De Rey Kull a Conan Rey: la resurrección del rey héroe

Conan_fenixEs indiscutible que Robert E. Howard es el arquitecto por excelencia de los relatos de brujería y espada modernos. Da igual que consideres que su primera incursión en este género fue Sombras rojas o El reino de las sombras pues, en ambos casos, estarías en lo cierto. Sin el menor ánimo de menoscabar a Solomon Kane o a Rey Kull, hay un relato que jamás ha recibido tanta atención como merece: El fénix en la espada. ¿Por qué? Fue la primera historia que hablaba del mundo de Conan de Cimmeria (siendo ya rey este) y la chispa que encendió la hoguera de Conan. Para regocijo de Pete, este año se cumple el octogésimo aniversario de su publicación.

Aun así, es poca la gente que incluye este relato entre sus cinco historias preferidas de Conan. Esto resulta vergonzoso y cabe la posibilidad de que exista una razón por la que no se mencione tan a menudo o se hable de su brillantez como debería. Pero de eso nos ocuparemos más adelante.

El fénix en la espada era un relato más en el índice del número de diciembre de 1932 de la revista Weird Tales. No ocupó la portada, honor que le correspondió a Bucaneros de Venus —con un precioso dibujo de J. Allen St. John—, una aventura de espada y planetas de Otis Adelbert Kline. No hay duda de que, si eras un lector ávido, ibas a ir corriendo a buscar el último capítulo del Frankenstein de Mary Shelly y puede que a por la última historieta de Seabury Quinn sobre Jules de Grandin. Evidentemente, sabías quién era Robert E. Howard: era uno de los mejores escritores de la revista, y aunque nunca habías oído hablar del tal rey Conan, estabas seguro de que iba a ser una historia de la leche.

Los lectores de lo que se consideraba literatura barata allá por los años 30 del siglo XX no disponían de sesenta o setenta años de editores bienintencionados que hubieran tratado con mimo el material —arreglando la ortografía, recortando palabras, reorganizando el orden de las historias y avisando de lo entretenidas que eran (aunque no fueran nada especial)—, no; pero gozaron del privilegio de ver cómo Conan se desarrollaba número a número a lo largo de los siguientes cuatro años hasta convertirse en una leyenda en su propio tiempo. La revista Weird Tales se tiene en tan buena consideración porque su editor, Farnsworth Wright, tuvo el buen juicio de publicar a una serie de autores, entre ellos Robert E. Howard. Sin embargo, era un editor caprichoso y, por tanto, podría haber rechazado El fénix en la espada. Como es evidente, no lo hizo; cosa que se debió, en gran medida, a que Howard le metió por los ojos la historia a Wright. El escritor quería crear un personaje que apareciera de forma recurrente en las páginas de Weird Tales con la sana intención de garantizar las ventas de la revista. Por tanto, incluía todos los ingredientes necesarios para atraer la atención de Wright —y la de los lectores de la revista, claro está.

El primer relato que vendió Howard fue a Weird Tales, que se convirtió en la revista que más le publicaba y, por tanto, en un sostén. Las historias extrañas e inusuales que no se vendían en ninguna otra parte se podían revisar y ser enviadas a Wright que, habitualmente, las compraba. Weird Tales se mantenía a flote a duras penas tras haber sobrevivido a los vaivenes de la industria editorial producidos por el Crack del 29 y el inicio de la Gran Depresión. Es normal que Howard quisiera labrarse un hueco en aquellas páginas de literatura barata. Howard llenó El fénix en la espada de todos esos temas que sabía que interesaban al editor: la historia, lo sobrenatural y los matices shakesperianos.

Wright era un estudioso de Shakespeare, por lo que era inevitable que el rey Conan recibiera la advertencia —al igual que el joven Hamlet en las almenas— de terribles fechorías por parte de un pasado espectral. Añádele un sangriento complot de asesinato como el de Julio César, que bien podría haber salido del libreto de Marco Antonio, y Wright no podría evitar fijarse en el relato.

