Reflexiones sobre MANGA. Parte 2

Artículo que sigue de la entrada:REFLEXIONES SOBRE MANGA. PARTE 1.

¿Qué aporta a los jóvenes la lectura de manga?

De los beneficios de la lectura del cómic se ha hablado largo y tendido. El cómic es un medio escrito que combina texto e imagen y, por ello, a priori es de fácil comprensión y resulta atractivo para el niño o adolescente. Durante el período de adquisición del hábito lector, por lo tanto, puede constituir el camino al libro, entendiendo libro en este contexto como novela o ensayo. Ahora bien, considerarlo meramente un “camino” sería un error: por la variedad, riqueza y nivel de los cómics que hay actualmente en el mercado, la lectura de cómics es un destino en sí mismo, una opción más, a cualquier edad, del extenso menú de una librería.

El cómic, lejos de ser el “ruido” que distrae a nuestros hijos de leer lo que “deberían”, es una motivación para la lectura. Contribuye a asentar el hábito de leer y mejorar la comprensión lectora. Es, además, una herramienta que ofrece información múltiple y simultánea que trasciende el texto escrito: imagen, estructura, onomatopeyas… El joven lector aprende a interpretar el conjunto, de manera global e inclusiva, y a incorporar todos los elementos en su interpretación de la historia.

En este caso, además, no hablamos de cualquier cómic: hablamos de manga. Este cómic elaborado por y para japoneses, repleto de elementos ajenos a nuestro día a día y espejo de una realidad que nos es extraña y desconocida. No son raros los neologismos en cursiva, palabras y conceptos que vemos por vez primera, y elementos gráficos que nos cuesta interpretar porque no los situamos en el contexto.

Los elementos disonantes que a muchos nos echarían para atrás constituyen el gancho fundamental para el joven lector que siente, por un lado, el privilegio de comprender algo que no es conocido por el público general y, por el otro, la llamada a la curiosidad propia de su edad, que se nutre de la lectura y queda con ganas de más. Así, el manga consigue no solo captar, sino mantener la atención del adolescente.

Leer manga es pues una actividad puente entre el ocio y el descubrimiento: y descubrir resulta estimulante. Disfrutando es como más se aprende y también como se quiere aprender más. Cada uno vehicula esta necesidad de una manera. Los hay que se interesan por la sociedad japonesa moderna, la política, la moda, las tribus urbanas, el cine, la tecnología; otros, por alguna de las manifestaciones de la cultura tradicional, ya sea el kimono, el ikebana, el origami, el bonsái o las artes marciales. Y una parte importante sucumbe a los cantos de sirena del idioma, visualmente atractivo, de una sonoridad clara y musical para el hispanohablante. Según el registro al Examen oficial de japonés como lengua extranjera (Nihongo nôryoku shiken o JLPT en sus siglas en inglés), la cifra de estudiantes de dicho idioma en el estado español ha aumentado en paralelo al aumento de las publicaciones de manga en los últimos 15 años.

 ¿Por qué gusta tanto el manga?

En primer lugar, el manga presta especial atención a las emociones y sentimientos de sus protagonistas, así como su desarrollo y evolución psicológica.

Se presentan personajes que, por más superpoderes que tengan, son imperfectos, dudan, cometen errores, aprenden lecciones de vida y sufren atormentados por dilemas que en algún momento de la vida, todos tenemos. En algunas obras, la descripción psicológica de los personajes llega a un nivel de detalle tal que uno parece ponerse en su piel. Pueden luchar por la justicia (frase cliché) o querer salvar a la humanidad, pero con todo se muestran desde una perspectiva intimista mediante la cual conocemos su lado más humano, lo cual facilita la empatía y la identificación con ellos, y a su vez ayuda a meterse en la historia. Y estos son rasgos universales, por lo que la identificación se produce en los lectores japoneses tanto como, y en los últimos años se ha demostrado, en los de otras partes del mundo.

En segundo lugar destacan las historias costumbristas, en las que abundan elementos del día a día japonés. Es el caso de algunos de los mangas y animes más famosos y longevos tanto en Japón (el caso de Sazae-san o Kochikame) y también de algunos de los que más repercusión han causado en España gracias en parte a su versión animada como Shin Chan o Doraemon. La lectura nos abre una ventana a una realidad cotidiana desconocida, curiosa, en la que se come con palillos, se desayuna arroz, sopa y pescado, se cuelgan muñecos en las ventanas para invocar la lluvia y notitas en los árboles para formular deseos, se sorben los fideos haciendo ruido sin que ello esté mal visto… Pero en la que los personajes rarísimamente se toman de la mano y, mucho menos, se dan un beso en público.

