Django Desencadenado, malditas adaptaciones

Copia de DJANGO DESENCADENADOUno de los aspectos más complejos a los que se enfrenta el estudio académico de las adaptaciones radica en el hecho de que, de un modo u otro, no pocas obras artísticas estructuradas, esas que nacen del análisis y no del impulso momentáneo, cobran forma a partir de una planificación escrita previa. En literatura, este aspecto parece prístino, pero no es una noción tan evidente en otras disciplinas. La arquitectura se basa en mediciones, justificaciones y cálculos estructurales; la música, en partituras; e incluso otras formas comunicativas artísticas, como la pintura o la fotografía, pueden llegar a pasar, en un momento u otro, por el proceso a través del cual un pensamiento se concreta, antes que en ningún otro soporte, en aquel que viene dado por el lápiz y el papel (o por el teclado y la pantalla). En el caso del cine, al igual que en el del cómic, la obra final tiene su estadio primigenio en un guión. Y la cuestión de fondo más interesante al respecto tiene lugar cuando uno se pregunta hasta qué punto esa película, o ese cómic, no son sino adaptaciones en sí mismas, al no hacer otra cosa que trasladar a imagen en movimiento, o dibujo secuencial, un texto escrito inicial netamente verbal.

Conviene resaltar esta idea porque el cómic de Django desencadenado supone un caso muy especial en ese camino de doble dirección entre cine y cómic al que estamos, a estas alturas, tan acostumbrados. Que el audiovisual se ha nutrido, y se nutre más que nunca últimamente, de las páginas procedentes de la historieta no es ningún secreto. En cualquier taquilla del mundo podemos observar que, desde superproducciones veraniegas hasta Palmas de Oro en Cannes, pasando por estimulantes películas de autor con vocación comercial o pequeñas joyas de animación, el cómic está muy presente en las salas. Menos habitual ya a día de hoy, aunque existen ejemplos notorios como el universo expandido de La guerra de las galaxias, es la traslación contraria, pero en cierto momento llegó a ser extremadamente popular. Y no solo por la más que evidente necesidad de explotar de forma barata –y a menudo meramente oportunista– una franquicia cinematográfica de éxito, sino por la sencilla razón de que hubo tiempos en que no había otra forma de revisitar películas en casa. Ni el VHS había llegado (o no, al menos, a buen precio) ni el Blu-ray estaba todavía: lo único disponible era un medio que, con el falso disfraz de hermano pobre, conoció adaptaciones tan gloriosas como las de 2001: Una odisea del espacio (a cargo, nada más y nada menos, que de Jack Kirby), Atmósfera Cero (Jim Steranko), Drácula (Mike Mignola) o incluso Blade Runner.

Todas estas tradiciones son encomiables, disfrutables y dignas de estudio, pero el presente volumen no pertenece a ninguna de ellas. Y es que, en efecto, este Django desencadenado no es la adaptación al cómic de la película homónima, sino el cómic original generado a partir del guión íntegro en el que se basó esta última; un libreto tan técnico y prolijo como los que dan lugar a obras genuinas del Noveno Arte y que, aunque claramente no incluye la diagramación de las viñetas, sí permite intuirlas o suscitarlas en las mentes del excepcional equipo de artistas que, capitaneados por Reginald Hudlin (productor del filme de Tarantino), se han hecho cargo de darle vida a base de tinta, color y rotulación en lugar de luz, actuación y movimiento. No obstante, una vez determinada su condición de no-adaptación, podría quedar una última pregunta: ¿Por qué un cómic? ¿De dónde nace la necesidad de producir un tebeo a partir del libreto que le dio a Quentin Tarantino el Óscar a Mejor guión original en 2013?

