Reflexiones sobre MANGA. Parte 1

A menos de un mes del famoso y multitudinario Salón del Manga de Barcelona, publicamos la primera parte de un artículo que disecciona varios aspectos del cómic japonés. Está realizado por Verónica Calafell, una reputada traductora de la agencia DARUMA.

De lo que es y no es manga

Resultado de imagen de bandera de japonLos que nos dedicamos a la industria del manga difícilmente olvidaremos aquel primer intento del DRAE de definir el objeto de nuestro trabajo, allá en 2012, como “género de cómic de origen japonés, de dibujos sencillos, en el que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos”. Pronto, ante el clamor popular, la Academia replanteó su propuesta hasta dejarla en un mucho más neutro (y fidedigno) “cómic de origen japonés”. Quienquiera que formulara la primera propuesta conocía muy poco ya no solo la realidad japonesa sino también la oferta de manga editado en España, que en ese momento superaba los 350 nuevos tomos al año.

Manga, palabra formada por los caracteres man (informal) y ga (dibujo), cuya posible traducción bien podría ser “esbozo” o “garabato”, o de forma más literal “dibujos sin sentido”, es justamente como lo define el DRAE actualmente: cómic, en principio hecho por autores (mangaka) japoneses para lectores japoneses. Esos japoneses cuyo hábitat natural es un archipiélago y cuya historia contemporánea incluye un período de hermetismo de más de dos siglos (1633-1866) que concluyó, aunque parezca mentira, hace menos de lo que se había prolongado.

Sí, no hay duda de que los japoneses son particulares, desde nuestro punto de vista. Definitivamente son distintos a lo que conocemos. Tras la II Guerra Mundial protagonizaron uno de los períodos de progreso más acelerados de la historia y están acostumbrados a hacer las cosas a su manera. Diligentes, silenciosos, eficaces. Así son también sus cómics, muy distintos a lo que la industria del cómic americano o europeo nos tiene acostumbrados: el manga llegó tímidamente, sin ruido (con permiso del bombazo inicial de Dragon Ball) y se impuso en las librerías, ocupando como quien no quiere la cosa una franja de mercado cada vez más amplia y captando la atención de, a día de hoy, más de un tercio de los lectores de cómics en España.

Manga de todo para todos

Una de las claves del éxito del manga tanto en Japón como en España es el amplio abanico de posibilidades que ofrece: variedad de lectores, géneros y temas.

Algunos fechan los albores del manga en grabados de siglos atrás, pero la mayoría de los teóricos coinciden en que el nacimiento del manga se produce a finales del siglo XIX con la llegada de los primeros occidentales a Japón al término del período de aislamiento. Con ellos llegó también la historieta, que en combinación con el arte gráfico autóctono cristalizaría, en los años previos y muy especialmente posteriores a la II Guerra Mundial, en el manga que ahora conocemos. Capital para su nacimiento fue la figura de auténtico padre del manga moderno, conocido como “Dios del manga”, Osamu Tezuka.

Puesto que el manga florece en la década de los 1950, a día de hoy tiene una historia lo suficientemente longeva y una presencia lo bastante afianzada en la vida de los japoneses como para trascender al concepto de “moda”. El manga y sus personajes de los diferentes períodos han marcado por lo menos a cuatro generaciones de lectores. Y, a diferencia de la concepción que a menudo se tiene en Occidente, el cómic en Japón no es un entretenimiento limitado a la franja infantil o juvenil: hay historias para todas las edades, perfiles y preferencias. También para los lectores que empezaron de niños en los años 50 y ahora son ya septuagenarios.

Según la franja de población lectora potencial de la obra, hablamos de kodomo (para niños), shônen (adolescentes y jóvenes chicos), shôjo (chicas), seinen (hombres adultos) y josei manga (mujeres adultas), entre otras etiquetas posibles. La diversidad de géneros y subgéneros temáticos multiplica estos compartimentos de manera exponencial: hay manga nekketsu (acción, superación personal…), spokon (deportes), jidai mono (alrededor del Japón feudal), yaoi (amor entre chicos), yuri (amor entre chicas), mecha (robots y diferente maquinaria), magical girls, cyberpunk, sentai (grupos de superhéroes)… Y esto por nombrar tan solo unos pocos. “Para gustos, manga” podría ser la versión japonesa de nuestra frase hecha.

 De lo que nos llega aquí de manga

 De toda esa variedad de lectores potenciales y temas, lo que llega al mercado español es una pequeñísima parte. En los inicios del sector en España, en los años 90, el cómic japonés que se publicaba estaba mayoritariamente dirigido al sector juvenil masculino, lector principal de otros tipos de cómic. Y aunque con el tiempo las editoriales han apostado también por grandes obras de shôjo, seinen y demás tipos de manga, sigue siendo el adolescente el primero en engancharse y, en consecuencia, el shônen es también el género más publicado. ¿El motivo? Probablemente las aventuras en clave Dragon Ball, Naruto y compañía conectan con valores clave a su edad como son el esfuerzo, la importancia del grupo, la superación personal, el reto, la tenacidad y el descubrimiento.

Lo que está ocurriendo ahora es que los primeros adolescentes en engancharse a la fiebre del manga en los 90 seguimos leyendo y, por lo tanto, necesitamos otros tipo de obra, historias seinen, que conecten con nuestra madurez, la perspectiva del trabajador, del padre o del empresario. Somos lectores que, además, hemos vivido la revolución de Internet y tenemos acceso a una cantidad de información inimaginable hace 20 y pico años, por lo que también conocemos mejor Japón, su cultura y su gente porque las distancias se han reducido enormemente.

Como sugiere la encuesta de asistencia al Salón del Manga de Barcelona, cita anual del aficionado al manga a nivel estatal y segunda más importante en número de asistentes de Europa, somos una mayoría silenciosa: la franja de edad de mayor presencia en el certamen se sitúa ya entre los 18 y los 35 años. Es de esperar, o así lo hacemos los optimistas, que la gama de mangas publicados en España siga aumentando, como efectivamente lo ha hecho en el último lustro. La tendencia editorial de Planeta Cómic de los últimos años, con títulos como Billy Bat, Master Keaton, Sabu e Ichi, la edición de lujo de Fénix, Crónicas de la Era Glacial, Prophecy o Parasyte, lo confirma.

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