Tolkien y la Gran Guerra

El 21 de octubre de 1916, J.R.R. Tolkien se encontraba en el frente con los Fusileros de Lancashire en un refugio bajo tierra, muy cerca de la línea del enemigo. Estaban esperando la orden para atacar y reinaba un silencio absoluto entre los soldados. En la lejanía se oía el ruido de los combates.

  Tolkien se encontraba en plena batalla del Somme, preguntándose si saldría vivo de aquel terrible baño de sangre. Afortunadamente para los amantes de la literatura — y a diferencia de muchos de sus compañeros — Tolkien no sólo sobrevivió la contienda, sino que se llevó muchas valiosas experiencias de ella, que más tarde transformaría en escenas o personajes literarios de las historias situadas en la Tierra Media. Muchos años después, aquel momento de tensa espera antes de la batalla encontró un eco lejano en el Abismo de Helm, en uno de los momentos verdaderamente épicos de El Señor de los Anillos, cuando las tropas de los rohirrim aguardan el amanecer y el momento cuando deben salir de su refugio para enfrentarse al enemigo.

Hay más ejemplos. Nos cuenta Garth que, durante el ataque del día siguiente, uno de los ordenanzas que llevaba recados a través del bombardeo alemán fue posteriormente condecorado por su valentía, y el propio Tolkien admitió en una de sus cartas que el coraje de los sirvientes y los soldados rasos de las trincheras le hacían sentirse muy inferior a ellos. Uno de los personajes más memorables y queridos de Tolkien, Sam Gamyi, fue modelado sobre aquellos hombres. Otro ejemplo: cuando Tolkien y sus compañeros regresaron de la batalla unos días después, se encontraron con varios tanques que se arrastraban hacia el frente. Un relato en la prensa alemana, recogido por Garth, describió los tanques británicos (que fueron usados por primera vez en 1916) como una mezcla entre un reptil y una máquina diabólica, que escupía fuego y sembraba terror y muerte a su paso. En “La caída de Gondolin”, escrito meses después, las fuerzas de Morgoth destruyen la legendaria ciudad élfica con la ayuda de “dragones de hierro”, que llevan orcos en sus entrañas.

Tras su participación en la Batalla del Somme, Tolkien regresó de las trincheras para recuperarse, afligido por la fiebre de las trincheras. Su país seguía intacto, pero el mundo de Tolkien había cambiado para siempre. A modo de distracción, se puso a recopilar un glosario de las palabras poéticas y mitológicas del qenya, una de sus lenguas inventadas. Puede parecer una manera peculiar de hacer frente a la confusión y el dolor de aquellos días, pero podemos encontrar una de sus motivaciones en el TCBS, el grupo de amigos que se había formado en torno a Tolkien en sus tiempos escolares en Birmingham. Se trataba de un grupo de amigos, llenos de creatividad, que querían cambiar el insulso arte del presente y “volver a encender una antigua luz en el mundo”. La guerra puso de manifiesto la seriedad del empeño de algunos de ellos. A Tolkien le llegó la noticia de la muerte de Geoffrey Bache Smith, otro miembro del grupo, en diciembre de 1916. Poco antes, Smith le había escrito: “Que Dios te bendiga, mi querido John Ronald, y que digas las cosas que yo he intentado expresar mucho tiempo después de que yo no esté para decirlas, si tal es mi destino”.    