En el boceto inicial, Howard había incluido una historia aparte acerca del mundo de Conan que se titulaba La era hiboria y que había ideado como texto de acompañamiento. A Wright no le gustó, pero Howard consiguió salvar parte de lo que había escrito al reconvertirlo en el legendario principio que todos conocemos, en la cita de las Crónicas nemedias:

«Has de saber, oh, príncipe, que entre los años en los que los océanos anegaron la Atlántida y sus resplandecientes ciudades y aquellos en los que se produjo la ascensión de los hijos de Aryas, hubo una época inimaginable en la que por el mundo se extendían reinos maravillosos como mantos azulados bajo las estrellas. […] Y fue entonces cuando llegó Conan el Cimmerio, de pelo negro, ojos hoscos y con una espada en la mano. Un ladrón, un saqueador, un asesino triste y ufano al mismo tiempo dispuesto a pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la Tierra».

Como si esto no fuera suficiente, cuando Conan entra en escena ya es rey y ha corrido la mayor parte de sus aventuras. También se incluye una sensación adicional de intriga: ¿quién es este rey? ¿Por qué el reino está dividido ante su gobierno? La historia pasa de puntillas por el hecho de que Conan usurpara el trono, ya que apenas pasa tiempo hasta que los asesinos entran por la puerta de los aposentos reales y se encuentran al cimmerio bien despierto y listo para presentar batalla. Ah… ¡acción rápida y el entrechocar de espadas! Ese es el sello de los relatos de Robert E. Howard. El de El fénix en la espada acontece en una sola noche y la agitación y el conflicto alcanzan una conclusión sangrienta antes nuestros propios ojos.

Al final, Conan es rescatado por sus súbditos leales, que se ocupan de sus heridas y comentan la masacre que ha llevado a cabo el rey. Cuando este cuenta que ha sobrevivido al intento de asesinato gracias a que Epemitreus el Sabio le ha puesto sobre aviso, nadie le cree porque el anciano lleva muerto mil quinientos años. Es entonces cuando ven la espada rota que lleva la marca del sabio y se dan cuenta de que no solo su rey les ha contado la verdad, sino que ha sido testigo de un extraordinario acontecimiento sobrenatural, cosa que entienden como signo de que, después de todo, quizá Conan sea digno de llevar la corona.

Es un gran final, que es por lo que quizá a Wright le diera igual lo de La hija del gigante de hielo. Recuerda, la historia del joven Conan acerca de princesas heladas y gigantes de hielo que se pone en duda hasta que los presentes ven el pedazo de vestimenta de Atali en su mano helada. La estructura del final de ambas historias es tan parecida que resulta prácticamente idéntica. Pero El fénix en la espada tiene mucho en común con las historias de Rey Kull, otro de los personajes famosos creados por Howard.

Una de los muchos relatos de Howard e inéditos durante su vida fue el bombástico Con esta hacha gobierno, la culminación de las historias de intriga política del Rey Kull en las que su reino está asediado por dentro y por fuera por los hombres serpiente y por otros que poco tienen de hombres serpiente. En la historia, un pequeño grupo de conspiradores que considera que el rey debe de estar débil después de tantos conflictos, se reúne para trazar un plan de asesinato. El resto ya te lo puedes imaginar. En el relato de Kull no aparecen, sin embargo, la lección de historia y la espada encantada con la que Conan consigue vencer al demonio. Por contra, Kull usa un hacha de batalla arrancada de la pared, aunque la imagen de la sangría, del peligroso bárbaro arrinconado y con los pies separados, incitando a sus enemigos a que den un paso adelante mientras les espeta: «¿¡Quién quiere ser el primero en morir!?», es tan icónica de uno de los reyes heroicos como del otro.

Como la historia no había visto a luz, Howard cogió su esqueleto y lo rellenó con un poco más de carne, con lo que consiguió el relato de un aventurero que había llevado una vida variada y original pero que se encontraba ya al final de su carrera. Has de tener en cuenta que eso fue lo primero que se leyó de Conan. ¿Puedes imaginar lo emocionante que resultaba esa escena en la que el rey rechaza a sus enemigos uno a uno? Se me pone la piel de gallina.

