni más claras, ni más aleccionadoras. Uno tiene la sensación de que personas como ella nunca terminan de recibir del todo el pago que merecen por su inmensa aportación. Como ella dijo, sigue en sus libros: vayamos allí a agradecérselo».

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