Aun profundamente afectado por la muerte de Smith, Tolkien puso manos a la obra. En el glosario que recopiló durante la primera fase de su convalecencia, puso el nombre de “Eärendil” primero. El nombre le había fascinado desde el momento en que lo encontró, dos años antes, en un poema escrito en inglés antiguo. El poema, que hablaba de la estrella vespertina, decía: “Salve Earendel, el más luminoso de los ángeles, enviado a los hombres sobre la Tierra Media”. Ahora Tolkien se propuso descubrir el contexto perdido en que un ángel llamado Eärendil volaba sobre la Tierra Media para socorrer a los hombres. El resultado fue “La caída de Gondolin”, el primer relato situado en la Tierra Media, en el que confluyeron muchas de sus experiencias vitales, desde la soledad y la búsqueda de la belleza y el amor, su pasión por las lenguas y la poesía antiguas — y la guerra que amenazó con destruir todo aquello. El propio Tolkien diría más tarde que su amor por los cuentos de hadas (su término para referirse a la literatura fantástica) fue despertado por la filología y desarrollado del todo por la guerra. También fue una manera de honrar el recuerdo de su amigos muertos, y los ideales que habían marcado su amistad con ellos.     

Tanto “La caída de Gondolin” como “Beren y Luthien” (que escribió poco después) son relatos en los que unos personajes de grandes talentos y pasiones luchan contra las fuerzas que amenazan con destruir el mundo — y vencen. Tolkien no esquiva el sufrimiento, el dolor y la destrucción, la muerte de grandes amigos o el aparente ocaso de una hermosa civilización antigua, pero a diferencia de muchos poetas y escritores contemporáneos ofrece un camino de salida de la confusión y el dolor, fundamentado en la belleza del mundo natural, el arte y el diálogo entre la muerte y la inmortalidad. Cierto, los tanques que vio en 1916 se convirtieron en dragones de hierro que escupen fuego y arrasan la ciudad de los elfos, pero también había lugar para explicar cómo Tuor escapa de las ruinas de Gondolin con su esposa Idril y su hijo Eärendil, y cómo éste lleva uno de los Silmarils al cielo, encendiendo una nueva estrella que proporciona esperanza a los habitantes de la Tierra Media.

“La caída de Gondolin” dio lugar a otras exploraciones literarias, enfocadas a descubrir más detalles del mundo que había tomado forma en su mente. De esta manera, la guerra supuso el inicio de un vasto entramado de leyendas e historias. “Beren y Lúthien” fue su interpretación literaria de un momento durante su convalecencia, cuando su mujer Edith bailó para él en un bosque cerca de Roos en Yorkshire. De nuevo, no supuso sólo un contrapunto de la “Tierra de Nadie” y la destrucción que Tolkien había presenciado en el frente; también le ayudó a profundizar en la historia de los Silmarils, que a su vez terminaría evocando el universo entero de dioses, hombres, elfos y enanos retratado en El Silmarillion. Y así, sucesivamente.           

Resultado de imagen de tolkien la pelicula

La imagen de la “Tierra de Nadie” regresaría en otras obras de Tolkien. Él mismo escribió que las Ciénagas de los Muertos debían algo al Norte de Francia después de la Batalla del Somme, y también podemos ver rasgos del mismo escenario en la desolación de Smaug, el dragón de El hobbit. Sin embargo, la principal aportación de la guerra en la imaginación de Tolkien reside en que le ayudó a dar forma a varias de sus experiencias y transformarlas en literatura. Puso de relieve la fragilidad del ser humano ante la muerte, y el sufrimiento que somos capaces de infligir a nosotros mismos con la ayuda de la tecnología moderna. Tolkien hizo suya la tarea de llevar el legado de sus amigos y sus propias convicciones estéticas a la posteridad, salvando  fragmentos del pasado y uniendo estos fragmentos en un hermoso tapiz literario lleno de belleza y armonía — a diferencia de lo que hizo T.S. Eliot en su famoso poema “La Tierra Baldía” — haciéndola accesible para un lector moderno y desencantado en un mundo que la guerra había dejado en ruinas.

Por Martin Simonson, traductor de Tolkien al español.

Más información sobre la biografía de Tolkien en el libro TOLKIEN Y LA GRAN GUERRA (John Garth). La vida del mítico autor vuelve a ser noticia gracias a la película de Fox Tolkien, ya en cines.

This entry was posted in Fantasía, Minotauro and tagged , , . Bookmark the permalink.

Comments are closed.