Cuando Howard aún vivía, dos admiradores de lo más entusiastas trazaron una cronología de las aventuras de Conan basada en lo que se decía en los textos y, para ello, reordenaron las historias de acuerdo a un orden cronológico. Aquello situaba La espada en el fénix al final del todo, junto con La ciudadela escarlata y La hora del dragón. Y así siguió siendo durante décadas, hasta que miembros de lo que acabó por convertirse en la Fundación Robert E. Howard decidieron reimprimir todas las historias de Conan sin las correcciones editoriales originales y en el mismo orden en que las escribió Howard porque consideraban que, así, se entendía mejor cómo se había desarrollado el personaje. Si compras los libros de Del Rey acerca de Conan, encontrarás las historias en ese orden.

Para la adaptación al cómic de esta historia tan importante de Conan se volvió a contratar a Tim Truman, junto con Tomás Giorello y José Villarrubia. Hoy en día, Truman es un experto cogiendo la prosa de Howard y convirtiéndola en cómic. El propio Truman dice de este proceso: «Los relatos en prosa y el cómic son dos animales completamente diferentes. Howard escribió largas secuencias narrativas que son cautivadoras y evocadoras; sin embargo, si nosotros hiciéramos lo mismo y representáramos las descripciones de forma tan detallada, el ritmo de la historia se enlentecería. Por esa razón, siempre me baso en lo que suelo llamar “aproximación teatral maestra”, que implica mantenerse tan fiel al original como sea posible al tiempo que cambias esas cosas que, en la adaptación visual, pueden entorpecer el avance de la historia. Me gusta pensar que Howard habría hecho lo mismo si hubieran cambiado las tornas. He de hacer pequeñas modificaciones aquí y allí pero estoy seguro de que si Howard pudiera leer lo que hago diría algo como: “Sí, vale, bien hecho. Ya entiendo lo que pretendes. Sigue así”.».

Una de las decisiones más difíciles a la hora de adaptar material original es determinar qué debes dejar fuera y qué debes añadir para realzar la historia. Truman dice: «En las adaptaciones, las partes a las que más me gusta enfrentarme son, por norma general, las que suponen un reto mayor. En el caso de El fénix en la espada, el mayor reto era el de encuadrar la escena que había decidido incluir: el viejo rey entrevistado por el escriba Pramis, que es quien escribirá la historia que acabará por convertirse en Crónicas nemedias. Quería hacer secuencias que, al mismo tiempo, profundizasen en la historia un poco y le dieran nuestro toque personal a la adaptación, pero que los eruditos y los incondicionales de Howard aprobaran. Ver la representación de Tomás del viejo pero aún poderoso Conan fue una de los mejores puntos de trabajar en este proyecto. Lo clavó. Aunque es habitual que Tomás supere todas las expectativas. Su arte ha madurado y evolucionado con cada número que ha dibujado. Yo estaba bastante contento con el primer trabajo que hicimos juntos hace unos cuantos años, pero lo que hace ahora me deja con la boca abierta».

A lo largo de los años, los relatos de Robert E. Howard han pasado por muchas manos. Los pocos afortunados que pudieron llevar a Conan a otro medio y, por lo tanto, crear nuevos reinos, han considerado el trabajo que realizaron como una labor sagrada. Y ese es también el caso de Truman. Describe su encargo de la siguiente manera: «Debes mantenerte lo más fiel posible al trabajo de Howard, al tiempo que te aseguras de que la historia se adapta al medio gráfico de la manera más emocionante y efectiva posible. Mientras escribo, tiendo a imaginar a Howard leyendo por encima de mi hombro y fijándose muy mucho en lo que hago».

El escritor controlando la labor del escritor que escribe un relato sobre un rey que cuenta historias de sus aventuras. Howard fue un creador de mitos moderno y, hoy en día, sus personajes son parte de la idiosincrasia de la cultura pop. Al igual que los griegos hacían referencia a Heracles en su época, nosotros también usamos a Conan de forma descriptiva.

Mark Finn. En lo más profundo de Texas, septiembre de 2012.

Epílogo de Conan Rey. El Fénix en la espada

(Salida: 12/11/2013)

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