Se nos revela una sorprendente realidad: hay lugares del mundo en el que la gente vive y se comunica de un modo muy distinto de como lo hacemos nosotros. En Japón un amigo no te sonsaca lo que te ocurre cuando te ve triste, sino que respeta tu silencio y espera a que seas tú quien desee motu proprio compartirlo. El contacto físico (entendido como besos, abrazos, cosquillas incluso) entre miembros de la familia es muy limitado, y sin embargo comparten el agua del baño y los padres practican el colecho hasta que sus hijos cumplen los 5 o 6 años. El alcohol tiene una función de lubricante social que contribuye a crear un ambiente desinhibido en el que, muy especialmente los hombres, pueden ser ellos mismos tras una jornada laboral en la que la jerarquía y el protocolo tienen una solemnidad para nosotros impensable y, una vez más, desconocida.

Los de arriba son únicamente unos pocos ejemplos de esta revelación que, de un modo más o menos consciente, abre la puerta a la diversidad de formas de vida y, con ella, a la tolerancia. Allí es así y les funciona. Aprendemos, por lo menos, que hay siempre más de una forma de hacer las cosas que, aunque no sea la nuestra, merece respeto. Y, de paso, nos invita a cuestionar nuestros “absolutos” y aquello de “esto se hace así porque es como (aquí) siempre se ha hecho”.

 El placer de leer manga, mejor compartido

La lectura es una actividad de la que disfrutamos en solitario. Sin embargo, somos animales sociales y a todos nos gusta comentar, compartir y recomendar aquello de lo que disfrutamos: de ahí que la literatura, el cine y las series del momento sean tema de conversación entre clases, a la hora del desayuno o en la sobremesa de domingo.

Lo mismo ocurre con el manga: el aficionado busca a otros aficionados para compartir su afición, aquello que le hace vibrar. Ello se pone de manifiesto especialmente en Internet, donde el aficionado tiene mucha presencia y sigue regularmente las noticias especializadas. Es un fan exigente, que se informa, comenta y critica. La industria también se ha puesto las pilas en las redes sociales y sus responsables gestionan y responden directamente, como la misma Planeta Cómic, a las consultas de quienes les siguen.

La necesidad de compartir se hace evidente de manera presencial en salones y demás eventos del sector, cuyo máximo exponente en España es el antes nombrado Salón del Manga de Barcelona; aunque cada vez surgen más en diferentes puntos de la geografía española. En todos los casos, más que ferias comerciales, tienen un espíritu festivo: los jóvenes montan grupos para asistir y participan de actividades que van mucho más allá de comprar la última novedad editorial y que, a menudo, tienen mucho que ver con esa cultura que han empezado a descubrir a través, justamente, de la ventana del manga.

 ¿Podría ser el aula un lugar donde compartir el manga?

Resultado de imagen de lecturaSin duda. Además de su función obvia como estímulo de la lectura, el manga, en tanto que cómic, potencia la capacidad analítica y crítica del alumno y genera debate sobre el mensaje o mensajes, más o menos explícitos, que pretende transmitir. Este debate se torna especialmente interesante en el caso del cómic japonés, justamente porque muchos de los referentes no son en absoluto obvios a nuestros ojos.

El uso del manga en el aula no tiene por qué limitarse a clases de lengua o al comentario de texto. En un momento de experimentación y afianzamiento de las nuevas tendencias educativas que ponen en valor el trabajo por proyectos, el respeto a los distintos ritmos de aprendizaje y las preferencias de los niños y jóvenes, introducir un elemento que les haga vibrar es un recurso valioso para captar su atención rápidamente y predisponerles en positivo a cualquier materia.

Además, varios estudios que demuestran que, ya sea en el aula o fuera de ella, como base de una unidad didáctica o como complemento, el cómic tiene cabida en una clase de cualquier nivel educativo. Y eso sumado a la variedad de manga existente según el público al que se dirige, nos abre la posibilidad de introducir el cómic nipón en el aula desde la primaria hasta el bachillerato.

Se puede ir un paso más allá incluso: de la lectura y la interpretación a la creación. Apelar a la imaginación de los chicos, fomentar la creación de un guión, storyboard o manga completo, combinando dinámicas de trabajo individual y en grupo. La descripción de varios experimentos en el marco del aula es materia de otro artículo. De momento, quedémonos con una idea: de lo que se disfruta, se aprende.

Verónica Calafell.

DARUMA

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