007-015 DJANGO_Page_1La respuesta a esa cuestión no es, ni mucho menos, única. En primera instancia, es el propio realizador el que desvela uno de los motivos en el prefacio de este libro: él mismo es un gran aficionado al medio. Por si no hubiera quedado claro en el larguísimo monólogo que le hizo recitar a David Carradine hacia el final de Kill Bill vol. 2 (2004), fue el director en persona quien se encargó de escoger al dibujante de una de sus series contemporáneas favoritas, el serbio Rajko Milošević Guéra (no por nada, uno de los principales autores implicados en este trabajo), para que ilustrara un pequeño cuadernillo que se incluyó en la edición coleccionista de Malditos bastardos (2009); ese que adaptaba el pasaje en el que Aldo Raine y Donny Donowitz muelen a palos a un oficial alemán poco colaborador. Como buen admirador de la célebre máxima de Pablo Picasso según la cual «los buenos artistas copian y los grandes genios roban», el sampleador posmoderno de la imagen que es Tarantino se nutre de múltiples referencias para acometer sus películas. Y, consiguientemente, Django desencadenado no solo acaba siendo un western más, sino que pasa a ser el western definitivo, el que aglutina platónicamente todos los westerns posibles: de Ford a Peckinpah, de Leone a Corbucci, y –sí, también– de Scalphunter a Scalped, cualquier lector de esta obra podrá rastrear sus raíces hasta la cinta más modesta del spaghetti o hasta el cómic más ignoto.

Sin embargo, tal vez la razón principal de que este cómic exista sea que el excelente guión del que parte era demasiado para una sola película. Literalmente hablando, de hecho: según las palabras que el montador de la cinta, Fred Raskin, dejó caer en una entrevista para Slant Magazine, el metraje rodado llegaba hasta las cinco horas, mientras que la versión final abarcó un total de dos horas y cuarenta y cinco minutos. Tramas enteras, escenas completas y buena parte del trasfondo de los protagonistas se perdieron ante la (lógica) pretensión de los hermanos Weinstein –distribuidores de la cinta– de estrenar una versión rentable, y la (coherente) visión artística de un creador que no gusta de ofrecer montajes extendidos en los extras de las versiones domésticas.

Así pues, este cómic ofrece la posibilidad de conocer el pasado de Broomhilda; de comprender por qué se le ofreció al actor Jonah Hill, cuando su rol fue suprimido de la cinta, un cameo como uno de los miembros del Ku Klux Klan que acompañan al personaje de Don Johnson; de profundizar en la relación entre Django y el Dr. King Schultz; y, también, de asistir a soluciones narrativas radicalmente distintas a las vistas en el filme, como es el caso de un clímax que adopta aquí un perfil más seco, más duelista, menos dialogado y de un cariz notablemente alejado de la estética blaxploitation. Además, el lector español encontrará otro aliciente en la lectura de este tomo: los diálogos. Como sabrá cualquier espectador familiarizado con la industria del cine, el doblaje a nuestro idioma precisa adaptar la vocalización anglosajona a la propia, de modo que, en el proceso, algunas palabras y expresiones pueden perder su sentido original. En los textos de este volumen, donde no existe esa limitación, la traducción pretende ofrecer una versión más fiel a la intención expresiva de su autor; una que complemente la excelente labor del equipo de dobladores al castellano.

007-015 DJANGO_Page_2Django desencadenado, en su forma más pura, no es sino una leyenda escrita por ese narrador, genuino y formidable, que es Quentin Tarantino. Esa historia dio lugar a una película excelente. Aquí, y ahora, ha dado lugar a un cómic no menos imperecedero. Uno que permite, incluso a quienes ya conozcan gran parte de los hechos que en él se cuentan, percibirlos como una experiencia estética única, distinta y valiosa en sí misma. No como adaptación, sino como creación. No como imitación, sino como novedad. No como producto, sino como obra artística. El cómic no es un primo lejano de la literatura o el cine. Es, sencillamente, su igual. Otorguémosle, por tanto, el respeto que se merece.

Texto de José Torralba

Imágenes interiores de RM Guéra

Salida del cómic: Mayo 2014

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