Frankenstein ¡Está vivo!

Este septiembre, llega a librerías Frankestein ¡Está vivo!, secuela de la adaptación del clásico de Mary Shelley. Magistralmente ilustrada por el gran Bernie Wrightson, cuenta con el guion de Steve Niles. A continuación, os dejamos la introducción del propio Niles para hacer boca.

Yo escribía las palabras, él dibujaba las imágenes

Para mí ha sido muy difícil escribir esta introducción. Bernie Wrightson y yo éramos más que colaboradores; más que «Yo escribía las palabras, él dibujaba las imágenes«, compartíamos una visión creativa. También éramos grandes amigos. Cuando Bernie murió el año pasado dejó un vacío en los corazones de muchas personas a las que rozó con su arte. Ese vacío fue un abismo para aquellos de nosotros que le queríamos.

Los años que trabajamos juntos fueron muy especiales. Casi todos los viernes por la noche, Bernie y Liz se pasaban por casa para comer pizza, beber cerveza y jugar al Scrabble. Bromeábamos y echábamos unas risas, lo que siempre nos llevaba a hablar de historias. Creamos Dead, She Said; The Ghoul y Doc Macabre de esa manera. Reíamos, charlábamos y luego me escabullía y apuntaba las ideas que habíamos comentado.

Sin embargo, para Frankenstein ¡Está vivo!, Bernie se puso al timón. Este era su bebé. Desarrollábamos con detalle, yo escribía algunas partes y entonces Bernie se iba a casa y resolvía todo el asunto. Era algo asombroso de contemplar. Era como si cambiara de marcha y empezara a presentar algunas de las más asombrosas páginas de cómic que yo haya visto nunca.

El año previo a la muerte de Bernie, trabajar empezó a resultarle cada vez más difícil. Al darse cuenta de que no podría completar el capítulo final de Frankenstein ¡Está vivo!, Bernie ideó un plan de contingencia… eligió al que él creía que sería su sustituto ideal… Kelley Jones. Es probable que sustituto no sea la palabra adecuada, porque nadie podría llegara a sustituir a un artista como Bernie, pero Kelley se le acerca bastante.

Cuando IDW contactó con Kelley, no hubo vacilación alguna; subió a bordo y trabajó a partir de las miniaturas y los bocetos de Bernie para terminar el libro. Cuando empezaron a llegar las páginas terminadas, Liz y yo nos quedamos maravillados por la destreza y el cuidado que Kelley había puesto en ellas. Fue un momento agridulce, pero también, de cierta manera, jubiloso… el proyecto final de Bernie estaría completo, y de la manera que él había aprobado.

Desearía que Bernie hubiera visto este tomo. Sé que se habría alegrado al hojearlo. Es testimonio del increíble amor con el que Bernie homenajeó durante gran parte de su notable carrera a la inmortal criatura de Mary Shelley. Casi de la misma manera que todos los que le conocimos y amamos homenajearemos, durante muchos años, el corazón, la pasión y el talento de Bernie Wrightson.

Descansa en paz, amigo mío.

Steve Niles

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